Reportaje | La historia del guía de la tierra roja

“Asesinaron a mi hijo, por la misma lucha”. Este es el testimonio de Rodrigo Tot, un líder indígena guatemalteco que ha ganado el Premio Ambiental Goldman 2017 por la defensa de su tierra.

Rodrigo Tot. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso.

(Mongabay Latam / Carmen Quintela Babío). Rodrigo Tot se ajusta el sombrero de palma y con resignación dibuja una mueca que parece sonrisa en el rostro de un hombre serio. No está acostumbrado a que la prensa lo busque. Hoy, su agenda, coordinada desde semanas antes, está anotada con precisión en un documento de Excel. Dispone de 30 minutos para explicar a cada medio de comunicación con voz ronca y escuetas frases una lucha de décadas de la comunidad Lote 9 Agua Caliente, en El Estor (departamento de Izabal), que busca legalizar la propiedad de sus tierras.

Tot ganó este año el Premio Ambiental Goldman para América del Sur y Central, un reconocimiento que desde 1989 premia a cinco defensores del medioambiente en diferentes regiones del mundo, postulados a partir de nominaciones confidenciales y elegidos luego de un año de deliberación.

La historia de Rodrigo Tot empieza en 1957 a 146 kilómetros de El Estor, Izabal: en Purulhá, Baja Verapaz, donde nació y vivió sus primeros 12 años. Su familia, dedicada a la agricultura, había llegado al municipio acostumbrada a moverse de una zona a otra de Guatemala, en función de las temporadas de cultivo de maíz. Cuando apenas levantaba un metro del suelo, con cinco o seis años —no recuerda con exactitud— su padre y su madre fallecieron —“de enfermedad”—. Después de escuchar que uno de sus tíos tenía una casa en El Estor, donde cultivaba frijol y maíz, el niño juntó lo poco que tenía y viajó con su hermano mayor. Tot no regresó a Purulha.

Aprendió a hablar español jugando en la calle, y a escribirlo y a leerlo unos años más tarde, con ayuda de unos amigos de la iglesia. Nunca pisó una escuela. Se sacó la primaria a los 18 años, con apoyo de una organización de la comunidad.

Muy Interesante | ¿Cómo hace Venezuela y Colombia para preservar al caimán del Orinoco?

Tot se hizo pastor evangélico a inicios de los ochenta, en una época en la que el militar Efraín Ríos Montt dirigía el país y estar fuera de la religión suponía ser considerado comunista. “Me junté con unas personas evangélicas que me dijeron que me convenía estar ahí para no entrar en el vicio”, explica. Ahora dirige una iglesia en Chichipate, una aldea cercana a Agua Caliente, donde recita el evangelio dos veces por semana.

En El Estor encontró su lugar, y en Agua Caliente Lote 9, a tres horas del municipio, su causa. “Empecé a apoyar con 18 años y en 2002 me nombraron líder”. Hasta la fecha, Tot es el guía principal de la comunidad —reelegido año a año—, donde trabaja para lograr que los miembros de la misma cuenten con certeza jurídica de la tierra.

La lucha en el Lote 9

El Lote 9 Agua Caliente es una de las comunidades que descansan sobre el valle del Río Polochic, en el departamento de Izabal, región nororiental de Guatemala. El verde de los cultivos y la vegetación contrasta con el color rojo oscuro de una tierra húmeda rica en minerales, de la que durante décadas se ha buscado certificar la propiedad. La cronología de la comunidad la cuentan las personas de más edad. Los nombres y rostros detrás de una lucha.

En la escuela del Lote 9, unas 40 personas se sientan en los pupitres y bancos de madera. Hombres —la mayoría—, mujeres, niños y niñas. Los más ancianos, apoyados en alargadas varas, se levantan de sus lugares para dar una clase de historia en q’eqchí. Juan Manuel Pérez, el maestro de la escuela, hace las veces de un improvisado traductor.

En la década de los cincuenta, cuando la zona de El Estor era conocida como el granero de Guatemala por la prosperidad de sus cosechas, la aldea Chichipate estaba dividida en fincas que trabajaban los comunitarios. Los empleados cobraban “50 centavos de quetzal por 40 varas (cada vara mide 0.699 m²)”, recuerda Ricardo Chub, un hombre de 75 años con barba de días y cejas pobladas. “Vivíamos ahí, pero nuestras familias y nuestro ganado aumentaban cada vez más. Nos terminaron expulsando”, añade, con tono serio. Los patronos no veían con buenos ojos ceder una mayor parte de sus tierras para mantener a tantas personas y animales.

Los jornaleros comenzaron así el éxodo en busca de otro lugar donde establecerse. Ellos, apartando maleza y conociendo el terreno. Ellas, preparando y cargando los alimentos que tendrían que abundar para varios días. Durante meses caminaron hasta encontrar la zona que ahora habitan: Q’ixinha. Delimitaron el terreno que ocuparían para sembrar frijol y maíz. Unas 30 caballerías (1353 hectáreas) con forma de trapecio. Poco a poco crearon una nueva comunidad de la nada en medio del cerro. Los nacimientos de aguas termales en los alrededores le dieron nombre. Agua Caliente. Hoy son ya 400 personas. En las áreas contiguas otros vecinos de El Estor fueron abriéndose espacio y marcaron otros 15 lotes.

Muy importante | El robo de tierras públicas en el Amazonas

Con los años, varios comunitarios del Lote 9 volvieron a bajar la montaña para instalarse de nuevo en Chichipate. La mayoría de ellos, por trabajo. Otros, para acompañar a sus familiares. Entre ellos, Rodrigo Tot, que vive a unas cuantas calles de la iglesia en la que predica como pastor evangélico y quien sube a pie a la comunidad un par de veces por semana para trabajar como guía. El camino a Agua Caliente, de 45 minutos en un vehículo de doble tracción y un mínimo de dos horas para las piernas más ágiles, está construido, reforzado y reparado íntegramente por la comunidad. Unos metros antes de comenzar la subida, en la aldea San Julián, un puente cerrado con una cadena —que un hombre que vive a un lado baja y vuelve a subir cada vez que llega un vehículo— da la bienvenida.

Reunión comunitaria en la escuela de Agua Caliente, Lote 9. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso.

En febrero de 1985, tres décadas después de aquella primera diáspora, lograron el primer paso para conseguir la certeza jurídica de la tierra. El Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA) adjudicó provisionalmente el Lote 9 Agua Caliente a 64 campesinos y campesinas, en calidad de Patrimonio Agrario Colectivo. El título permitía a los miembros de la comunidad vivir y trabajar en la tierra, bajo la condición de que pagaran previamente la suma de Q32 490.35, a Q24 por hectárea (32 490.35 dólares en aquella época ). El monto se abonó, pero Agua Caliente todavía no tiene un título definitivo. Entender los motivos supone conocer la historia de la extracción de níquel en El Estor. Una historia que corre paralela a la de la comunidad.

El negocio que resurgió de sus cenizas

A seis kilómetros del centro de El Estor, la Mina FeNix aparece entre la maleza y la polvorienta carretera. De camino, seis alargadas chimeneas de las que emana un humo oscuro anuncian su presencia en la zona. La escena en la mina es la misma las 24 horas del día. Sonido de hornos. Rugido de motores. El pitido de un camión que da marcha atrás. La empresa no cierra, no pierde un minuto de descanso. Hornos, motores, pitidos. Los empleados, que trabajan en tres turnos —de 8:00 a 16:00, de 16:00 a 0:00 y de 0:00 a 8:00— salen de la fábrica a paso lento, con el rostro y las botas manchadas de rojo oscuro. Es el mismo rojo que el del suelo de Agua Caliente. El rojo de la tierra que llena unos camiones que nunca dejan de circular. La tierra que una grúa procesa a un costado de la compañía. La tierra de níquel.

La mina FeNix empezó a funcionar en la década de los sesenta produciendo ferroníquel, un producto de venta internacional para la fabricación de acero inoxidable. A finales de 1962, la compañía canadiense International Nickel Company (Inco), que era la casa matriz de Exploraciones y Explotaciones Metálicas de Izabal S.A. (Exmibal), comienza a negociar con el General Miguel Ydígoras Fuentes, entonces Presidente de Guatemala, y le sugiere implementar una nueva ley de minería para estimular la industria. En abril de 1965, el coronel Enrique Peralta Azurdia, que sucedió a Fuentes en el poder, promulga el nuevo código de minería (Ley 342), que permitió a Inco lograr una concesión de explotación minera por 40 años.

Durante casi 20 años el negocio fue próspero y logró mantenerse en el mercado. Pero los precios del níquel se desplomaron en los ochenta y la fábrica cerró abruptamente en 1982. De nuevo, durante dos décadas, el gran gigante se mantuvo en silencio.

El resurgimiento comenzó en 2004, cuando la firma Skye Resources adquirió la empresa, ahora llamada Compañía Guatemalteca de Níquel (CGN). Luego de cuatro años de enfrentamientos con las comunidades de la zona, en agosto de 2008, Hudbay Minerals adquiere el proyecto minero. De nuevo, los conflictos de tierras hacen que la sociedad termine vendiendo también el negocio, que en 2011 lo recibe la Compañía Procesadora de Níquel de Izabal S.A. (Pronico), una subsidiaria de la firma rusa Solway Investment Group. “Los rusos”, como se conocen en la comunidad, y como ellos mismos se denominan, retomaron las operaciones en 2014, luego de que el ex presidente Otto Pérez Molina inaugurara la planta.

LEE AQUÍ el artículo completo

(Este artículo es una colaboración periodística entre Mongabay Latam y Plaza Pública de Guatemala)

Ricardo Chub, 75, es uno de los pobladores más ancianos de la comunidad. Recuerda el sufrimiento pasado durante décadas luchando para el reconocimiento de su tierra | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso
La mina de explotación de níquel FeNix, ubicada a 6 kilómetros del centro del municipio de El Estor. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso.
El título provisional de propiedad de la tierra de la comunidad, objeto de disputa legal entre los comunitarios y la empresa minera | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso
La comunidad de Agua Caliente, Lote 9. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso
El acceso a la montaña que lleva a Agua Caliente, Lote 9 y al Lote 8 es vigilado constantemente y resguardado con cadena para impedir el paso de maquinarias y personal de la empresa minera. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso.
Wilfredo Rodrigo Toc, 29, hijo menor de don Rodrigo, en su casa, ubicada en la aldea Chichipate. Detrás de él, la foto del hermano Edin Leonel. Los dos fueron atacados durante un viaje en bus en el 2012. Edin perdió la vida. Wilfredo, en cambio, guarda en su cuerpo la bala que no pudo matarlo. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Simone Dalmasso.
0 Comentarios
Valora la nota:Reportaje | La historia del guía de la tierra roja
¡Excelente!
Valoración Total
5/5
¿Qué opinas?