Empuñan un arma, apuntan, disparan y huyen. El sicariato en el Perú es un fenómeno reciente que ha cobrado atención por la crueldad del crimen y el reclutamiento de menores de edad. En julio del 2015, el Gobierno promulgó el decreto legislativo 1181, que incorporó el delito de sicariato al Código Penal. A cuatro años de que el sicariato se haya convertido en un delito autónomo, ¿cuál es el diagnóstico preliminar sobre este fenómeno criminal en el Perú?

Según el Registro Nacional de Condenas (RNC) del Poder Judicial, desde el 2015 hasta setiembre del 2019, solo hay diez sentencias condenatorias por sicariato en todo el país.

En este mismo periodo, y a nivel de investigaciones a cargo del Ministerio Público, se encontró que en total existen 152 casos abiertos por este delito, de los cuales 12 fueron judicializados. ¿Dónde están ubicadas estos casos mayoritariamente?

Lima alberga la mayor parte de los casos, con 22 investigaciones abiertas. Le siguen los distritos fiscales de Huaura (13), La Libertad (10), Piura (9), Tumbes (7), Cajamarca (7) y Huánuco (7). RPP Noticias accedió a estos registros, a través de una solicitud de Acceso a la Información.

El sicariato en el Perú. | Fuente: Margarita Naupari | RPP Gráfico

¿Qué se sabe del sicariato en nuestro país?

Según Wilson Hernández, investigador adjunto del Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE) y columnista de RPP, el sicariato es “un fenómeno difícil de captar en su entera dimensión” y lo poco que se sabe es “a partir de quiénes están recluidos”.

Los investigadores consultados para este informe coinciden en señalar que la particularidad del fenómeno del sicariato es que da sobre todo en la costa del Perú, principalmente en la costa norte. Hernández Breña considera a la ciudad de Trujillo como la “cuna del sicariato”.

“Mi impresión es que la mezcla del comercio y tránsito de la droga y la mutación de serie de pandillas a grupos más organizados es lo que ha agitado el ambiente”, indicó.

Aldo Pecho, antropólogo especialista en seguridad ciudadana del Instituto de Defensa Legal (IDL), apunta que los sicarios son contactados a través de organizaciones criminales o individuos que están inmersos en el mundo criminal. “Siempre es necesario un intermediario porque evita el contacto directo entre el que contrata y el victimario”, dijo y añadió que así se impide identificar al autor intelectual del asesinato, en caso el sicario sea detenido por las autoridades.

Cecilia Caparachin, antropóloga e investigadora en criminalidad, manifestó que las organizaciones criminales cada vez usan con más frecuencia a menores de edad. Si bien la especialista considera que el sicariato no está muy extendido, en comparación con otros países, “sí preocupa por cómo se ha venido sosteniendo en el tiempo y aunque sea poco a poco, ha venido creciendo”.

¿Qué ocurre en Huaura y en el norte del país?

Barranca y Huaral son las ciudades de Lima Provincias con las mayores tasas de homicidios, según los informes del Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad (CEIC). La primera tiene una tasa de 45.8 víctimas por cada 100 mil habitantes, mientras que la segunda tiene 28.2 por cada 100 mil habitantes. El promedio nacional es de 7.8. Ambas ciudades están muy por encima de la valla que establece Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual considera que, a partir de una tasa de homicidios de 10 víctimas por cada 100 000 habitantes, el problema se constituye como una epidemia.

Caparachin Puente realizó una investigación en Barranca cuando fue coordinadora del Observatorio Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia, para conocer la relación entre homicidios y sicariato.

“En Barranca, los homicidios están relacionados al sicariato, porque son las bandas delictivas las que se están enfrentando. Cuando se empieza con la tipificación, lo que nos contaban los fiscales es que ellos necesitan ciertas pruebas para tipificar como sicariato, pero nadie quiere testificar. ¿Por qué? Porque son bandas enemigas las que se están ‘ajustando cuentas’ por venganza, por territorio. Si uno mata a otro, nadie del otro lado va a testificar”, explicó.

El sicariato es un fenómeno que varía geográfica y socialmente. Mientras que en el norte chico de Lima puede estar asociado a la guerra entre bandas, en Trujillo tiene vinculación al cobro de cupos y la extorsión. 

“En Trujillo empezaron robando autos, cuando esto ya no les era lucrativo porque el mercado negro había sido intervenido, entonces robaban autos para pedirle dinero a la persona asaltada y así puedan recuperar su vehículo. Es así como va rotando. Una vez que ven que muchas personas pagaban para recuperar su vehículo, [las organizaciones criminales] cobraban para no robarles y para cuidar que otros no les roben”, contó Caparachin. “Si no pagaba, ahí empieza el sicariato, el ‘ajustar’ con la amenaza a la persona”, añadió.

Aldo Pecho sostiene que el sicariato llegó a Piura tras el desplazamiento de las organizaciones criminales de Trujillo. En la misma línea de Caparachin, el especialista del IDL afirma que el sicariato no solo ocurre por la pelea entre bandas, sino también existen casos relacionados a la venganza económica, política o el cobro de cupos.

“Los sicarios son multiusos. Son para todo tipo de amenaza de un grupo organizado o una persona. Forman parte del abanico de posibilidades de venganza, de rendición de cuenta. Son una especie de consultores del homicidio”, sostuvo Wilson Hernández.

Lima alberga la mayor parte de los casos, con 22 investigaciones abiertas. | Fuente: iStock | Fotógrafo:

El reto de la tipificación

Los antropólogos Pecho y Caparachin coincidieron en señalar que la tipificación de sicariato como delito autónomo ha significado una confusión y un reto para los fiscales y jueces al momento de interpretarlo, debido a que en el Código Penal también figura el delito de homicidio por lucro (artículo 108-1).

En el Código Penal, el delito de sicariato se define como aquel "que mata a otro por orden, encargo o acuerdo, con el propósito de obtener para sí o para otro un beneficio económico o de cualquier otra índole".

Antes de que el sicariato se vuelva un delito autónomo, era sancionado como homicidio calificado por lucro, es decir donde el móvil del asesino es obtener dinero u otro beneficio económico. Esta figura todavía subsiste hasta hoy en el Código Penal.

Para la abogada penalista Karin Fernández, estos dos delitos castigan conductas muy similares. “Ambas figuras penales regulan el uso de un tercero para que ejecute una conducta”, dijo.

El homicidio por lucro se castiga con una pena no menor de 15 años, mientras que el sicariato con una pena no menor de 25 años. Pese a que el delito se volvió autónomo en el 2015, el Poder Judicial solo tiene vigentes diez sentencias por este delito: 2015 (0), 2016 (1), 2017 (3), 2018 (1) y 2019 (5).

La abogada señaló que los jueces deberían utilizar criterios diferentes al momento de evaluar ambos delitos, pese a su similitud. “Hay que tener en cuenta que resulta un poco complicado marcar diferencias muy profundas, ya que estamos ante una conducta similar: matar a alguien por encargo”, señaló.

“Los jueces hacen su mejor esfuerzo para aplicar el delito de sicariato, pese a los inconvenientes. No tanto por los hechos, porque los hechos están y son inamovibles. Es la norma cuya interpretación se presta a que los hechos puedan calzar en una u otra figura legal”, manifestó Fernández.

¿Nuevas leyes y penas son la solución del problema? Especialistas apuntan a la prevención

Aldo Pecho señala que los esfuerzos en reducir las cifras de criminalidad vinculadas al sicarito deben enfocarse en la prevención, en lugar de la penalización, cuyos resultados disuasivos son menores, indicó.

“La intervención no tiene que ser netamente legislativa, sino preguntarnos qué cosa llevó a estos chicos a usar armas para matar y no tener mayor arrepentimiento. Ahí hay un tema de salud mental. Probablemente si nosotros tenemos mejores estrategias para identificar a chicos en primaria con alguna tendencia muy violenta se podría trabajar desde colegios con políticas públicas más efectivas”, sostuvo Wilson Hernández.

En esa línea, Cecilia Caparachin señaló que, dentro de la criminología, hay una vertiente de la teoría ecológica que señala que el entorno de los jóvenes o niños tiene mucho que ver al momento de naturalizar actos delictivos.

“¿Si tú eres del distrito de El Porvenir [Trujillo] sí o sí te vas a convertir en delincuente? Eso no es determinante, pero sí influye mucho. Entonces si sabemos que las condiciones en la que viven los menores están facilitando su ingreso al delito, las políticas públicas deben estar orientadas en la parte preventiva, es decir, llevar presencia del Estado de calidad”, explicó la especialista.

Sicarios en el Perú. | Fuente: iStock


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