Crítica | Narcos: que no quede huella

Esta nueva entrega de la serie de Netflix es una frenética persecución entre la Policía y los bandidos del Cartel de Cali.

Título original: Narcos| Creadores: Chris Brancato, Eric Newman y Carlo Bernard| Año: 2017 | Duración: 10 episodios (Temporada 3) | Fuente: Netflix

¿Podría la serie Narcos sobrevivir sin el personaje de Pablo Escobar? La tercera temporada nos demuestra que sí: continúa siendo adictiva. La serie mantiene su estilo narrativo y en lugar de enfocarse en un personaje tan grande y dominante, construye pequeñas historias de varios personajes y los pone entre la espada y la pared. Todos ellos están dentro de las redes del Cartel de Cali, que en la historia real desplazó al imperio del asesinado Escobar, y  asumió el narcotráfico como una corporación. En contraste con la popularidad que buscaba "El Patrón", los Caballeros de Cali, como se les conocía,  operaban sin llamar la atención pero eran igual de salvajes para enfrentar a quienes consideraban sus enemigos.

Narcos no es una serie que solamente pone a los capos del tráfico de drogas en un trono, como tantas ficciones que han tomado la imagen del narco para presentar a un antihéroe seductor y poderoso antes que a un criminal. Lo que importa en Narcos no es elevar a una figura protagónica -por eso sigue funcionando sin Pablo Escobar- sino exponer cómo el negocio de la droga lo ha contaminado todo. Es decir, como los brazos de este monstruo se extienden, alcazan y quiebran las leyes de un país, los discursos de los políticos, la moral de la policía, el orden social; y también cómo vigilan y se infiltran en las conversaciones telefónicas, lo escuchan todo, y siembran el miedo que somete a las familias. La serie expone a través de una ficción las dimensiones del narcoestado en que se convirtió Colombia y que tanto participaba Estados Unidos en esta lucha, y que tanto también prefería no ver y callar.

Hay dos historias que empujan esta tercera temporada. La principal surge en el primer episodio cuando el líder del Cartel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela (interpretado por el mexicano Damián Alcázar) anuncia en una fiesta que sus tres socios y él se retirarán del negocio de la cocaína en seis meses porque han llegado a un acuerdo con el gobierno colombiano. Podrán conservar el dinero y sus propiedades y no serán encarcelados. Gilberto confía en que es un excelente trato, pero ni sus socios ni los asistentes a la fiesta -narcos de otras familias y grupos- están seguros de eso y quieren aprovechar  lo que ven como una debilidad. Quien tampoco está conforme con el trato es el agente de la DEA Javier Peña (Pedro Pascal) quien luego de perseguir a Escobar (en las dos temporadas anteriores) vuelve a Cali con la intención de capturar a Rodríguez Orejuela y a sus socios y evitar así que se vayan libres, como si nada. Aunque Peña tiene todo en su contra toma el papel de aguafiestas y de perseguidor implacable.

La otra historia que corre en paralelo es la de Jorge Salcedo (Matías Varela), el jefe de seguridad del Cartel de Cali, un hombre que quiere alejarse para formar una empresa propia, pero que sabe que será complicado y por proteger a su familia comenzará a dudar de su lealtad hacia los narcos. Salcedo es el personaje que alcanza un mayor desarrollo en esta temporada, es el que está en permanente conflicto consigo mismo, el que está sobre la línea que separa al bien del mal, es el sirviente de los malos que quiere salvarse. En sus decisiones, en su estado de tensión acumulativa, está el acertado ritmo que encuentra la serie.

Eso es lo mejor de Narcos: el manejo de la acción y del suspenso en cada capítulo. En casi todos hay  una misión que cumplir, una captura o una fuga, algo que se esconde y que no debe ser descubierto, y siempre corriendo contra el reloj. También la mayoría de los personajes, los buenos y los malos, tienen su momento de lucimiento en la historia, un acto que los define. Salvo por algunos personajes femeninos que parece serán importantes al inicio pero son opacados o solo complementarios mientras avanza la historia.

Narcos además perfila a los cuatro Caballeros de Cali con personalidades tan definidas y hasta antagónicas que aunque se mantengan unidos parecen ser enemigos. Si Gilberto Rodríguez es el  estratega que quiere imponer la razón, su hermano Miguel es el paranoico, y mientras a Chepe Santacruz lo mueve la violencia y la furia, Pacho Herrera busca que todos lo respeten, es fiel al cartel pero quiere imponer su nombre. Por un motivo  lo desea más que nadie.

Esperamos pronto noticias de la cuarta temporada.

El agente Peña se convierte en narrador de la historia que se conecta con imágenes de archivo de los crímenes que cometió el Cartel de Cali en la vida real. | Fuente: Netflix
0 Comentarios
Valora la nota:Crítica: ¿Por qué la tercera temporada de Narcos sigue siendo buena sin Pablo Escobar?
¡Excelente!
Valoración Total
5/5
¿Qué opinas?