(Agencia N+1/ Beatriz de Vera).  En un partido de fútbol, especialmente en los que deciden el desenlace de una competición, la emoción se palpa tanto en el césped como en la grada. Sin embargo, en este encuentro, aunque crucial para los observadores, los contrincantes, sin duda los mejores de su categoría, permanecían igual de impasibles ante el resultado fueran ganadores o perdedores.

La RoboCup despierta pasiones, pero no para sus jugadores, robots que se baten en duelo para representar a sus países o instituciones en una competición en la que cada año, los participantes son indiscutiblemente mejores que en la edición anterior. De caer en la espiral del miedo por perder nuestro trabajo a causa de las máquinas, no se libra ni Messi.

La competencia. Este año el evento se celebró en la ciudad japonesa central de Nagoya, el lugar en el que comenzó el campeonato anual hace 20 años cuando una computadora superó pro primera vez al campeón mundial vigente de ese año, Garry Kasparov, "un gran evento que llevó a los ingenieros de computación a fijar el siguiente objetivo", cuenta Itsuki Noda, Presidente de la Federación RoboCup, según informa Phys.org. Tras haber pasado los últimos años por João Pessoa (Brasil, 2014), Hefei (China, 2015) o Leipzig (Alemania, 2016), en el evento de este año han participado cerca de 390 equipos de 40 países. El partido final lo jugaron la Universidad de Bordeaux (Francia) contra el equipo de China, con un resultado de 4-0.

Los robots ven gracias a una cámara instalada en sus cabezas, integrada a una plataforma de inteligencia artificial (IA) para reconocer el espacio y los objetos a la vista. Las tecnologías han avanzado desde la primera competición, para que los robots puedan hacer juicios autónomos y cooperar con otros, dijo Noda, que también es el principal director de investigación en el Instituto Nacional de Japón de Ciencia Industrial Avanzada y Tecnología.

El juego. A diferencia del ajedrez, los jugadores de fútbol tienen que leer situaciones en constante cambio y elegir los mejores movimientos mientras compiten contra rivales. Además, "el fútbol requiere muy buen trabajo en equipo, lo que suponía un área completamente inexplorada para los ingenieros de computación", añade el presidente. Y esta habilidad, aseguran los expertos, es la que le ha valido la victoria al equipo francés, que demostró su mejor capacidad de cooperar. "Desarrollamos muchas características en el juego de equipo.

Los robots juegan juntos, tratan de hacer algunos pases", dijo su entrenador. El equipo chino desplegó robots altamente móviles que, no afectados por las preocupaciones por lesiones, se recuperaron rápidamente después de caer. Pero no fue suficiente para igualar a su rival. Pese a lo concurrido y espectacular del evento, cuando el partido terminó y los seres humanos celebraron o lloraron el resultado, los robots robot sin vida fueron empaquetados tranquilamente en maletas.

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