Crítica| Dunkerque: el tiempo del héroe

El director Christopher Nolan cuenta con su habitual estilo para elevar las tensiones un hecho que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial

Título original: Dunkirk | Director: Christopher Nolan | Año: 2017 | Duración: 107 minutos. | Fuente: Warner Bros. / New Century Films

Dunkerque cuenta un episodio real ocurrido en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando más de 300 mil soldados ingleses (junto a miles de franceses) quedaron cercados por los nazis en esta ciudad portuaria de Francia. La única forma de evacuar la zona era a través del mar, pero cada vez que lo intentaban eran bombardeados por los enemigos alemanes. El director Christopher Nolan se apropia de este hecho para contar en tres momentos alternados cómo se construye un acto heroico a partir del máximo objetivo: sobrevivir.

El relato está partido en tres frentes (tierra, mar y aire) y tiempos: una semana para un grupo de jóvenes soldados varados en el muelle, en espera de un milagro; un día para un muchacho, quien con su padre y un amigo conducen un bote, que como otras naves civiles ha recibido el llamado de la patria y han decido ayudar e ir por los soldados; y finalmente una hora para un piloto (Tom Hardy) encargado de derribar a los aviones alemanes antes de que ataquen a las tropas que esperan ser rescatadas. Con este juego narrativo y escasos diálogos, Nolan hace lo usual en sus películas: generar una sensación de asfixia en el espectador, de tensión permanente, de que algo tan determinante está por ocurrir y que no hay marcha atrás. Y toda esa tensión está elevada por la incesante banda sonora compuesta por Hans Zimmer, su habitual cómplice musical.

Hay dos temas que predominan en el cine de Nolan y que también están en Dunkerque: el tiempo alterado y los estados de la mente. Los vemos visto en Amnesia (Memento), esa historia contada de adelante hacia atrás acerca de un hombre que no puede recordar lo inmediato; en El Origen (Inception) cuando el personaje de Leonardo Di Caprio se encarga de sembrar en la mente de las personas una idea que les haga cambiar  su actitud cuando despierten, y también en Interestelar, en el viaje del astronauta para trascender su propia historia, tiempo y lugar. Pero también en la trilogía de Batman cuando cada uno de sus enemigos -Ra's al Ghul, Joker, Bane- no tratan solo de derrotarlo físicamente sino de quebrar sus emociones y de cuestionar cuál es el camino correcto del héroe.

Christopher Nolan construye su puesta en escena alrededor de un estado mental, de una decisión: la del joven soldado que intenta escapar a cómo de lugar de la playa; al del padre de familia que decide cumplir con su deber ciudadano, de buen inglés, y conducir su pequeño bote hacia los orillas de la guerra aunque la sensatez le podría decir que no lo haga; y la del piloto que debe cumplir con su misión aunque tenga el combustible limitado y todo en su contra.

Dunkerque es una película de guerra sin sangre derramada ni cuerpos desmembrados. Nolan prefiere quedarse con lo esencial y en la guerra eso es el miedo a morir. Es una cinta sensorial, concentrada en las reacciones humanas frente al peligro, por eso están en primer plano los gestos de los soldados luego de una explosión, la respiración acelerada de quienes escapan de los disparos,  los ojos del piloto enfrentados al horror. Es el lenguaje cinematográfico en toda su amplitud de significados y posibilidades.

Pero lo esencial en la guerra también es la solidaridad. Uno podría pensar que durante la batalla lo natural es primero querer salvarse a uno mismo, pero Nolan expone la evacuación de Dunkerque como un logro colectivo de héroes anónimos. Cuando alguien estira una mano hay otro quien la toma. Para el director inglés es inseparable el salvado de quién lo salva.

Dunkerque es técnicamente magistral. Pero también es demasiado calculada. Seguramente varias de sus secuencias serán analizadas en clases de edición y estudiadas en el futuro en talleres de cine, pero uno extraña en varios pasajes algo que rompa con ese ritmo tan mecánico y tan aparentemente perfecto como el avance de las agujas de un reloj.

Dunkerque fue filmada en el mismo lugar en que ocurrió el hecho histórico. Incluso se utilizó armamento de la época. | Fuente: Warnes Bros./New Century Films
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