Si tenemos pensamientos negativos habitualmente condicionamos a nuestro cerebro a ser más pesimista. | Fuente: Shutterstock

Quejarse es malo para la salud

Nuestro cerebro sufre (y mucho) cada vez que nos quejamos.

La mayoría de nosotros disfruta lamentándose, descargando esos malestares que nos atormentan. Pero, ¿esto es sano según la ciencia?

Para Steven Parton, escritor y experto en naturaleza humana, quejarse afecta al cerebro y tiene graves repercusiones negativas para la salud mental. De hecho, quejarnos puede literalmente matarnos.

Ya sabemos que el cerebro realiza constantemente una gran cantidad de sinapsis. En nuestro cerebro, las neuronas están separadas por un espacio vacío llamado hendidura sináptica. Cada vez que tenemos una idea, una sinapsis dispara un químico a través de esta hendidura, creando un puente por el que cruzará una señal eléctrica.

"Cada vez que se activa esta carga eléctrica, las sinapsis se agrupan para disminuir la distancia que esta carga eléctrica tiene que cruzar: el cerebro cambia sus propios circuitos, para hacer más fácil y más probable el desencadenamiento del pensamiento", aclara Parton.

¿Qué efecto tiene esto? Si tenemos pensamientos negativos habitualmente condicionamos a nuestro cerebro a ser más pesimista. No solo pensar de forma negativa repetidamente hace que sea más fácil pensar más frecuentemente en cosas negativas, sino que también provoca que sea más probable que los pensamientos negativos nos vengan al azar. Básicamente quejarnos a menudo hace que cuando llega el momento de formar otro pensamiento, el pensamiento con el  camino más corto en nuestro cerebro, sea el negativo frente al positivo, que tendrá el puente más largo.

Según el experto, el hecho de estar continuamente quejándonos por todo y con el consecuente cambio en las sinapsis del cerebro, también conduce a un debilitamiento del sistema inmunológico, aumentando la presión arterial e incrementando el riesgo de padecer enfermedades del corazón, diabetes o incluso obesidad.

La empatía es un buen recurso para alejar esa negatividad de nuestro cerebro, pues cuando vemos a alguna persona experimentando alegría, por ejemplo, éste prueba esa misma emoción intentando realizar esas mismas sinapsis. Así, rodearnos de personas felices puede fortalecer nuestra positividad.

En todo este proceso, y tal y como podríamos imaginar, el estrés tampoco nos ayuda a alejar la negatividad. “Al ser negativos liberamos más cortisol, la hormona del estrés. Los niveles altos de esta hormona interfieren con el aprendizaje y la memoria, la función inmune, la densidad ósea... y la lista continúa", sentencia Parton.

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