Dying Light 2 Stay Human se estrenó el pasado 4 de febrero en distintas plataformas. | Fuente: Techland
Más Consolas

Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

El primer Dying Light (2015) fue uno de los videojuegos que más me llamó la atención en los primeros años de la pasada generación, ya que aprovechaba el poderío técnico de las entonces nuevas consolas para presentarnos un detallado mundo abierto, en el que debíamos hacer frente a una infestación zombi, pero también a los sobrevivientes de la tragedia -los humanos-, quienes paradójicamente eran los verdaderos 'monstruos’ de la historia.

Fue un videojuego que, lamentablemente, no tuvo el marketing y la promoción de otras sagas, por lo que no llegó a todos. Terminó siendo uno de esos videojuegos que muchos reconocen, pero que no tantos han jugado.

Por ello, me emocionó particularmente que el estudio polaco Techland haya anunciado (en el E3 2018, si mal no recuerdo) que estaba trabajando en la secuela. Hoy, después de varios años de desarrollo y algunos retrasos, por fin tenemos en el mercado Dying Light 2 Stay Human. ¿Está a la altura del primero?, ¿vale la pena la inversión? Tras haber completado la campaña, los invito a leer mi análisis.

Lo bueno

Lo mejor de Dying Light 2 Stay Human, de lejos, es su planteamiento jugable, mucho más pulido y con mayores opciones que en la primera entrega. El control de personaje es magistral, con movimientos ágiles, versátiles, con ese enfoque al parkour tan satisfactorio, que convierte al escenario en un auténtico parque de diversiones, en el que tenemos muchísimas opciones para desplazarnos.

Esto se complementa con el sistema de combate, en el que no solo tenemos armas de corta y larga distancia, sino que contamos con mecánicas más profundas, como esquives, contragolpes y hasta cadenas de ataques. Todo esto, claro está, se va potenciando a medida que vamos ganando habilidades y poderes especiales.

Esto me da pie a hablar del llamativo sistema de progresión de Dying Light 2 Stay Human: tenemos hasta tres vertientes de progresión muy bien integradas. La más básica es nuestro nivel de personaje, que emulando al género RPG nos restringe de áreas a las que ingresar sería un suicidio. Ergo, si nuestro personaje tiene nivel 2, debemos alejarnos de áreas de nivel 5, por poner un ejemplo.

La segunda vendría a ser el contador de inhibidores (que encontramos en distintas zonas del mapa). Según el lore de Dying Light, estos fármacos permiten mejorar nuestro sistema inmune al virus Harran, el culpable del apocalipsis zombi. Estos inhibidores los podemos distribuir de dos maneras: habilidades de pelea y habilidades de parkour.

Esta vendría a ser la tercera vertiente: acá iremos desbloqueando mejores habilidades y poderes, como golpes especiales o contraataques (habilidades de pelea); o aguantar caídas desde alturas mayores o poder correr por las paredes (habilidades de parkour).

Suena un poco complicado, lo sé, pero en verdad una vez pasado el proceso de aprendizaje, todo fluye con naturalidad.

También tenemos diversos ítems y armas especiales, como ganzúas (para abrir cofres y puertas), bombas molotov, granadas, minas, que podemos mejorar; así como potenciadores de nuestras armas (como agregarle efectos eléctricos, por poner un ejemplo), también mejorables.

Como buen mundo abierto, Dying Light 2 Stay Human cuenta, aparte de las misiones de campaña, con su buena dosis de misiones secundarias, en las que podemos conocer historias paralelas que se desarrollan en este mundo postapocalíptico. Si bien no todas son memorables, me encontré con un buen puñado de estas historias que realmente vale la pena destacarse: muy bien estructuradas y con desenlaces emotivos.

Tal como en el primer Dying Light, en esta secuela el mapa se parte en dos: en la primera sección, acorde con nuestras incipientes habilidades, estamos en una urbe con casas de no más de tres pisos y pocas edificaciones elevadas; pero en la segunda, ya cuando hemos ganado nivel, todo cambia, llevándonos a una sección llena de edificios altos y rascacielos. El contraste es notorio, pero cada área tiene su encanto y nivel de dificultad.

Un tema bastante subjetivo es la duración de Dying Light 2 Stay Human. Particularmente, acabé la campaña en poco más de 40 horas, debido a que invertí buenas horas en misiones secundarias. Sin embargo, creo que, si nos enfocamos solo la campaña, la duración podría caer hasta la mitad. Eso sí, si eres de los que busca completar todas las misiones y liberar el mapa en su totalidad, fácil podrías invertir un centenar de horas.

El juego te da la opción de jugar en cooperativo hasta con tres personas vía online. Es una alternativa interesante, ya que nos permite cooperar con amigos para realizar las distintas misiones y encargos.

Los efectos de sonido son satisfactorios, y la música ha sido correctamente seleccionada: aparece solo cuando es necesario. En la misma tónica, el trabajo de los actores de voz (en inglés y en español) es más que cumplidor.

Un detalle que quiero destacar es que Dying Light 2 Stay Human llega localizado al español latinoamericano con una gran adición: hay sincronización del movimiento de los labios. El único gran ‘pero’ acá es que en muchas secciones se cortan los diálogos, algo que empaña completamente la experiencia.

Lo malo

El nivel de dificultad de Dying Light 2 Stay Human es bastante ‘amigable', si vale el término. No sentí un reto mayúsculo en el nivel Normal, al punto de haber acabado la campaña con menos de 20 muertes (la mayoría por caídas desde los edificios).

Esto se debe a que los zombis son mucho menos agresivos que en el primer Dying Light. Ahora son, en su mayoría, lentos y torpes. Hay algunas clases de zombis más complicadas, pero para ello tenemos un nutrido arsenal e ítems que nos permitirán salir bien librados de los enfrentamientos.

Un tema que me decepcionó sobremanera es el ciclo día/noche. En el primer juego, salir de noche era todo un reto (y hasta miedo daba), ya que los zombis eran mucho más agresivos y aparecían clases especiales realmente molestas. En cambio, en esta secuela la diferencia es apenas perceptible.

A nivel argumental, se siente una desconexión respecto al primer Dying Light, esto debido a que entre el primer juego y la secuela hay una expansión llamada The Following, en la que conocemos el destino final de Kyle Crane. En Dying Light 2 Stay Human, se da por entendido que has jugado la expansión y, por ende, sabes qué ha ocurrido con el anterior protagonista.

Es paradójico que Dying Light 2 Stay Human solo utiliza a The Following como un recurso argumental, pero no implementa algunas de las mecánicas jugables implementadas en la expansión, como la conducción de vehículos. En esta secuela, nos olvidamos de que los coches se pueden conducir. ¿Será que estas opciones llegarán con las ya anunciadas expansiones?

Otro elemento ausente en la secuela es la creación de armas: ahora las encontramos ya hechas en distintos puntos del mapa (o como recompensa por haber completado una misión) o las podemos comprar en las tiendas. Esta es una ausencia que lamento sobremanera, ya que uno de los puntos llamativos del primer Dying Light era poder crear armas y repararlas a medida que se iban gastando. Ahora, en la secuela, no se pueden reparar, por lo que tendremos que desecharlas cuando se gasten.

A nivel gráfico, el juego apenas cumplidor. Yo probé la versión de PlayStation 4 y siento que hay juegos de mundo abierto que tienen un mejor desempeño en las viejas consolas. Sé que las mejores prestaciones están en la next-gen; pero actualmente la mayoría de jugadores (pese a quien le pese) está en los viejos dispositivos, por lo que se debe prestar especial atención a estos.

Finalmente, debo cuestionar la gran cantidad de glitches y bugs que me encontré a lo largo de la campaña. No solo hay errores curiosos y anecdóticos (caras raras, elementos flotantes, etc.), sino también algunos que nos pueden sacar de la experiencia y hasta aquellos que ponen en peligro nuestro avance. Por ejemplo, de un momento a otro, mi juego entró en un bucle de errores, que se repetían incluso después de haber muerto en campaña. Afortunadamente, desinstalar y volver a instalar el juego me permitió retomar mi partida, pero el miedo de haber tirado al agua más de 25 horas de campaña estuvo latente.

Lo feo

Lo que más me decepcionó de Dying Light 2 Stay Human fue su historia. Si bien la premisa es harto interesante, el desarrollo de la historia me pareció plano, con giros argumentales predecibles y algunas situaciones inverosímiles (enemigos que se vuelven amigos por la magia del guión, por poner un ejemplo).

Esto sin mencionar que el final, desordenado y atropellado, termina siendo decepcionante desde cualquier punto de vista. Hay opciones que nos llevan a varios destinos (aunque principalmente hay dos o tres caminos principales), pero realmente no se siente una radical diferencia entre ellos.

Conclusión:

Terminar Dying Light 2 Stay Human me dejó sensaciones encontradas. Disfruté muchísimo su apartado jugable, con este enfoque hacia el parkour tan satisfactorio; pero la historia y el desenlace me dejaron más de un sinsabor. El mapa es inmenso, con decenas de cosas por hacer; pero no siempre más es mejor; y llega un momento en el que tanta masividad hace que la experiencia se haga dispersa, sin cohesión. Siento que lo que ha salido al mercado tiene amplio margen de mejora, y acá entra a tallar el historial de Techland: es un estudio que nunca ha dejado abandonados sus proyectos, implementando mejoras y más contenido a lo largo de los años; y no dudo que este videojuego seguirá la misma línea. Por ello, mi sugerencia es jugar Dying Light 2 Stay Human, pero no ahora, sino más adelante. De momento, aprovecha en jugar la primera entrega y su expansión, que son sumamente recomendables.