Lupe Maestre y Ricarte Cortez le dan una respuesta a tus problemas

La reciprocidad en la pareja es parte fundamental de una buena relación. Amar no es sacrificarse y anularse, es dar y recibir gozosos, de parte y parte, equilibradamente.
Morguefile-Clarita

Si hay dependencia, adiós individualidad. Saltarás al compás del otro, de sus necesidades, caprichos o sugerencias, a costa de ti mismo(a) o sin la menor autodeterminación: “Solo importas tú”.

Entregarse sin recato ni principios implica situar el control de la propia vida afuera y esclavizarse. ¿Qué otra cosa podría significar la tan sonada frase “Tus deseos son órdenes para mí”?

Los individuos que piensan de esta manera ponen todas sus facultades y recursos mentales al servicio de la persona amada y viven atentos(as) a cada una de sus señales y requerimientos, como si se tratara de una obligación ineludible.

Dar sin esperar nada a cambio acaba con cualquier relación de pareja humana y terrenal. Tarde o temprano te afectará dar y no recibir, a no ser que el otro(a) esté enfermo(a) o tenga una limitación incapacitante. Sin reciprocidad no hay vínculo que aguante o se mantenga en el terreno de lo saludable. “Todo lo que hago lo hago por ti, y nunca por mí”, no importa el tono en que lo digas, es falta de amor propio.

Actuar exageradamente en función del otro(a) y “ver solo por sus ojos” tiene, al menos, dos consecuencias negativas para la salud mental: a) dejar de tenerse en cuenta a sí mismo(a) y ubicarse en un segundo plano en la relación, y b) hacer que la pareja se acostumbre a recibir más que a dar.

Es sumamente complicado ser libre si solo se vive para complacer al otro(a). Lo que nunca debes perder es tu “punto de control interno”, es decir, la capacidad de hacerte cargo de ti mismo(a) y dirigir tu propia conducta. Estar atento(a) a ti mismo(a): quererte, cuidarte, autorreforzarte.

La solución está en desarrollar un pensamiento más constructivo, que sea de ida y vuelta: “Me ocupo de ti y también de mí”, “Pienso en ti y también pienso en mí”, “Te ayudo y también me ayudo”.

Tu vida no debe girar alrededor de tu pareja como si fueras un satélite atrapado en la órbita de un planeta. “Todo lo que hago lo hago por ti” esconde una falta de autorrespeto. Amar no es sacrificarse y anularse, es dar y recibir gozosos, de parte y parte, equilibradamente.

Tomado de: “Enamorados o esclavizados”, por Walter Riso. Editorial Planeta.

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Producción: Amelia Villanueva Ramirez