1983-1993: El difícil camino de la renovación

Conoce la historia de cómo el equipo peruano lucho por 36 años para llegar al mundial y cómo Coca-Cola, patrocinador histórico de la selección nacional, lo acompañó. (Foto: Archivo El Comercio | Jorge Angulo)

Tras la eliminación temprana en España 82, la blanquirroja estuvo cerca de clasificar a México 86. Aquellos fueron los últimos fogonazos de una generación que no encontró recambios a su altura.

Perú se fue con pena y sin gloria de España 82, goleado en su último partido por Polonia (5-1). Pero, a pesar de la decepción, no había pesimismo generalizado. No existía el más ligero presentimiento de que aquel gol de Guillermo La Rosa a los 83’ del partido con los polacos sería el último gol peruano en la historia de los mundiales. Hasta la fecha.

Para el Perú, aquellas eran épocas de bonanza futbolera. ¿Cómo olvidar a aquella generación de prodigios que cada vez que salía a la cancha del Estadio Nacional era calurosamente recibida por los hinchas, en un ambiente de bocinazos, alegres cánticos y banderolas rojas de Coca-Cola? Allí estaban, entre otros, César Cueto, Juan Carlos Oblitas, José Velásquez, Jaime Duarte, Julio César Uribe, Gerónimo Barbadillo, ‘Panadero’ Díaz y Jorge Olaechea. Además, asomaba el recambio, con apariciones confiables para el gol como Franco Navarro y Juan Caballero. Había motivos para pensar que, luego de España 82, la Blanquirroja volvería pronto a los más grandes escenarios.

Pero el fútbol ya se estaba tranformando; cada vez menos cosas se dejaban a la suerte. Los rivales mejoraban y el talento en estado puro dejó de ser suficiente para sacar adelante campañas cada vez más exigentes como la clasificatoria sudamericana.
 

Se avecinaba la tormenta
Elba de Padua, Tim, entrenador brasileño que dirigió a la bicolor en la cita mundialista del 82 dejó un informe para el futuro acerca de las cosas que no debían repetirse. “Hay que estar alertas para el futuro. No volver a cometer los errores que tuvimos. Debemos trabajar con tiempo suficiente para lograr metas efectivas”, decía el viejo Tim en unas hojas que se conservan amarillentas en la Federación Peruana de Fútbol.

“Si bien al inicio los jugadores que trajimos del exterior fueron efectivos para lograr la clasificación ante Uruguay y Colombia, recomendaría que en lo sucesivo se evite convocar cracks que no jueguen en el Perú. Vienen con otra mentalidad. Tal vez su cotización los hace cambiar de visión. Esto fue evidente en el último partido ante Polonia. Al equipo –no a todos– le faltó amor propio para luchar. No hubo mística”, puntualizaba Tim mientras escribía –seguramente- con su cigarro Ducal muy encendido y un delgado, pero largo vaso del pisco que tanto le gustaba.

La última gran selección: la bicolor de las eliminatorias de 1981. Coca-Cola presente en el Estadio Nacional | Fuente: EL COMERCIO | Fotógrafo: JORGE ANGULO

Perú era un equipo de cracks. Bimundialistas, la mayoría. Pasa en las mejores familias: es difícil tomar la decisión de empezar el recambio generacional cuando esto implica desplazar a una generación ganadora que todavía reclama vigencia. En 1983, Juan José Tan asumió el puesto de Tim al frente de la selección. Era un preparador físico que había hecho una buena campaña con Deportivo Municipal en 1981, pero todavía era considerado de uso doméstico. Perú quedó cuarto en la Copa América, y supo a poco.

Se quería a un entrenador con más peso para manejar un vestuario de figuras y que encima iniciarían su tercera eliminatoria. El elegido fue Moisés Barack, quien tendría un inicio auspicioso en 1984 porque se mantendría invicto durante 8 encuentros amistosos (5 triunfos y 3 empates). Luego, ya en la Eliminatoria para México 86, Barack solo conseguiría 3 puntos en los cotejos iniciales (triunfo ante Venezuela de visita, derrota y empate ante Colombia en Bogotá y Lima, respectivamente). Eso llevó a la directiva a pesar en Marcos Calderón para imponer rigor, pero no el veterano no aceptó ponerse otra vez el buzo de la selección.

Un nuevo comienzo para la selección peruana. 1985 y Coca-Cola ya acompañaba al equipo peruano en el estadio | Fuente: Video: La Tangente

Reyna versus Maradona


Fue cuando surgió la opción de Roberto Chale y la mística del equipo empezó a cambiar. “No era fácil tomar a ese equipo porque todos eran figuras. Felizmente yo también había sido ídolo y la gente me quería mucho. Bien rápido los convencí de que estaban a la altura de ganarle a Argentina y clasificar al mundial. Y para esto teníamos un plan”, recuerda el ‘Niño Terrible’ que cuenta que la génesis de la famosa marcación de Luis Reyna a Diego Maradona nace tras la observación del partido previo entre Venezuela y Argentina, en el que el granate Nelson Carrero hizo un notable partido al marcar de forma muy regular al astro.

“Entonces si ese chico lo había hecho tan bien, yo me ilusioné con que un peruano lo haría mejor. Entonces pregunté al plantel: ¿quién se anima? Y Reyna respondió al instante que quería jugar”, prosigue Chale. Hasta ahora, esa marcación al hombre se recuerda con polémica. La prensa se concentró en los rumores sobre la marca a Maradona y perdió la perspectiva de que Perú, jugando, sí estaba a la altura de los albicelestes.

“Se dejó ganar muy rápido. No fue ese jugador con rebeldía y que saca la garra que yo creía”, dijo Luis Reyna sobre Maradona en el documental ‘1986: La historia detrás de la Copa’ producido en Argentina. Es de las poquísimas veces que el ex volante se ha pronunciado acerca de este episodio ya que se excusa diciendo que no es algo que lo enorgullece porque él sí sabía jugar a la pelota y le cuesta reducirse solo a un cancerbero.

Aquella generación debía imponerse en los dos partidos a Argentina y el plan era firme. Incluso se dejó postergado a un crack como Julio César Uribe para que Reyna tenga sitio en el once y ejecutase lo planificado. Perú triunfó en Lima con gol de Oblitas –el último de su carrera con la selección–. La definición sería en Buenos Aires, con todo en juego.

El partido se encontraba 1-1 y Perú ya había equilibrado las acciones en el Monumental de River. En eso, Cueto delineó la mejor hoja de ruta hacia Fillol con la pelota pegada al pie, pero con total sentido de responsabilidad al advertir que los albicelestes estaban mal parados. Dos argentinos fueron al cruce sin filtro; casi para sacarlo del campo como a Navarro. Hoy el zurdo recuerda ese instante: “Veo que vienen dos (Trossero y Garré) y es cuando uno regresa a las cosas que aprendió en el barrio mirando. Levanté un poquito el pie derecho como una plancha y con la otra también cubrí la pelota. Seguro que en ese momento no pensé la jugada que estaba saliendo”.

Barbadillo inicia el pique inteligente y antes de que caiga en offside, Cueto entiende de inmediato el movimiento y lanza el pase en callejón. La pelota que había estado brinca y brinca esta vez hizo caso al pincel del maestro y fue a parar perfecta a la nueva posición de ‘Patrulla’. “Cuando veo que Barbadillo se abre demasiado con la pelota, yo ya sabía que era gol. ‘Patrulla’ siempre hacía lo mismo y yo sabía que la iba a alcanzar”, recuerda el crack autor de ese servicio inolvidable. Pero luego, ya sobre el final, llegaría la pelotera en el área, la carga de Pasarella y el gol de Gareca que pondría el 2-2 final de ese partido.

Empujón de Pasarella, gol de Argentina y Perú tuvo que jugar la repesca con Chile. 1985 y Coca-Cola de fondo en el Nacional | Fuente: Getty Images

Borrones y cuentas nuevas

Cueto termina el relato de ese episodio sin enfado. No llegar a México 86 pasaría por circunstancias diversas que el genio prefiere no profundizar. Tal vez sea que está en un nivel superior de conciencia que relativiza los resultados posteriores en el repechaje contra Chile. Y aunque Perú no fue ni la sombra de ese equipazo que peleó en Buenos Aires, el crack no siente culpa ni acusa. “Son cosas del fútbol, a veces no se da. No todos los partidos son iguales. A nosotros no nos fue bien y a Chile sí”, acaba.

La eliminación de México 86, dolorosa, dio paso –ahora sí– a la necesaria renovación del equipo. Los cracks que dieron lo mejor de sí en la década pasada empezaron, uno por uno, a convertir se en viejas glorias. Y el talento de reemplazo no estuvo a la misma altura. A ello se sumó la tragecia del avión de Alianza Lima que se precipitó al mar de Ventanilla en 1987. Muchos de esos jugadores que asomaban con gran potencial no tuvieron la oportunidad. “De ese equipo de Alianza creo que Luis Escobar, Pachito Bustamante y Daniel Reyes iban a destacar. Yo los dirigí en Chile en la selección de Odesur (1986) y sí eran diferentes”, recuerda ahora Juan Carlos Oblitas, quien se convirtiera en entrenador de clubes a fines de los ochenta.

La bicolor iniciaba así un periodo doloroso de malos resultados. Para las eliminatorias de 1990, con el brasileño Pepe en el banquillo, Perú quedó fuera sin obtener siquiera un punto en cuatro partidos.

La Eliminatorias de 1993 con Vladimir Popovic como DT fue casi igual: Esa misma promoción solo pudo hacer un punto en el último partido contra Paraguay en Lima. Lo que más recuerda de aquella campaña fue que ese empate le permitió a Argentina clasificar a Estados Unidos 94 pese a que, en paralelo, estaba perdiendo 5-0 frente a Colombia en casa. 

A partir de la siguiente eliminatoria, el sistema cambiaría: se jugaría todos contra todos. El reto de clasificar al Mundial dejaba de ser una carrera corta de 100 o 200 metros planos y se convertía en una maratón. Pero a esas alturas Perú ya había perdido su cartel de candidato y le tocaba la tarea de refundar su fútbol para adaptarlo a los nuevos tiempos. Serían años de frustraciones. Sin embargo, el hincha se mantendría allí, alentando al lado de los jugadores. Cada vez que saldría la selección a la cancha, seguiría habiendo un marco de cánticos y barras además de la clásica ola Coca-Cola.

Infografia Eliminatorias 1986
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