Iniciativas ciudadanas. | Fuente: Andina

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El pensamiento político moderno surge del intento de definir el papel del Estado en la vida de los seres humanos. La función inicial de defender militarmente a la población se complejiza a partir del siglo XVI cuando se difunden las aplicaciones de las ciencias, se desarrollan las ciudades y se intensifican los intercambios comerciales. Todavía hoy nos orientamos en el espectro político en función de los límites que le atribuimos a la fuerza pública y al papel que reconocemos a la libertad de las personas. Libertad para pensar, para expresarse y para crear empresas. Algunas corrientes priorizan el orden público y otras temen que en nombre de ese orden público se interfiera en la vida privada. A lo largo del siglo XX hemos visto el despliegue de sociedades “totalitarias” que le atribuían al Estado “todo” el poder económico, político, cultural y moral. El comunismo soviético fue un totalitarismo de izquierda mientras que el nazismo fue un totalitarismo de derecha.

En el extremo contrario existen corrientes “libertarianas” que quieren reducir al mínimo el Estado, negándole por ejemplo el derecho exclusivo a batir moneda o a la vigencia de fronteras. El sentido común parece indicar que lo razonable es buscar una fórmula de compromiso que garantice la libertad y reconozca tareas básicas al Estado. Al menos desde Bismarck las sociedades modernas han aspirado a alguna forma de protección social, para garantizar que nadie muera de enfermedades curables y que tanto la infancia como la ancianidad sean protegidas.

Tiempos electorales

El período electoral que estamos viviendo es una buena ocasión para exigir a los candidatos compromisos claros. Los partidos políticos son las instituciones creadas por la modernidad para vehiculizar la participación de los ciudadanos en la vida pública. Aunque las ideologías atraen hoy menos que hace algunas décadas, hay temas que movilizan a vastos sectores, en particular los jóvenes: la equidad de género, el calentamiento global, la lucha contra la corrupción. Cada uno escogerá qué partido corresponde mejor a su interpretación de esos valores. La vitalidad de una democracia se expresa en la riqueza de sus instituciones y en la tendencia a forjar ideas basadas en conocimientos seguros y objetivos. Por eso debemos destacar algunas celebraciones que evidencian buenas relaciones entre iniciativas privadas y tareas públicas.

Un buen ejemplo es el aniversario de la Asociación Lima Cómo Vamos, surgida hace diez años para aportar informaciones precisas sobre las condiciones de vida en Lima y en las principales ciudades de nuestro país. Lima como vamos cuenta con el apoyo de la empresa UNACEM, de la Universidad Católica y del Grupo RPP.

Iniciativas

Otro buen ejemplo es la iniciativa Cocina con Causa, que ha consagrado el auge de una nueva generación de chefs que no se resignan a una paradoja de la vida peruana: el país con la mejor gastronomía de América Latina es también un país con índices vergonzosos de anemia. La empresa Repsol apoyó la iniciativa en Ventanilla, que hoy ha sido asumida por el Programa de la ONU para los Alimentos (PMA) y cuenta con el apoyo de un Consejo Empresarial y de los medios de difusión pública del Estado.

En el sentido contrario discurren los esfuerzos del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, CONCYTEC. Con apoyo del Banco Mundial el CONCYTEC ha lanzado su proyecto Aceleración de la Innovación y ofrece financiamiento a cien empresas que propongan innovaciones en la comercialización de sus productos. El plazo vence el próximo martes 12.

De una manera u otra, estamos siempre frente la creatividad de ciudadanos, asociaciones y empresas. Y también ante la capacidad promotora del Estado. En buena hora que se encuentren.

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