Sekiro: Shadows Die Twice es, por momentos, un ‘boss rush’, con decenas de jefes y subjefes que enfrentar. | Fuente: FromSoftware / Activision

Hace una semana terminé Sekiro: Shadows Die Twice (acá el análisis respectivo), unos de los mejores videojuegos del año y serio candidato a GOTY 2019. Todo este hype por el juego de From Software y Activision me ha llevado a redactar este post, en el que quiero compartir mi particular listado de los bosses más difíciles, los que me obligaron a reiniciar la partida más veces.

En el listado, debo reconocer, estoy incluyendo jefes y subjefes, ya que la diferenciación entre ambos no es del todo clara: ¿jefes son solo los que te dan un recuerdo?, ¿solo los que te dan un trofeo? Para evitar discusiones bizantinas, el listado incluye de todo un poco.

Antes de empezar, dos advertencias: la primera, aunque obvia, es que este post está lleno de spoilers, así que, si no has terminado Sekiro, deja de leer y regresa cuando lo hayas completado. Y la segunda es que el juego lo terminé sin ver tutoriales o guías, por lo que tuve que descubrir cómo vencer a un rival con mucha prueba y error (respeto a quienes apelan a estas ayudas, pero particularmente prefiero descubrir las cosas por mi cuenta).

10. Armored Warrior

Es una pelea atípica en Sekiro. Debo admitir que no es en exceso complicada. Sin embargo, me llamó la atención la forma en la que debes de ultimar al Armored Warrior. Su armadura es tan férrea que no le bajas la barra de vida, y cuando le rompes la postura y le haces el finisher, se reincorpora a los segundos. Yo me desconcerté cuando pasó y pensé que tenía que seguir machacándolo hasta que, en una de esas, muera. Sin embargo, eso no ocurría. Hasta que me di cuenta que mis finishers lo hacían tambalear unos pasos hacia atrás (¡y estábamos peleando en un puente!). Se me prendió el foco y la siguiente vez que le rompí la postura, lo empujé al vacío. ¡Y gané!

Armored Warrior. | Fuente: FromSoftware

9. O'Rin of the Water

O'Rin of the Water me sorprendió sobremanera cuando llegué hasta ella, ya que la confundí con un NPC más. De hecho, hay un diálogo previo con opciones de respuesta que me hizo bajar la guardia al principio de la pelea que, como se imaginarán, la perdí. Tuve que bregar duro y parejo para lograr bloquear sus ataques y poco a poco romperle la postura. Más de diez intentos me llevó lograr derrotarla.

O'rin of the Water. | Fuente: FromSoftware / Activision

8. Seven Ashina Spears - Shikibu Toshikatsu Yamauchi

Un boss completamente opcional que lo encuentras cuando vuelves a la zona del inicio del juego. Es fácilmente ubicarlo y hasta cierto punto es sencillo sorprenderlo para bajarle una de sus vidas, pero la pelea es en extremo complicada. Sus ataques tenían un alcance exagerado y, para colmo, reducían en segundos mi barra de postura. Lo maté apelando a la combinación: lanzar aceite y quemarlo. Esta pelea me enseñó lo fundamental que es el Mikiri Counter en Sekiro.

Seven Ashina Spears. | Fuente: FromSoftware / Activision

7. Headless Ape

“Maté al maldito mono”, le dije a unos amigos tras haber derrotado al Guardian Ape. “¿A los dos?”, me preguntó uno de ellos, revelándome algo que no había hecho. Se podría decir, por ello, que llegué al Headless Ape preparado para la dura pelea, pero igual esta es muy cuesta arriba. Cuando Headless Ape está solo, la batalla es accesible, ya que se repite el set de ataques de la anterior pelea. Sin embargo, todo se complica cuando aparece su compañera y tenemos dos enemigos colosales al frente. Sufrí, pero lo conseguí. Y la recompensa es suculenta.

Headless Ape. | Fuente: FromSoftware / Activision

6. Lady Butterfly

Acababa de derrotar a un enemigo complicado (Juzou the Drunkard), y a los minutos nomás llegó el choque contra Lady Butterfly. Me costó mucho matarla por primera vez (unos diez intentos), para darme cuenta de que tenía una segunda vida oculta. ¡Qué injusto! Fue terrible, ya que en su segunda fase Lady Butterfly hace aparecer espectros y, para colmo, lanza emblemas espirituales dirigidos que nos pueden bajar la vida en segundos. Recuerdo que perdí tantas veces que tuve que dejar la partida y continuar al día siguiente.

Lady Butterfly. | Fuente: From Software /Activision

5. Chained Ogre

Es uno de los primeros bosses de Sekiro y el que te enseña a punta de golpes de lucha libre (lanzas, súplex, bombazos, codazos y hasta patadas voladoras) que debemos de dejar jugar como si fuera un Dark Souls. Derrotarlo me hizo pensar que no podría pasar el juego. “Si uno de los primeros bosses es así de complicado, ¿cómo será el resto?”, me dije en ese momento. Cuando pasé el juego por segunda vez ya sabía que los ‘ojos rojos’ son débiles al fuego, así que la pelea fue mucho más accesible.

Chained Ogre. | Fuente: FromSoftware / Activision

4. Headless

Son cinco decapitados en total (seis, si contamos que en una de las peleas te enfrentas a un decapitado y a su espectro) en Sekiro. En teoría, son enfrentamientos accesibles, si es que tienes el Confeti Divino, para que tus ataques hagan daño, y el Agente Pacificador, para bajar el terror que infringen sus ataques. Sin embargo, a mí se me hicieron muy difíciles de matar porque están rodeados de una especie de neblina que ralentiza tus movimientos. Para colmo, cuando desaparecen y te atacan por la espalda te hacen tanto daño que prácticamente doy la batalla por perdida. Contagie de dracogripe a muchos antes de derrotar a esos bosses opcionales.

Headless. | Fuente: FromSoftware / Activision

3. Genichiro Ashina

Te enfrentas al gran Genichiro Ashina tres veces en Sekiro. La primera, casi al inicio, es una batalla destinada a ser perdida (puedes ganarla, pero el resultado en la historia es el mismo). Sin embargo, el enfrentamiento que me complicó más la existencia fue el del Castillo Ashina. Esta pelea es larga, intensa y muy demandante. Me costó mucho aprender sus movimientos y ataques, y lo logré matar. Solo para darme cuenta que tenía una tercera fase oculta ¡con ataques eléctricos! Fue demoledor darme cuenta de eso, al punto de dejé el mando y apagué la consola. Al día siguiente, ya más calmado y sabiendo lo que se me venía, lo derroté. Hay una tercera pelea con Genichiro sobre el final, pero creo que ya llegas tan preparado que termina siendo un mero trámite antes del verdadero boss final.

Genishiro Ashina. | Fuente: FromSoftware / Activision

2. Great Shinobi Owl

En un determinado momento, debemos tomar una decisión que afectará indefectiblemente el final: ser o no ser leales al Código de Hierro. Por mi empatía con Kuro, decidí darle la espalda al código, lo que desencadenó la ira del Búho, mi padre adoptivo. La pelea es intensa y demanda de ti mucha concentración para encontrar el momento perfecto para atacar. Si bien todas las peleas son geniales, creo que la batalla contra el Buho hizo darme cuenta que todo lo aprendido hasta ese momento me sirvió, ya sea para esquivar los golpes, para saltar en el momento justo y para aplicar el utilísimo Mikiri Counter. Es una de las batallas que más recuerdo del juego y la que más me gustó. Ojo, más adelante en el juego te puedes volver a enfrentar a Búho, con un set de ataques extra, pero creo que la primera pelea es la más memorable y satisfactoria.

Great Shinobi Owl. | Fuente: FromSoftware / Activision

1. Isshin, the Sword Saint

La pelea final de Sekiro, la más épica y demandante. Para mí, fue verdaderamente sorpresivo enfrentarme a Isshin, ya que lo creía muerto. De hecho, al ver que al final aparecía Genichiro, pensé que era lo lógico, ya que se había escapado tras nuestro último enfrentamiento. Sin embargo, al matarlo y ver que aparecía el mismísimo Isshin me hizo casi pegar un grito de emoción/incredulidad. La pelea es durísima, con tres fases en las que Isshin va soltando nuevo arsenal. Debo haber hecho una veintena de intentos hasta que, parafraseando a Saint Seiya, tuve "chispazos del séptimo sentido". Empecé a ver sus ataques y logré anticiparlos. Fue realmente satisfactorio salir victorioso de esa pelea, el broche de oro del genial juego de Hidetaka Miyazaki.

Isshin, the Sword Saint | Fuente: FromSoftware / Activision

Mención honrosa: Demon of Hatred

Cerrar todas las historias de Sekiro exige derrotar a uno de los bosses más complicados del juego: Demon of Hatred. Nuestro querido amigo el escultor, convertido en Shura, es un colosal enemigo, que abruma por su tamaño y rango de ataque. Para colmo, en su última fase, nos encierra en un círculo de fuego que puede matarnos en segundos.

Demon of Hatred | Fuente: From Software / Activision

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