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Percy Urteaga Lezama
Abogado y docente universitario de la Universidad Nacional de Cajamarca. Especialista en arbitraje, solución y prevención de controversias en materias constitucionales, civil-patrimoniales y contencioso-administrativos.
Es indiscutible que el desarrollo de una región se ve limitado por la falta de infraestructura adecuada que permita a los ciudadanos acceder a servicios básicos como transporte, agua, energía y saneamiento. Una región que cuenta con infraestructura suficiente para resolver las necesidades de su población no solo garantiza el bienestar de sus habitantes, sino que también les brinda la oportunidad de ejercer sus derechos y desarrollar sus proyectos de vida dentro de su propio territorio. Sin embargo, en el Perú, cada región enfrenta una larga lista de proyectos de infraestructura paralizados o pendientes de ejecución, cuya realización es indispensable para reducir las brechas existentes y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de la población.
Entre los proyectos de infraestructura más importantes para la región Cajamarca se encuentra la construcción de la presa del río Chonta, una iniciativa propuesta desde mediados de la década de 1990 que tiene el potencial de resolver gran parte del actual problema de estrés hídrico en la región cuya gravedad se ha incrementado en los últimos años. Por un lado, el acceso al agua potable en Cajamarca se ha vuelto cada vez más restringido. En la ciudad de Cajamarca es común que durante algunos meses del año se produzcan cortes de suministro que se extienden por días enteros, afectando directamente la calidad de vida de los ciudadanos y limitando las actividades económicas. Por otro lado, el desabastecimiento no solo es un problema urbano, sino que impacta severamente la producción agrícola y ganadera por el restringido acceso al agua para riego.
Por esa razón, el proyecto de la represa Chonta ha generado por mucho tiempo altas expectativas respecto a su realización, básicamente porque se trata de un proyecto que permitiría almacenar grandes volúmenes de agua, beneficiando a más de 320,000 pobladores de la región, garantizando no solo el acceso al agua potable para la ciudad de Cajamarca sino el abastecimiento para el riego agrícola, fundamental para los productores locales. Recientemente se confirmó que el financiamiento se dará a través de una alianza público-privada entre el gobierno central, la Municipalidad Provincial de Cajamarca y la empresa Newmont y contempla una inversión de más de 500 millones de soles. En ese sentido, se ha planeado que para este año se elabore el expediente técnico en su versión final, para que posteriormente, en el año 2026 se inicien los trabajos de construcción. Se espera que esta vez la represa sea construida y no surjan impases que retrasen su ejecución, como ha ocurrido anteriormente.
A pesar de que el proyecto brindará un beneficio evidente para la población y el desarrollo de Cajamarca, existen posturas aisladas que se empeñan en frenar su realización. Una de las más recurrentes es la de Marco Arana, conocido por su oposición sistemática a proyectos mineros en la región, y que, al parecer, ha extendido esa misma hostilidad hacia la represa Chonta solo por ser justamente una empresa minera quién impulsa el proyecto. Para el exparlamentario, la construcción de la represa no sería una solución para Cajamarca, sino un supuesto mecanismo mediante el cual las empresas mineras ofrecen agua mientras “contaminan” cabeceras de cuenca. Durante los últimos años, Arana ha desplegado un arsenal de argumentos técnicamente débiles que iban desde la imposibilidad de destinar recursos públicos para el proyecto, pasando por la “innecesaridad” de grandes represas sino de pequeños embalses, hasta la supuesta intención de acumular sedimentos mineros en la represa. Sin embargo, estos argumentos, más que técnicos, son políticos, y en última instancia, cualquier objeción técnica podría debatirse y subsanarse sin necesidad de descartar por completo un proyecto como este. Para muchos, las críticas de Arana son solo un intento por capitalizar políticamente a partir de convertir la crítica en un fin en sí mismo a costa del beneficio colectivo de la población.
Más allá de todo afán político, es innegable que la represa del Chonta representa una oportunidad histórica para Cajamarca. Su construcción no solo mitigaría el problema de estrés hídrico y el crítico desabastecimiento de agua en la ciudad, sino que estimularía el potencial agrícola y ganadero de la región, y sentaría las bases para un desarrollo más equitativo. Para que esto sea posible, es fundamental que la ejecución del proyecto no sea paralizada y se logre terminar su construcción en el menor plazo posible. El agua no entiende de ideologías ni de banderas políticas; es un recurso vital que no puede entramparse eternamente en discusiones políticas mientras la población sufre las consecuencias de su ausencia. Cajamarca merece que su proyecto de infraestructura más emblemático pueda por fin hacerse realidad.
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