Testimonio en Chile: Anciana hambrienta se defiende contra ladrones

La mujer de ocho décadas sobrevivió al terremoto donde su hermano de 86 no corrió la misma suerte y falleció.
Foto EFE
Una camelia florecida, unas vides y un naranjo. Eso es todo lo que queda de la casa de Leonido Hil Castro.

Cuando su familia sacó al anciano de 86 años de debajo de los escombros, su cabeza estaba aplastada, su brazo tenía varias fracturas.

Lo enterraron el lunes en un cementerio que ahora está cerrado al público porque el fuerte sismo del sábado abrió las tumbas, dejando un hedor pútrido en el aire.

Con 80 años, la hermana menor de Leonido, María, que compartía la casa con él, estalló en lágrimas y se puso a temblar de manera incontrolada cuando volvió a pisar las ruinas de la antigua casa familiar.

"Algo me despertó, salté de la cama, estaba a oscuras, no podía ver nada, me arrastré hacia la puerta pero no la encontré de inmediato. Algo me tocó, luego alcancé la puerta y me tendí ahí, asustada".

"Apenas tuve tiempo de moverme, de lo contrario hubiera sido aplastada",  dijo, mostrando bloques del muro y vigas de madera del techo en su cama.

"Pero él era muy viejo y débil y no pudo andar o moverse rápido".

Mientras los 200.000 habitantes de esa ciudad del centro de Chile permanecían sin luz ni agua potable, sólo los puestos de flores en las calles estaban abiertos este martes, para abastecer a los numerosísimos funerales.

"La gente parece estar resignada, más que enojada", constató la vendedora Visitación Olate.

"¿Qué podemos hacer? La vida sigue".

Por ahora, la hermana de Leonido comparte una diminuta carpa en la calle con un grupo de ancianos damnificados, aterrorizados por las numerosas réplicas sísmicas -cuatro a cinco en la noche del lunes al martes- y temiendo que bandas de ladrones errantes les tomen lo poco que pudieron salvar de los escombros.

"Hacemos todo lo que podemos", aseguró a la AFP el general Bosco Pesse, que encabeza las operaciones de emergencia para los 250.000 habitantes de la región.

"Unas 600 personas fallecieron en esta zona, pero el balance podría alcanzar los 1.000 muertos".

Siete personas fueron detenidas la noche pasada en Talca por presuntos saqueos, agregó.

El lunes, un toque de queda de medianoche a la mañana fue decretado en la ciudad, a medida que el ejército se adentraba en esta región céntrica de Chile, la más afectada por el masivo sismo del fin de semana pasado, muchísimo más potente que el que devastó Haití en enero.

En todas las calles el terremoto arrasó las casas de la ciudad vieja, donde vivían María y Leonido y donde los sobrevivientes duermen ahora a la intemperie.

"Tenemos miedo, hay malas personas por ahí, entonces vigilamos nuestras cosas por la noche", se quejó Mario Saabedra, de 76 años, cuya esposa sufrió un ataque de diabetes en la madrugada.

Sin embargo, la anciana rechazó quedarse en el hospital, prefiriendo quedarse con los demás en la calle.

"No tenemos comida ni agua, y nadie, pero nadie, ha venido a por nosotros", lamentó.

"Entonces compartimos lo poco que nuestros parientes nos dieron, poniéndolo todo en un bote común para ayudarnos los unos a los otros", explicó Saabedra, registrando el montículo de escombros que alguna vez fue su casa y encontrando por una feliz casualidad una botella de cerveza.

"Díganle al mundo que necesitamos prendas de vestir, mantas, agua y comida".

En todo Chile, las víctimas del sismo y del consecutivo tsunami se quejan de que se los ignora y se los abandona a su suerte.

Pero en en el cuartel general del Ejército, el general Pesse afirmó que las tropas habían pasado de 500 individuos a 2.000 en tan sólo tres a cuatro días, para limpiar las carreteras, llevar comida y ayuda médica y buscar cadáveres a lo largo de los 200 kilómetros de costa afectados por el terremoto de magnitud 8,8 ocurrido el sábado.AFP