Crítica | "La Casa Rosada": Memorias del horror

La película póstuma del cineasta ayacuchano Palito Ortega Matute revisa una época en que los inocentes estaban en el centro de una guerra.

La película se estrenó el 3 de mayo, pero ha tenido esta semana un repentino impulso en la taquilla gracias a las redes sociales. | Fuente: Perú Movie

Al inicio de "La Casa Rosada" un hombre es detenido por militares en Ayacucho, en la época del conflicto armado interno. Él pide explicaciones pues no ha hecho nada, solo manejaba su auto rumbo a casa y está acompañado de su pequeño hijo. Pero los militares solo quieren saber si es terrorista. "Soy profesor de la universidad", dice el detenido. "Si eres profesor y eres ayacuchano entonces eres terruco", es la lógica de sus captores. Ese hostigamiento, esa sensación de sospecha permanente, se extenderá durante toda la historia. Ese clima de estar en permanente peligro y de que cualquiera puede ser acusado es el mayor logro de esta película peruana, última cinta del fallecido director Palito Ortega Matute.

El relato avanza en dos frentes. Por un lado está el profesor Adrián Mendoza (el actor José Luis Adrianzén) tratando de sobrevivir a los interrogatorios de los militares, mientras busca una forma de escapar de esa casa de tortura. Y en el otro están sus dos hijos, quienes acompañados de una tía, esperan que su padre vuelva y van acostumbrándose al miedo mientras tratan de averiguar dónde se encuentra detenido o si ya no sigue vivo.

 

"La Casa Rosada" fluye sin problemas en su primer tramo, cuando se plantea que el trato de los militares puede caer de igual forma sobre terroristas y sobre inocentes. Pero la película se estanca cuando el director apela a las escenas de tortura como único recurso de impacto. Las escenas muestran cómo los militares siguen métodos tan violentos como los terroristas a quienes combaten, pero son escenas que están resueltas de un modo similar y que se parecen a esas películas de acción de bajo presupuesto que a veces pasan en la televisión. Es decir, son muy convencionales, no aportan dramáticamente a la cinta, solo reiteran algo que ya está muy claro. Y ninguno de los personajes de los militares ha sido especialmente desarrollado. Todos se parecen, solo siguen ordenes, son malos y nada más. Otros personajes secundarios solo cumplen una función básica y luego desaparecen.

Quien sí es un personaje mejor construido es el profesor Adrián Mendoza, porque aunque se nos presenta como un hombre correcto y buen padre, hay una sombra permanente sobre él. El espectador quiere que se salve, pero a la vez hay cosas que nos hacen dudar. Parece tener vínculos, saber más de lo que calla, o solo es que no ha podido escapar de la contaminación subversiva de Ayacucho en esa época.

"La Casa Rosada" tiene una buena factura técnica, tanto visual (el color de las imágenes remite al pasado) como sonora (el peligro acecha todo el tiempo fuera del encuadre). Son escenas impactantes una en que los niños recorren un descampado donde han arrojado cadáveres y también el final por la tensión lograda.

A pesar de tener algunas fallas (como la voz de un narrador que sobra totalmente) esta es una película intensa y útil para recuperar la memoria, exponer el terror de Sendero Luminoso, el abuso desmedido de las Fuerzas Armadas y hablarle a la gente sobre una época que todos deberían conocer.  

Valoración: 3/5

¿Qué esperar?: Una película basada en hechos reales que durante sus dos horas se sigue con interés. Una trama sencilla: un hombre acusado de terrorista trata de huir de sus captores, de fondo está Ayacucho en los años 80.

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