Nuestro consejero editorial analiza el estado del Gobierno de PPK frente a este mal endémico. | Fuente: Enfoque Derecho

Son muchos los contrastes políticos y las penurias medioambientales que le han tocado en suerte al régimen de Pedro Pablo Kuczynski. Serán los años futuros, cada uno con su dificultad, lo que al final permitirán un veredicto cabal sobre una administración debilitada prematuramente.

Entretanto, hemos ingresado a un doble esfuerzo febril porque las circunstancias le han impedido al gobierno cumplir pausadamente con lo prometido el 28 de julio. Otra circunstancia desfavorable es contar con un equipo profesionalmente competente, pero con deficiente versatilidad política.

Pero lo más inoportuno y cruel para el quehacer político peruano lo constituyen los escándalos financieros, la corrupción y el aumento de la criminalidad. Todos ellos son fruto de un pasado incompetente pero muerden duro a la estabilidad de un gobierno que ve multiplicarse los contrastes y las avalanchas en ese escenario nacional.

Y por eso, por ejemplo, PPK cosecha pocos puntos a favor sobre su administración y ninguno de sus ministros remonta el pesimismo y la incredulidad.

Pero el mayor contagio que recorre toda la plana política –partidos, expresidentes, altos directivos empresariales- es el escándalo Odebrecht y secuaces- y le dan pleno derecho a la población a sentirse decepcionada y rechazar de plano toda actividad política. Odebrecht, no sólo compromete a los tres expresidente pasados –con sus más y con sus menos- fundamentalmente obliga al cuerpo institucional del país –Ejecutivo, Parlamento, Poder Judicial-  a demostrar que puede y debe acabar con este vicio, aliento de la inmundicia moral.

Vendrán pues días reveladores, esperemos, como consecuencia del careo que se ha dado en el encuentro en Curtiba. ¿Empezará a brotar la verdad?

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