Felipe Pinglo Alva: La entrevista que concedió semanas antes de morir

La entrevista la hizo Juan Francisco Castillo Alatrista para el semanario “Cascabel”, en su lecho de enfermo del hospital Dos de Mayo, tres semanas antes de su partida.

Nuestro bardo criollo fue entrevistado solo una vez y se hizo en su lecho de un hospital

La reciente declaración de su obra como Patrimonio Cultural de la Nación, nos lleva a compartir la única entrevista hecha a Felipe Pinglo Alva, por el gentil aporte de nuestro oyente Carlos Alberto Vásquez, quien nos remitió el material que transcribimos para nuestros lectores.
La entrevista se hizo en su lecho de enfermo de la sala Odriozola del hospital Dos de Mayo y publicada el sábado 25 de abril de 1936, semanas antes de su muerte.
(S.N)


Felipe Pinglo Alva demandó desde su lecho de enfermo mayor apoyo para los compositores criollos

El artículo de Juan Francisco Castillo Alatrista

“Entre nosotros, el buen éxito cuesta mucho más que en París y Buenos Aires. La música criolla ha tenido que vivir escondida como las cochinillas de humanidad. Llevar un violín podría ser de artistas o elegante, pero llevar una guitarra, es cosa de chatarreros

Y mucho más si en la guitarra se tocan cosas del terruño, Vivimos sepultados por el tango argentino. Nuestros propios criollos, son en mucho, responsables. Se avergüenzan de tocar un valse. O cuando lo tocan se olvidan deliberadamente de las fechas. Y entonces, un motivo de 1906, lucha vanamente contra el importado fresco y mozo.

Pinglo es el mejor compositor criollo de estos tiempos de rumba y tango. Pero es un hombre bueno, soñador y enfermizo, que viene luchando con la adversidad hace algunos años. Defendiéndose y produciendo. Es así como ha ganado esa popularidad que se amasó al correr de boca en boca, pero que sepamos, es la primera vez que llega a un periódico.

Composiciones como “Rosa Luz” y “El huerto de mi amada” empiezan a llamar la atención. Aparece después de algún tiempo, un compositor popular y moderno. Se oye hablar de un autor tan repentino, pero no es frecuente verlo en los escenarios, ni saber en qué lugar se esconde para copiar motivos pobres que luego convierte en magníficos valses.
Se trata de un bohemio, De un hombre que hace ocho años viene luchando con la enfermedad. Mejor, con las enfermedades. Su organismo resentido ha terminado por arrastrarlo al hospital. Ocupa un apartado de la sala Odriozola en el Dos de Mayo. 

Una de las mayores alegrías de Pinglo fue haber sido entrevistado para la revista Cascabel

En la portería nos dieron el número 27. Nos encontramos con que era un departamentito. Lo deben pagar familiares y amigos con grandes sacrificios. Pinglo está semi erguido, recostado sobre sus almohadas. Nos acoge como si nuestra visita lo hiciera de repente deudor . Nos agradece. Habla primero en nombre de la música y el arte criollo. Luego, ya, en segundo término, de lo personal.
- Me siento agradecido, Cascabel es dueño de todas mis simpatías. Está defendiendo lo que nadie defiende. No es posible que la música visitante, desaloje a la música dueña de la casa.

Luego pasamos a ocuparnos de su enfermedad. Pinglo se siente mejor. Nos asegura que está algo así como en preparación para que le hagan tres operaciones. Cuando da la noticia, de aquellas tres operaciones, ni se inmuta. Es una cosa sencilla.
Vibra en este hombre delgado y bohemio, la ideología extraña del optimista y valiente. La enfermedad de Pinglo tiene ocho años. Sin embargo, él ccree que esas tres operaciones lo dejarían en condiciones de “seguir haciendo algo”.

En el cuartito verdepálido, suena la voz de Pinglo, llena de fatiga. Habla…habla…Su historia, esos ocho años sin poder moverse con comodidad. Los últimos tiempos más dolorosos. Y por fin, esas tres operaciones sencillas, que va a liberarlo. Pinglo nos da explicaciones de la fatiga que le impide expedirse como él quisiera. La pleura sufre una conmoción. El simpático, será tocado en una de las operaciones. También el estómago. Pero en vez de la catástrofe, nuestro interlocutor piensa en el éxito de la ciencia y el bisturí.


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Justo reconocimiento a su obra como Patrimonio Cultural de la Nación

La actividad de Pinglo compositor, empieza en 1915. Por entonces compone el valse “Amelia” y se entusiasma. No le gusta la enfermedad. Por el contrario, la fiebre y los largos insomnios, le dan motivo para lograr lo mejor de su stock musical. Así aparece “El plebeyo”, “Jacobo el leñador”, etc.
Le hacemos presente que en las composiciones que le conocemos es notoria la influencia argentina. Pinglo protesta. No cree en la influencia. Se siente musicalmente peruano por los cuatro costados.

Y sigle hablando, como si hubiera contraído un compromiso inaplazable. Toca los diversos motivos que interesan a los que se preocupan de música criolla. Nos cuenta el vía crucis del compositor nacional, que debe convertirse en especie de pordiosero para lograr que su música se imprima. Por su parte y merced a mucho esfuerzo solo tres piezas han podida ser publicada. Las demás…solo en el cancionero.

No queremos que Pinglo se fatigue. Eso puede traerle complicaciones y dolores; pero es la primera vez que “los periodistas” se ocupan de un músico modesto. Los concursos, nos acentúa, pueden impulsar la música popular, siempre que estén bien organizados y que en las pruebas intervenga un jurado de entendidos en música criolla…profesionales, personas que sepan que no es posible tocar un valse peruano, con acompañamiento gauchesco.

Preguntamos por algún compositor ignorado, que a juicio de Pinglo, tenga méritos y porvenir.
- Conozco varios, nos responde, creo que debo mencionar a Pablo Casas, un muchacho que ha compuesto con mucho acierto. De lo que más me agrada, les citaré “Olga” y “Mal proceder”, un par de valses de mérito.
- Termina: Como Casas, hay muchos. Que los apoyen y tendremos un arte renovado y que refleje perfectamente la existencia popular

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