Detroit: Become Human llegó al mercado este 25 de mayo, en exclusiva para PlayStation 4. | Fuente: Quantic Dream

Los juegos de Quantic Dream pueden gustar o no, pero es innegable que todos tienen su propia identidad. Es difícil encontrar algo similar en el mercado, y la nueva apuesta del estudio francés, Detroit: Become Human, sigue esta senda.

Yo pensaba que tras el discreto Beyond: Two Souls, David Cage iba a tomar otro rumbo y tratar de explorar nuevas formas de narrativa. Sin embargo, Detroit apuesta por la misma fórmula de los anteriores juegos, con algunos matices que detallaré en el análisis.

El apartado gráfico de Detroit: Become Human es sobresaliente. | Fuente: Quantic Dream

Lo bueno

Quantic Dream lleva al jugador al año 2038, a un futuro en el que el hombre ha desarrollado androides para su servicio. Esto, sin embargo, trajo consigo un problema: estos robots son tan desarrollados que han llegado a suplir a los humanos en diversos trabajos. Esto, como se pueden imaginar, se tradujo en desempleo.

Hay resentimiento contra los androides, pero también gente que los acepta y considera que los humanos deben adaptarse a su existencia. En este ambiente, empiezan a aparecer divergentes, androides que empiezan a mostrar emociones, a evolucionar, si es que cabe la expresión.

Con esto de telón de fondo, nos presentan a los protagonistas de este juego: Markus, Connor y Kara. Los tres androides afrontan la crisis divergente desde distintos frentes, los cuales no revelaré para no malograr la experiencia de juego.

Detroit: Become Human se cuenta a través de capítulos en los que intercalamos entre protagonistas, y en los que tenemos diversas opciones para afrontar una misión.

Si bien la ambientación y la premisa de la historia es interesante (pese a que es un tópico ya abordado en novelas y filmes), hay problemas en la ejecución del guion. Este punto lo detallaré más a fondo en la siguiente sección del análisis.

Con cada entrega, Quantic Dream ha mostrado una constante búsqueda de realismo a nivel gráfico. Y con Detroit han vuelto a elevar el listón. Es abrumador el trabajo realizado en capturar los gestos de los personajes, sus movimientos, su interacción con el entorno.

La ambientación del Detroit de 2038 es bastante ‘realista’, si cabe la expresión. La representación de las edificaciones, de los vehículos, de la ropa de la gente, no es exagerada ni inverosímil si pensamos en un futuro cercano.

Hay detalles que encuentro intrigantes, como la presencia de Chloe en el menú principal. Este androide nos hará preguntas, nos someterá a encuestas y hasta nos gastará bromas cada vez que esté en pantalla. De igual modo, cada vez que terminemos un capítulo podremos ver el porcentaje de jugadores que tomó las mismas decisiones que nosotros.

Uno de los puntos fuertes del juego es su banda sonora. La música ambiental es precisa, muy bien elegida para subrayar lo que ocurre en pantalla. Acá se ve una evolución marcada respecto a entregas anteriores, en las que la banda sonora era mera comparsa.

El trabajo de los actores de doblaje es sobresaliente, creíble, tanto en inglés como en español latinoamericano. Eso sí, en nuestro idioma, hubiera preferido que eviten algunos modismos mexicanos.

El diseño del Detroit futurista está muy bien conseguido. | Fuente: Quantic Dream

Lo malo

Las decisiones que tomamos tienen su impacto en la historia, y estas nos pueden llevar a diversos desenlaces. Esto es harto saludable, ya que garantiza rejugabilidad, para poder descubrir todos los finales.

Sin embargo, no todas las acciones que tomamos tienen un impacto realmente significativo en el argumento. Hay varios capítulos de relleno y secuencias innecesarias, que pueden ampliar la experiencia, pero que no aportan realmente en la construcción de la historia.

Además, sigo viendo en las historias de Cage muchos clichés y lugares comunes, como si tratara de emular películas de Hollywood. También me he topado con diálogos inconsistentes, poco creíbles, aunque esto no es una constante, felizmente.

Quienes han jugado un título de Quantic Dream, saben a lo que se enfrentan: una jugabilidad basada en quick time events (QTE), toma de decisiones, un avance pausado, en el que la narrativa es lo más importante. Saludo ese espíritu, pero ya estamos ante el tercer juego que repite la fórmula. Me gustaría ver al estudio galo explorando otros géneros.

Una implementación en la jugabilidad de Detroit: Become Human es la posibilidad de ver, al final de cada capítulo, un diagrama con las distintas opciones que tomamos, así como las que dejamos y lo que podría haber ocurrido. Si bien algunos pueden destacar esto, yo creo que estropea totalmente la experiencia, ya que basta rejugar el capítulo con esta suerte de guía en mente para llevar la historia por otro camino.

Detroit: Become Human sigue la fórmula de los anteriores juegos de Quantic Dream. | Fuente: Quantic Dream

Lo feo

El reto de pasar Detroit: Become Human es casi inexistente. En las peleas casi no hay castigo por fallar en la ejecución de comandos, y si nuestras acciones nos llevan a perder un personaje, basta reiniciar el capítulo para tomar otro camino, y listo.

Tal como dije líneas arriba, creo que Quantic Dream ya debe replantearse el enfoque de la jugabilidad de sus títulos para hacerlos más retadores, tal como ocurrió con Indigo Prophecy, mi favorito del estudio francés.

Conclusión: Detroit: Become Human consolida la fórmula de Quantic Dream. La historia, pese a no ser algo novedosa, llega a enganchar, y las opciones que tomemos nos puede llevar a varios desenlaces. Si eres fanático de los juegos del estudio francés, Detroit no te decepcionará. Si no estás familiarizado con los juegos de la compañía, mi recomendación es probar la demo gratuita disponible en la PlayStation Store.

Y ustedes, ¿ya jugaron Detroit: Become Human?, ¿qué expectativas tienen en este juego?

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