Resident Evil: Welcome to Raccoon City se estrenó en cines a fines del año pasado, pero acaba de llegar a HBO Max. | Fuente: Sony Pictures Releasing
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Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

Acaba de estrenarse en HBO Max (llegó a cines a fines del 2021, pero no tuve la oportunidad de verla) Resident Evil: Welcome to Raccoon City, la nueva adaptación cinematográfica de la popular saga de survival horror de Capcom, la primera después de los cuestionables filmes protagonizados por Milla Jovovich.

Desde que vi los tráileres, a mediados del año pasado, tenía pocas expectativas por esta película, aunque recuerdo haber destacado que había cierto respeto por los videojuegos (algo que no tuvieron los filmes de Paul W. S. Anderson). Sin embargo, una vez visto el producto final, puedo decir que Welcome to Raccoon City es mucho peor de lo que esperaba.

Para ser justos, empezaré hablando de lo positivo de la película. Para comenzar, todos los protagonistas son extraídos de los videojuegos. No existe algún personaje sacado debajo de la manga para darle un protagónico (cof cof Milla Jovovich cof cof); y estos, en su mayoría, son identificables por sus vestimentas características.

De igual forma, hay locaciones extraídas directamente de los videojuegos, como el Departamento de Policía de Raccoon City o la mansión Spencer. Otra cosa que me gustó fue el soundtrack de la película, con canciones de Journey, Bonnie Tyler, The Cardigans, entre otros. Lamentablemente, esto es lo poco que puedo destacar del filme.

Al ser una adaptación cinematográfica, puedo perdonar que se hayan tomado licencias argumentales, como contar el origen de los hermanos Chris y Claire Redfield en un orfelinato, o que algunos personajes (como Albert Wesker o Jill Valentine) tengan un origen y personalidad distintos al de los videojuegos; pero el director y guionista Johannes Roberts (primera vez que veo algo de su autoría) ya exageró con Leon S. Kennedy, quien pasa de ser uno de los emblemas de la saga a un auténtico pelele, objeto de burla por parte de sus compañeros.

El argumento en general está plagado de groseros huecos argumentales imposibles de llenar para un espectador que no haya jugado los videojuegos. Pero también hay vacíos que ni con esa información se entienden, como el papel que desarrolla Lisa Trevor en toda la trama. Este tipo de problemas se ven en toda la película, ya que el director y guionista trató de sumar referencias de los videojuegos, pero muchas veces sin importarle si eso tenía sentido para la historia que estaba tratando de contar.

Por ejemplo, se metió con calzador una cinemática en la que se ve a Alfred y Alexia Ashford, de Resident Evil – Code: Veronica, sin dar siquiera una explicación al espectador. Lo mismo con la aparición de Hunk, quien solo hace un cameo en cámara lenta para generar -asumo- emoción en los fanáticos de los videojuegos.

Las ya mencionadas locaciones de los videojuegos fueron totalmente desaprovechadas, sirviendo -en uno de los casos- para mostrarnos la ineptitud de Leon: [Spoiler] el agente está completamente dormido en la recepción de la estación de policías, mientras un tráiler conducido por un zombi (otra referencia con calzador) se dirige a toda velocidad. El camión se vuelca y estrella a metros de la estación haciendo un ruido ensordecedor, pero Leon sigue durmiendo como si nada [Fin del spoiler].

Así podría seguir enumerando escenas torpemente ejecutadas, con actuaciones realmente flojas (no se salva ni el usualmente competente Neal McDonough como William Birkin) y diálogos poco creíbles. Y a esto le sumaría unos efectos especiales bastante baratos, por no decir otra cosa. Sé que es una producción de bajo presupuesto (unos 25 millones de dólares), pero creo que se pudo invertir mejor el dinero.

Tal como digo en el título de este post, Resident Evil: Welcome to Raccoon City logró lo impensable: que termine viendo con buenos ojos las películas protagonizadas por Milla Jovovich. Estamos, de lejos, ante la peor adaptación al cine de Resident Evil y, por méritos propios, en una de las peores películas basadas en videojuegos de la historia. ¡Y amenaza con tener secuela!