El primer DLC, llamado Dragon of the North, llegó el pasado 2 de mayo. | Fuente: Team Ninja

Nioh es uno de mis videojuegos favoritos del año (pueden leer el análisis que hice aquí). Lo exprimí al punto de sacar el Trofeo de Platino y hasta ahora -sin haber jugado Persona 5, Nier: Automata y The Legend of Zelda: Breath of the Wild- es mi GOTY.

El título del Team Ninja me dejó gratamente sorprendido en varios de sus apartados, como su sólida jugabilidad, su interesante argumento y su genial banda sonora. El juego -que llegó sin hacer mucho ruido- sorprendió a la crítica y no le ha ido nada mal en ventas, al punto de ya se evalúa lanzar una secuela.

Pero en lo que esta idea se materializa, el Team Ninja ha estado ocupado con los DLC de este genial juego. Son tres expansiones que amplían el universo de Nioh y nos muestran qué pasó con William tras los acontecimientos del juego principal.

Los tres DLC (Dragon of the North, Defiant Honor y Bloodshed’s End) tienen que verse como un todo, ya que se presentan como capítulos de una historia post Nioh. A la fecha, han salido las primeras dos expansiones, quedando pendiente la tercera entrega (aún sin fecha de lanzamiento).

Tras haber completado los dos primeros DLC, puedo decir que he quedado más que satisfecho. Si bien el principal atractivo de las expansiones es su historia (de la que no hablaré para no malograrle la experiencia a quienes aún no terminan el juego), hay novedades en el aspecto jugable muy llamativas.

La más notoria creo que son las nuevas armas. En Dragon of the North, debutaron las ōdachis (espadas de gran tamaño y alcance), mientras que en Defiant Honor aparecieron las tonfas (especie de palos de poco alcance pero gran versatilidad). A la par, con el primer DLC se determinó que ahora podemos equipar a dos espíritus guardianes, a fin de obtener mayores beneficios en batalla.

Defiant Honor continúa la historia de Dragon of the North, pero nos deja con la intriga sobre el desenlace. Si bien los mapas | Fuente: Team Ninja

Pero también tenemos nuevos enemigos (algunos novedosos, otros meras revisiones de viejos conocidos) y bosses finales bastante complicados. Para quienes estén familiarizados con Nioh sabrán que derrotar a estos jefes nos permitirá adueñarnos de sus espíritus guardianes, así que hay bastante tela por cortar.

Un detalle que me sorprendió es el elevado nivel de dificultad de ambos DLC. Al ser una historia posterior a la campaña principal, el juego asume que ya tenemos como mínimo un nivel que bordea el 150. Así que mi recomendación es que vayan preparados, rejugando niveles anteriores o tratando de culminar todas las misiones secundarias que se desbloquearon al terminar el juego. Con ello, ya podremos ir preparados para afrontar las expansiones.

Entre lo negativo, los DLC mantienen las taras del juego original. La principal, como ya lo dije en el análisis, es reciclar locaciones para las misiones secundarias, que dicho sea de paso tienen poca inspiración. La mayoría son encargos simples basados en encontrar algo o en liberar alguna zona.

En resumen, si te gustó Nioh tanto como a mí, los DLC no te decepcionarán. Eso sí, mi recomendación es comprar el Season Pass, que cuesta 25 dólares, en vez de adquirir las expansiones una por una (a $10 cada una). Como dije, los tres forman una historia completa y deben verse como un todo.

Y ustedes, ¿han jugado las expansiones de Nioh?, ¿jugaron Nioh?, ¿qué les pareció el juego del Team Ninja?

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