Monseñor Severo Aparicio, el obispo indígena del Cusco

El religioso, quien dejó de existir en la semana que pasó, se sentía identificado con José Maruri, cura de Asillo, uno de los principales colaboradores de la gesta de Túpac Amaru.
Arzobispado del Cusco (cortes

Monseñor Severo Aparicio Quispe, obispo auxiliar emérito del Cusco, fue enterrado el 8 de mayo, en la Cripta de la Catedral, situada debajo del Altar Mayor, junto a otros siete arzobispos y obispos, privilegio solo reservado a los más altos dignatarios de la iglesia católica cusqueña.

Cobra mayor relevancia saber que monseñor Severo Aparicio fue de origen indígena y siempre lo destacó y se sintió orgulloso de ello, reafirmando sus ancestros con una sonrisa amplia y franca y espetando a quien lo dudara con un “…soy un cura indígena a mucho orgullo, seguidor de los religiosos que apoyaron a Túpac Amaru…”.

Cura orgulloso de ser "indio"

Para no dudarlo, monseñor Aparicio fue considerado como uno de los más reconocidos historiadores de la Iglesia Católica peruana y su pluma ágil lo llevó a escribir más de 20 libros, donde rescató los hechos más importantes del catolicismo, desde la invasión española, hasta nuestros días.

“Severo Aparicio nunca olvidó sus raíces campesinas y por los diferentes países donde viajó siempre resaltó que tenía sangre india,” nos comenta el periodista Roberto Romero Arce. Recuerda además que él decía que “ ser indio es un motivo de orgullo para mí y no una afrenta y así lo expresaba  todas las veces que iba por Europa, Estados Unidos o América del Sur”, agrega.

Monseñor Severo Aparicio era un cura Qosqoruna, identificado con los religiosos como José Maruri, cura de Asillo en Puno y fue uno de los principales colaboradores de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru, esto me dijo en abril del 2003 en el Convento de La Merced, de Lima, asegura Romero.

Historiadores destacan su rol

Para Angel Avendaño Farfán, escritor cusqueño, monseñor Severo Aparicio tuvo “…una meticulosidad y veracidad en la historia religiosa digna de resaltar, al punto que es considerado uno de los más destacados de América en el ramo, hecho que debe ser considerado como una muestra de orgullo para los cusqueños…”.

El historiador José Tamayo Herrera, en su libro Historia del Qosqo, editado por la Municipalidad Provincial del Cusco, lo califica categóricamente como “…uno de los más fieles y rigurosos historiadores…”

Para quien se autodenominó cura indígena, la enfermedad no era impedimento para no celebrar la misa de Homenaje al Señor de Huanca, en la localidad de San Salvador, en su fecha central que es el 14 de septiembre y hasta algunos años antes de su muerte, lo hacía en castellano y en quechua.

Producción bibliográfica

Su vasta obra histórica y literaria se inicia con la tesis presentada para ordenarse sacerdote en septiembre de 1951, titulada El Cuento Peruano en el siglo XX, después haría obras como Influjo de Trento en los Concilios Limenses, su tesis doctoral intitulada Fray Melchor de Talamantes O. de M. y su influjo en la independencia de México.

Varios de sus libros como Devoción de la Virgen de las Mercedes en el Perú, Colegio San Pedro Nolasco de Lima, los Mercedarios en la Evangelización del Perú, siglos XVII y XVIII; Los Mercedarios en la Universidad de San Marcos de Lima, muestran su profunda identificación con la congregación en la que profesó sus votos.

La biografía de siete prelados cusqueños de la Colonia, donde da cuenta de la acción litúrgica de Fray Martín Vásquez, Vasco de Contreras, Fray Juan de Iturrizaga, Juan Bravo Dávila, Bernardo de Arbiza, Francisco Javier Aldazábal y otros.

Monseñor Aparicio dedicó un libro al obispo del Cusco, José Pérez Armendáriz, reconociéndolo como un precursor de la Independencia. Otro libro de monseñor Severo Aparicio fue El Clero y la Revolución de Túpac Amaru, donde dedicó sus mejores esfuerzos en auscultar las conductas de los religiosos que apoyaron o traicionaron el movimiento libertario.

El 8 de octubre de 1923, monseñor Severo Aparicio iba cumplir 90 años, pues nació, en el distrito de San Pedro, provincia de Canchis, departamento del Cusco, lugar donde cursó estudios de primaria y secundaria. No llegó a su cumpleaños, pero ahora desde la cripta de la Catedral cusqueña, descansa junto al arzobispo Luis Vallejos Santoni, al obispo José Pérez Armendáriz; y a los monseñores Eugenio Mendoza y Jara; Julián Ochoa y Jara; Juan Antonio Falcón y Felipe Santiago Hermoza y Mario Gálvez Tió.

Por: Adelayda Letona García

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