No Straight Roads se estrenó el pasado 25 de agosto para PlayStation 4, Xbox One, Nintendo Switch y PC. | Fuente: Metronomik
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Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

Los gustos musicales son siempre un tema de debate bastante espinoso, ya que difícilmente dos personas están de acuerdo en sus preferencias. Estas diferencias suelen ventilarse en las redes sociales, con comentarios y memes en los que cada uno toma partido por su género favorito. No Straight Roads apela a este tema como combustible para su peculiar historia.

Este videojuego es la opera prima del estudio independiente malasio Metronomik, encabezado por los primos Daim Dziauddin y Wan Hazmer. Ojo que no estamos ante ningunos novatos de la industria, ya que Dziauddin fue concept artist de Street Fighter V, mientras que Hazmer fue game designer de Final Fantasy XV.

¿Estamos ante una propuesta recomendable? Los invito a leer este análisis.

Lo bueno

La historia del videojuego es bastante peculiar. Todo empieza con los roqueros Mayday y Zuke preparándose para participar en un concurso organizado por la empresa musical No Straight Roads (NSR). El premio: pertenecer a este sello y grabar un álbum. Ese es el sueño del dúo protagonista, que forma la carismática banda Bunk Bed Junction.

Tras una sección a modo de tutorial, en el que nos familiarizamos con los controles, conocemos a la antagonista, Tatiana, mandamás de NSR, quien nos descalifica del certamen debido a que considera al rock ya pasó de moda. Este es el gatillazo de partida de No Straight Roads, con Mayday y Zuke emprendiendo una cruzada por reivindicar al rock frente a los géneros vigentes.

El objetivo del juego es enfrentar a los artistas más representativos de NSR, con lo que aumentará la popularidad de Bunk Bed Junction y, por ende, la del rock.

Si bien la premisa plantea, a priori, una mera reivindicación del rock, la historia se anima a ir más allá en ciertos aspectos. Por ejemplo, NSR no solo es un sello discográfico, sino también la empresa que rige los destinos de Vinyl City, la ficticia ciudad donde se desarrollan los acontecimientos del juego. Sin querer queriendo, Mayday y Zuke encabezan una revolución que va más allá de la música para cuestionarse, incluso, el dominio de la empresa sobre los destinos de la urbe.

La historia está cargada de mucho humor, no solo en las cinemáticas, sino especialmente en los diálogos de Mayday y Zuke con los distintos bosses. De hecho, entre los jefes, hay una jocosa parodia a las boy bands de moda.

Y ya que menciono a los bosses, debo resaltar estos enfrentamientos. Todo el juego es prácticamente un boss rush, con peleas extensas y variadas. Cada combate es desgastante y cambiante, por lo que debemos saber manejar nuestros recursos y aprovechar los puntos débiles de estos enemigos para lograr la victoria.

La propuesta artística, colorida y exagerada, me gustó mucho. El diseño de personajes y enemigos, caricaturesco y sobrecargado, terminó calzando a la perfección en este lienzo estridente desarrollado por la gente de Metronomik. Nada que objetar en este apartado.

La música de No Straight Roads tiene mucho protagonismo. Desde el menú estamos acompañados con temas ágiles, pegajosos, variados. Acá destaco la música que acompaña a cada jefe, ya que les otorga a estos una personalidad propia y bastante definida.

Lo malo

La propuesta jugable de No Straight Roads no me terminó de convencer. Estamos ante un juego de acción y aventura rítmico, en el que, en teoría, los enemigos nos atacan siguiendo patrones musicales. Esto apenas ocurre en ciertos segmentos, quedando todo reducido a un desangelado hack and slash con pinceladas de plataformeo.

La jugabilidad de Mayday y Zuke está ligeramente diferenciada. La primera, guitarra en mano, tiene movimientos más lentos, pero poderosos; mientras que el segundo, el batero de la banda, tiene ataques veloces, pero más débiles. Fuera de esta diferenciación, el control de ambos personajes es prácticamente el mismo.

Acá otro gran problema de la propuesta jugable: apenas toca la superficie de un hack and slash. Mayday tiene un pobre set de ataques, limitándose su única variante a mantener presionado el botón de ataque para lanzar un golpe más poderoso. Lo mismo pasa con Zuke, con unos combos planos que consisten en presionar el botón de ataque varias veces, para finalizar con un remate. Todo muy monótono y repetitivo.

Tal como adelanté, No Straight Roads es prácticamente un boss rush, en el que debemos enfrentarnos a todos los representantes del sello musical NSR. Antes de cada batalla, hay unos segmentos cortos en los que combatimos a pequeños enemigos. Estos combates son poco inspirados y demasiado repetitivos, con unos enemigos que tienen patrones tan repetitivos y predecibles, que terminan siento más un estorbo que un reto significativo.

Entre pelea y pelea, podremos movernos entre los distintos distritos de Vinyl City, para interactuar con distintos personajes de la ciudad, así como para obtener objetos coleccionables. Estas secciones son bastante parametradas, sin mucho por descubrir. Son un pobre interludio hasta llegar al siguiente boss.

No Straight Roads presenta algunos fallos técnicos, como ciertos bajones en la tasa de frames y algunos congelamientos repentinos para que se carguen segmentos del mapa (en las secciones del mundo abierto). Asimismo, los tiempos de carga los sentí algo elevados.

No Straight Roads no destaca precisamente por su duración. Yo acabé la campaña en poco más de cinco horas, ya que apenas son seis bosses (con uno opcional), con un nivel de dificultad bastante discreto. Eso sí, cada vez que derrotamos a un jefe, podemos repetir el enfrentamiento con un nivel de dificultad más elevado. En los niveles más elevados, la cosa se pone interesante, ya que debemos derrotarlos con parámetros específicos y, en algunos casos, los enemigos tienen ataques nuevos.

Lo feo

No Straight Roads llega doblado a varios idiomas, lo cual es algo remarcable. Pese a ser un proyecto indie, hay bastante esfuerzo para localizar el juego a distintas lenguas, como inglés, francés, español y hasta japonés. Tremendo esfuerzo e inversión por parte de la gente de Metronomik.

El problema es que el doblaje en nuestro idioma está localizado para España, pero sin una mínima pisca de neutralidad: el doblaje y los subtítulos en español están plagados de expresiones y jergas propias del país europeo al punto que hace difícil incluso la comprensión por alguien que no es de ellá.

Hubiera sigo genial implementar un doblaje más neutro o, en todo caso, incluir la alternativa de doblaje latinoamericano. Pero creo que esto último sería pedirle demasiado a un estudio independiente.

Conclusión:

Hay segmentos de No Straight Roads que me gustaron, y mucho, como los mencionados enfrentamientos contra los bosses, prolongados y variados (rejugar estos combates en los niveles más elevados es un reto muy recomendable). Asimismo, la música, gran protagonista de todo el producto, tiene un sello distintivo. El problema de No Straight Roads es que no aterriza su propuesta jugable, que se queda apenas en la superficie de varios géneros. Los pequeños segmentos antes de los jefes son prueba de ello: monótonos y aburridos. No Straight Roads tiene mucha personalidad en varios aspectos, pero termina siendo extremadamente genérico y predecible en otros.