El referéndum intenta modificar nuestro sistema judicial y nuestro modelo de representación política. | Fuente: Andina

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La evolución de nuestro país se lleva a cabo en tres dimensiones simultaneas e igualmente importantes: la lucha contra la corrupción, las reformas institucionales y la dinamización de la economía. Las políticas públicas que necesitamos deben tomar en cuenta esas tres dimensiones a la vez, porque no hay mejora posible del país si no se garantiza tanto el buen uso de los recursos públicos, como la creación de empleo y la adaptación de las entidades del Estado a las demandas de la sociedad. Por eso el referendo del domingo próximo puede ser el punto de partida de una nueva etapa de nuestra vida política. El referendo intenta modificar nuestro sistema judicial y nuestro modelo de representación política. La clave de la representación política es la vida de los partidos. Mientras que la primera pregunta tiene que ver con la administración de justicia, la segunda, tercera y cuarta tienen que ver con el papel de los partidos y la renovación del Poder del Estado que representa todos los sectores y todas las regiones: el Parlamento.

Sobre la reforma del financiamiento de los partidos

Los partidos no son solo mecanismos de participación electoral. Son sobre todo instituciones destinadas a promover la participación en la vida pública, reclutando y formando ciudadanos con vocación al servicio público. Es tarea de los partidos diseñar propuestas sobre nuestros problemas a partir de doctrinas y visiones que correspondan a las diferentes sensibilidades que caben en una sociedad democrática. Por eso es vital restablecer la confianza en los partidos políticos, percibidos hoy como agencias de empleo y de gestión de intereses privados, que reclutan a notables con el dinero necesario para financiar sus campañas. La segunda pregunta del referendo propone por eso una reforma del financiamiento de los partidos, estableciendo la obligatoriedad de la bancarización de toda donación. En otros países el Estado financia íntegramente los costos de las campañas, en particular los gastos de publicidad en medios de comunicación.

Sobre la reelección de congresistas

La tercera pregunta prohíbe la reelección inmediata de los congresistas, tal y como ya se practica con alcaldes y gobernadores regionales. Es probable que esta pregunta sea la que más adhesión despierte, aunque no por razones intrínsecas, sino por la pésima valoración de los actuales congresistas. Esta mala imagen es alimentada por la sensación de “blindaje” del que gozarían los congresistas favorecidos por la mayoría. En efecto, los casos en curso de Moisés Mamani, Edwin Donayre y Daniel Salaverry contribuyen a desacreditar la institución parlamentaria.

Sobre la reforma de la bicameralidad

La cuarta pregunta se refiere a la reintroducción de un sistema de dos cámaras en el Congreso. La mayoría de especialistas considera que una Cámara Alta o Senado junto a una Baja o Cámara de Diputados, como en la mayoría de los países democráticos, permite mayor reflexión y en consecuencia mejor calidad de leyes. Sin embargo, muchos electores desaprueban que se aumente el número de parlamentarios. El presidente de la República ha reiterado ayer su opinión favorable a votar “SÍ” a las tres primeras preguntas y “NO” a la cuarta, referida a la bicameralidad. Pero no porque Vizcarra se oponga a esta reforma en sí misma, sino porque cree que la mayoría aprofujimorista ha aprovechado de su formulación para modificar el mecanismo constitucional del voto de confianza, alterando el equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Cada ciudadano es libre de votar como mejor le parezca a cada una de las cuatro preguntas. Lo único obligatorio es acudir a las urnas, porque votar es la expresión propia de la democracia: el sistema en el que los ciudadanos escogemos libremente quién nos gobierna y bajo qué régimen institucional queremos ser gobernados.

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