Persona 5 se estrenó el 4 de abril, y para la prensa especializada es uno de los candidatos a Juego del Año. | Fuente: Atlus

El 27 de mayo llegó Persona 5 a mis manos. ¡El 27 de mayo! Acabo de darme cuenta que han pasado cinco largos meses desde que mi camarada Guido me prestó uno de los serios candidatos a GOTY. Y ahí lo tengo en mi estante. Abandonado. Tal vez injustamente abandonado. Discúlpame, Persona 5. ¡Perdón, Guido!

La responsabilidad es totalmente mía. Persona 5 llegó a mis manos casi a la par de Resident Evil 7, y opté por jugar primero el título de Capcom “porque es más corto”. ¡Ja! Me enganché con el nuevo Resident, lo pasé dos veces (para ver los dos ‘finales’), y así se pasaron dos o tres de semanas.

De ahí, mi amigo Carlos me prestó Injustice 2 con la advertencia de que tenía que devolverlo en una semana. ¡Una semana! Y así se me fue la vida. Luego, Bandai Namco me pasó Tekken 7, y lo empecé a jugar. Y me envicié mal un par de semanas.

Bandai Namco también me prestó Little Nightmares y Get Even, así que me embarqué en ese par de aventuras. Mientras tanto, Guido ya se había terminado los juegos que le presté a cambio de Persona, y lógicamente me animaba a jugar “el mejor juego en lo que va del año”. Ya me empezaba a sentir culpable.

Pero los juegos no dejaban de aparecer. Llegó el remake/remasterización de Crash, que me habrá tomado un par de semanas en terminarlo completo. “Publico este análisis, y a concentrarme en Persona”, me animé. No. Llegó RiME, y tenía que jugarlo porque era uno de los juegos que más esperaba. Me emocionó el final, pero me decepcionó el juego. Y ya estábamos en septiembre.

Pasaron las demos de FIFA 18 y PES 2018, y las betas cerradas de Call of Duty: WWII y Dragon Ball FighterZ, y Uncharted: The Lost Legacy. Y los DLC de Nioh (¡tengo que terminar la última expansión!). Luego, la sorpresa. Llegó un correo de Ubisoft con la invitación para jugar Mario + Rabbids Kingdom Battle. ¡A conseguir prestada una Nintendo Switch! Y a jugar.

A fines de septiembre, se abrió una pequeña ventana. Pero mi hermano y mi novia me hicieron ver el primer capítulo de Death Note. ¡Qué pedazo de anime, por Dios! Por varios días sólo respiré Death Note. Oh, y también llegaron PES 2018 y Knack II.

Guido no me pidió el juego, pero me devolvió mis juegos y le presté Crash (creo que se lo regalaré en compensación del tiempo que tengo Persona 5 en mis manos). Oh, y octubre siguió igual de cargado, con Destiny 2 (que aún no termino, y por ende no analizo), Friday the 13th: The Game, Project CARS 2, South Park: Retaguardia en Peligro. Y Gran Turismo Sport (¡tengo que escribir el análisis!).

Así se pasaron cinco meses, y apenas estamos a la mitad de la temporada alta. Acaban de llegar Super Mario Odyssey, Assassin's Creed Origins y Wolfenstein II: The New Colossus. Y de pensar en los que faltan, me hago bolita y me pongo a llorar. Bueno, no. No lo haría. Disfruto jugar. Y es genial tener tantas opciones a mano.

Se me ha pasado por la cabeza analizar un juego sin terminarlo. No sé, tal vez jugar un par de horas y hacer un análisis solo por cumplir. O como hacen algunos youtubers: analizar en base a tráileres y opiniones en foros. Pero creo que no podría dormir tranquilo.

Prefiero demorarme un poco, jugar tranquilo. Y terminar el juego. No solo por respeto a los desarrolladores, sino en especial por respeto a mis lectores. Y así será, así termine jugando Persona 5 en 2018. ¡Perdón, Guido!

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