Warzone se estrenó a inicios del 2020 y con el paso de los meses se ha convertido en un auténtico fenómeno. | Fuente: Activision
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Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

Yo me considero un jugador experimentado de Call of Duty. He jugado prácticamente todos los juegos de la saga. Sin embargo, por alguna extraña razón, no le había prestado demasiada atención a Warzone, el battle royale de la franquicia. Impulsado por mis amigos, hace un par de semanas decidí descargarlo y darle una oportunidad. Y ahora lo juego prácticamente a diario.

Me he enganchado con este título, que juego religiosamente con mis amigos Carlos, Beto y Luis. No siempre coincidimos los cuatro, pero lo bueno es que hay opciones para jugar Warzone en dúos, tríos o cuartetos. El problema es que aún no ganamos una partida, y cada vez el triunfo parece un sueño inalcanzable.

Hemos tenido partidas memorables, en las que hemos logrado llegar hasta el círculo final; pero nuestro máximo logro ha sido quedarnos con el cuarto puesto. Lo malo es que también hemos tenido partidas en las que nos han eliminado apenas tocamos tierra tras lanzarnos del avión. Da cólera en su momento, pero de ahí terminamos riendo por lo tonta que puede ser la forma en la que morimos. Cada partida es una lección aprendida, podría decirse.

Algo me he dado cuenta es que mi experiencia en Call of Duty no se ve reflejada en Warzone. Ha sido casi como volver a aprender a jugar. En Warzone, hay que ser más estratégico, pausado y metódico. Pero tampoco exagerar. Muchas veces quedarnos a proteger una posición es sinónimo de muerte.

Otra cosa que he aprendido es que un error en Warzone cuesta caro. Y mis amigos saben que he cometido errores tontísimos... como recargar el arma en pleno tiroteo o, peor, abrir tarde el paracaídas. Pero también cosas como esta:

Un error así lo comete cualquiera, ¿o no?

Tal vez en algún punto nos aburriremos del juego (y de perder), pero de momento estamos bastante enganchados y con ganas de vez ver -al menos una vez- la cinemática del helicóptero rescatando a nuestro equipo. Como dije líneas atrás, hemos quedado tan cerca que por ahí una noche se alinean los astros y nos liga el triunfo. Si Perú volvió al Mundial, ¿por qué nosotros no podemos ganar?

Además, mi equipo ya tiene un antecedente de victoria. Fue en Blackout, el battle royale de Black Ops IIII. Fue una jornada épica, en la que coordinamos a la perfección y fuimos el último equipo en pie. Gritos de algarabía se escucharon en nuestros auriculares aquella noche, ya que, por un instante, por efímero que sea, fuimos los mejores. Hay que replicar esto en Warzone.

Si tienen algún consejo para mejorar nuestra performance, soy todo oídos. Y si quieren reír viéndonos jugar, a mi camarada Beto le ha dado por transmitir nuestras partidas, así nos vean cuatro gatos.