Destiny 2 llegó el 6 de septiembre para Xbox One y PlayStation 4, y recién el 24 de octubre se estrenó en PC. | Fuente: Activision

Hace tiempo que debí haber publicado este análisis, pero no me daba tiempo para redactarlo. Terminé Destiny 2 hace ya un tiempo, y esperaba seguir jugándolo por semanas, meses, años, tal vez. Pero el hype desapareció a los pocos días, cuando se acabaron los extras.

Destiny 2 (Xbox One, PC y PlayStation 4) ha dejado sensaciones disímiles entre quienes lo han probado, pero creo todos coinciden en que debe ser abordado como un título para ser jugado con amigos. Esto puede ser la diferencia entre el odio y la aceptación.

La campaña principal puede demandarnos entre seis y siete horas. | Fuente: Activision

Lo bueno
Destiny 2 confirma que Activision y Bungie tienen entre manos un universo rico, que puede mirar de tú a tú a cualquier saga de ciencia ficción. Lamentablemente, creo que este universo sigue contenido, sin explotar, sin mostrarnos lo vasto que puede ser.

En este universo contenido se desarrolla la historia de Destiny 2. Dominus Ghaul, emperador del Imperio Cabal, ataca a los guardianes y captura a El Viajero. Los guardianes sienten el golpe (se quedan sin luz y, por ende, sin poder), y se ven en la obligación de replegarse. Como era de esperarse, nosotros somos los elegidos para vencer al enemigo y restituir el statu quo.

La historia cumple, está bien narrada y es fácil de entender sí es que conoces los antecedentes (o sea, haber jugador el primer Destiny). El argumento también nos presenta un antagonista interesantemente construido, con motivaciones y conflictos, incluso con sus propias huestes.

A nivel jugable, Destiny 2 es redondo. El juego de es fácil control, al punto aún una persona sin mucha pericia en shooters puede terminar cumpliendo un papel decente. Pero esto no quiere decir que no haya profundidad ni variantes para los más exigentes.

Se reciclan movimientos, pero se agregan vistosos especiales dependiendo de nuestras clases (siguen los Titan, Warlock y Hunter) y sus respectivas subclases. Acá un detalle que algunos pueden considerar negativo: si eliges un tipo de peleador, no podrás cambiarlo. Para probar otro estilo, deberás crear otro avatar y empezar desde cero.

Siento que este juego nos da más opciones de exploración que su predecesor, ya sea con misiones secundarias o con encargos predeterminados, que nos llevan a escudriñar cada uno de los planetas a nuestra disposición. Además, en cada mundo aparecen eventos cada cierto tiempo, lo que asegura más cosas por hacer y completar.

Todo esto tiene un premio, que son las innumerables armas y armaduras. Al igual que con las clases, ya depende de cada uno encontrar su combinación favorita. Aparte están los potenciadores, que otorgan características y beneficios especiales a nuestro arsenal. Todo se puede ganar jugando, aunque desde ya te comento que la inversión de tiempo es considerable.

Los defensores de Destiny 2 suelen decir que el juego comienza recién al terminar la campaña, a la que la califican como “el tutorial” de lo que viene después. En parte, tienen razón, ya que tenemos los strikes (cinco en total, seis para los usuarios de PlayStation 4) y el raid, modalidades post campaña principal que traen consigo las mejores experiencias de todo el juego.

Esto se complementa con el multijugador competitivo, en el que equipos de cuatro guardianes se enfrentan en mapas. Hay varias modalidades, algunas más disfrutables que otras, pero en líneas generales considero que este apartado puede darnos muchas horas extra de juego.

La campaña principal tiene momentos realmente divertidos. | Fuente: Activision

Lo malo
El juego peca de continuista y de reciclarse en demasía. A nivel jugable, se ha pulido la fórmula, pero no tenemos algo que realmente marque una diferencia. Además, seguimos con las mismas tres clases de nuestra disposición, algo preocupante ya que estamos hablando de una secuela y, a priori, el mundo es inmenso.

Lo mismo pasa con los enemigos: pocas razas, pocas variantes. Como dije líneas arriba, Destiny es un universo contenido, con mucho potencial pero que se niega a mostrarse en todo su esplendor, tal vez por temor a mostrar de más, y quedarse sin ideas para futuras entregas.

Quería hablar de los strikes y el raid, pero esto lo dejo para la última sección del análisis.

El nivel de dificultad de la campaña es clamorosamente bajo, y esto se debe a la paupérrima inteligencia artificial de los enemigos. No me considero un gran jugador, pero la campaña la pasé casi sin morir y con pocos sobresaltos.

Acá hay otro elemento que refuerza el dicho de que la campaña es el tutorial del juego. Los verdaderos retos de Destiny 2 están en los strikes y en el raid, que demandan el máximo de nuestra pericia y coordinación con amigos para salir bien librados.

Cada planeta que visitamos es en sí un mapa inmenso, con muchos lugares por visitar. Pero todo se siente vacío, sin vida. Estamos ante amplias estepas en las que esporádicamente nos encontramos con enemigos por eliminar. Faltan ciudades, comunidades con sus propios enemigos y encargos, algo que nos sorprenda.

Se habló mucho de la inclusión de micropagos en Destiny 2. Los hay, aunque enfocados al aspecto estético. Los que siguen este blog saben que estoy en contra de esta política, que en otros juegos complota completamente contra la experiencia.

Jugar Destiny 2 en solitario es una experiencia sosísima. Necesitas un grupo de amigos para hacer team y afrontar coordinadamente las misiones. Acá el juego se luce, se hace muy atractivo. De lo contrario, solo queda la opción de sumarse a alguna partida o quedarse jugando el multijugador. Y esto indefectiblemente lleva al aburrimiento.

Este 5 de diciembre se estrenó la expansión de Destiny 2, llamada Curse of Osiris. | Fuente: Activision

Lo feo
“El juego empieza después de la campaña”, “la campaña es el tutorial”, repiten los defensores de Destiny 2. Pero, ¿cuánto de más hay después de la campaña? Valgan verdades, no mucho. Tenemos cinco strikes (seis, si tenemos una PlayStation 4) y un raid. Huelga decir que tenemos los Nightfall Strikes, que no son otra cosa que los strikes con alguna que otra variante para hacerlos más complicados. Pero tampoco es que sea alto realmente nuevo.

De ahí tenemos el raid, que puede considerarse un gran extra, una campaña que nos puede demandar varias horas para completar. Sin embargo, para llegar al nivel necesario para poder superar este raid necesitas ganar nivel, y para hacerlo tienes que pasar y repasar los strikes (¿recuerdan que dije que el juego se recicla mucho?) o pasar horas en el multijugador.

Pero una vez terminado el raid, no hay nada más en el horizonte, salvo repetir hasta el cansancio misiones ya completadas. Acá es donde Destiny 2 coquetea peligrosamente con los DLC, ya que es la única vía de ampliar la experiencia, para hacerla sostenible en el tiempo. De hecho, este 5 de diciembre llegó la primera expansión, Curse of Osiris, que nos trae más strikes y “una nueva actividad” en el raid ya existente.

Conclusión: Destiny 2 no es un mal juego. Tiene una campaña interesante y un multijugador atractivo como para tenernos enganchados por un tiempo. Sin embargo, el contenido post campaña -los strikes y el raid, principalmente- no es tan rico como nos lo pintan, al punto que en pocos días podemos haber visto todo lo que Destiny 2 tiene para ofrecernos. Claro, si es que no pasamos por caja para comprar las expansiones.

Y ustedes, ¿ya jugaron Destiny 2?, ¿qué opinan del nuevo juego de Activision y Bungie?

0 Comentarios
Valora la nota:Lo bueno, lo malo y lo feo de Destiny 2
¡Excelente!
Valoración Total
5/5
¿Qué opinas?