Andina

“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas,  sino que sabe lo que hay que hacer  y que lo hace.

Me gusta la gente con capacidad para medir  las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
 
Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos,  produce más que los caóticos esfuerzos individuales. Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe.
 
Me gusta la gente de criterio,  la que no traga las cosas,  la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que,  al aceptar sus errores,  se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente,  a éstos les llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente,  que no desfallece  cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata. Con gente como ésa,  me comprometo a lo que sea,  ya que con haber tenido esa gente a mi lado  me doy por bien retribuido”. (Mario Benedetti)

Sí, a mí también gusta la gente que se equivoca y es capaz de reconocer sus errores y no se cierra ciegamente en su orgullo.
Sí, a mí también me gusta la gente que ha tropezado, pero que no se resigna a seguir caída sino que acepta la mano amiga que quiere ayudarle a levantarse.

Sí, me gusta la gente, capaz de comprender al que ha fallado y no por eso lo margina sino que se acerca a él para ayudarle a comprender sus equivocaciones.
Sí, me gusta la gente, capaz de pecar pero también capaz de abrirse al perdón y a la reconciliación.
Sí, me gusta la gente que tiene la capacidad de aceptar la ayuda de los demás y no se siente humillada sino agradecida.
Sí, me gusta la gente que se deja corregir fraternalmente y tiende la mano al que le hace caer en cuenta de que ha fallado.
Sí, me gusta la gente que es capaz de mirar a su corazón y tomar conciencia de que pecó, pero da la mano a la mano que trata de ayudarle a salir del pozo.

Sí, me gusta la gente es capaz de expresar la dignidad del pecador mediante la corrección fraterna.
Sí, me gusta la gente que, en vez de airear los pecados del otro, le echa encima la capa de su caridad y lo protege de las críticas maliciosas y degradantes.
Sí, me gusta la gente que, en vez de murmurar y criticar lo malo de los demás, sabe comprender sus debilidades.
Sí, me gusta la gente que, cuando ve al hermano herido, tiene el suficiente amor para ayudarle a curar y sanar sus heridas.
Sí, me gusta la gente que, cuando ve al hermano que ha fracasado, no se ensaña contra él sino que le ayuda y le alienta con su comprensión.
Sí, me gusta la gente que, no hace leña con el árbol caído, sino que le brinda sus fuerzas para poder levantarse.
Sí, me gusta la gente que, no se aprovecha de mal de los demás, para hacerse noticia y mostrarse inocente en el grupo de amigos, sino que da la cara por ellos.
Sí, me gusta la gente que, en vez de murmurar por la espalda tiene la sinceridad de dar la cara y hablar y corregir amablemente al hermano.
Sí, me gusta la gente que puede contar en su haber no a los que ha destruido con sus críticas y murmuraciones, sino a los que ha ayudado a ponerse en pie y a caminar de nuevo con la cabeza erguida.

Y me gusta esta gente porque es la gente a la que Dios ama.
Porque es la gente que actúa y se comporta como Jesús con los débiles y pecadores.
Porque es la gente que no se siente más porque los demás son menos.
Porque es la gente que prefiere el amor al desamor, la comprensión a la rigidez.
Porque es la gente que construye, y no destruye.
Porque es la gente con la que siempre puedes contar, en las buenas y en las malas.
Porque es la gente que construye un mundo y una sociedad más humanos.

Clemente Sobrado C.P.
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