Cámaras trampa en Colombia revelan fascinantes escenas en sus bosques

El uso de las cámaras trampa en Colombia ha aumentado durante los últimos siete años y ha permitido desde descubrir nuevas especies y estudiar el comportamiento de la fauna, hasta revelar problemas como el atropello de animales en las vías
Un mazama o venado captado por las cámaras trampa en Colombia | Fuente: Mongabay

(Mongabay Latam / María Lourdes Zimmermann). Las imágenes de una hembra de oso andino arrastrando a su osezno para cruzar una quebrada en una zona cercana a la laguna de Guatavita, al norte de Bogotá, en el departamento de Cundinamarca, se hicieron virales en el año 2016. Pero no solo estos osos se convirtieron en un éxito en las redes sociales, los registros de tigrillos lanudos en los cerros orientales y pumas en las cercanías de los centros urbanos como Medellín, fueron tan populares que sumaron miles de visitas, evidenciando la importancia del uso de las cámaras trampa en Colombia para el registro y estudio de la fauna en un país biodiverso.

Desde el año 2009, según el Reporte de Biodiversidad 2016 publicado por el Instituto de investigaciones Alexander Von Humboldt, se utiliza en Colombia esta técnica de muestreo no invasiva, para obtener datos de primera mano de mamíferos terrestres medianos y grandes en un corto período de tiempo.

Los hallazgos son cada vez más sorprendentes. Parques Nacionales Naturales de Colombia, por ejemplo, ha podido detectar y seguirle los pasos a 36 osos que viven dentro del Parque Nacional Natural Chingaza, ubicado entre los departamentos de Cundinamarca y Meta. La información recopilada ha permitido identificar los patrones de comportamiento de esta especie y conocer aspectos de su historia natural, sin generar un impacto o intervención en el bosque Andino.

“En Colombia el uso de las cámaras (trampa) ha sido determinante porque la tecnología reemplaza el papel que cumplen las personas en campo”, le contó a Mongabay Latam Angélica Díaz Pulido, investigadora del Instituto Humboldt. “Las cámaras nos dan más información, un investigador interviene en un área y puede obtener dos registros de animales, mientras una cámara puede obtener más de 10”, explicó.

En el caso del Instituto Humboldt, las cámaras trampa captan miles de registros en transectos de 12 kilómetros cuadrados, como se acostumbra cuando se utiliza este tipo de metodología. Básicamente, se ubican 20 cámaras distanciadas unas de otras por un kilómetro, alcanzando así un muestreo importante.

Así lo hicieron en La Serranía de la Macarena, reconocida a nivel mundial por la presencia del río de los siete colores, justo antes de la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Lo que mostraron las imágenes fue impactante: especies amenazadas que nunca esperaron ver pero que permanecieron allí porque la guerra las mantuvo aisladas.

Danta o tapir (Tapirus terrestris). | Fuente: Instituto Humboldt. | Fotógrafo: Angélica Diaz-Pulido

“Cuando vimos los resultados de las fotos nos encontramos con dantas (Tapirus terrestris), ocarros (Priodontes maximus), un perro de orejas cortas (Atelocynus microtis), que es una especie en estado crítico fotografiada en Caño Cristales, animales amenazados que  nunca pensamos encontrar”, explicó la investigadora del Instituto Humboldt.

Uno de las iniciativas más interesantes que se ha promovido a partir del uso de cámaras trampa es lo que se conoce como “ciencia participativa”, proyecto que involucra a las comunidades en el manejo de esta herramienta para conocer e identificar las especies con las que comparten el bosque, adquiriendo con ellas una relación diferente.

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La historia natural de las especies

Para Andrés Arias Alzate, investigador de la Universidad de Antioquía, las cámaras de rastreo, como también se les conoce, se han convertido en una herramienta importante para registrar la historia natural de las especies.

“Con las cámaras hemos visto comportamientos de los animales antes desconocidos para nosotros”, dijo Arias Alzate.

Su relato sorprende, sobre todo, cuando describe los comportamientos de mamíferos y aves.  Una de las historias que contó es protagonizada por el tucancito rabo rojo (Aulacorhynchus haematopygus), ave que se creía frugívora pero que con el registro de unas cámaras puestas en la ladera suroriental del Valle de Aburrá, se pudo descubrir su peculiar gusto por los huevos del Tinamú (Tinamu major).

Las imágenes también les permitieron a los investigadores descubrir que la Grallaria nuchalis, especie de ave que consume semillas e invertebrados, también puede alimentarse de ciertas especies de serpientes. “En cámara descubrieron como el ave golpeaba con un tronco su presa para consumirla”, explicó el experto.

Otra de las peculiares historias registradas por las cámaras fue la de la zarigüeya común o chucha (Didelphis marsupialis). “Descubrimos cómo usa la cola la zarigüeya para cargar material para adornar sus nidos. En las imágenes, se les ve trasladando hojas y palitos de un lado a otro haciendo uso de esta extremidad para cargar en momentos reproductivos”, explicó Andrés Arias Alzate.

Toda esta información es útil cuando se trata de tomar decisiones sobre la protección y conservación de las especies, según sostienen los investigadores entrevistados para este informe.

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Felinos fotogénicos

El proyecto Bogotá Biodiversa desarrollado por la organización Procat Colombia, la Universidad de Arizona, La  Pontificia Universidad Javeriana y otras entidades, utilizaron 50 cámaras trampa en el 2013 y las distribuyeron en un espacio de 800 hectáreas. Cuatro años después, las imágenes mostraron 11 especies de mamíferos medianos retratados en un total de 3020 imágenes y sin duda el registro más esperado fue el del  tigrillo lanudo o Leopardus tigrinus, habitante de las zonas periurbanas de la capital del país, hecho desconocido hasta ese momento.

Los investigadores también se sorprendieron al encontrar al zorrillo o mapurito (Conepatus semistriatus), famoso por las rayas blancas que tiene en la espalda y por defenderse de sus enemigos con su oloroso almizcle. No se sabía que este pequeño carnívoro vivía en el área periurbana de Bogotá.

Pero Procat Colombia también está desarrollando un proyecto de monitoreo de felinos en la región de Magdalena Medio, departamento de Santander, con resultados sorprendentes, tomando en cuenta que se trata de una zona con una fuerte intervención antrópica. Según Sebastián Jiménez Alvarado, investigador de esta organización, la metodología de cámaras trampa ha sido útil en este caso para estudiar los modelos de ocupación y establecer cuáles son las variables que amenazan a especies como el jaguar, considerando que se trata de una zona devastada por la ampliación de la frontera agrícola y ganadera.

Tecnología e innovación

La creación de un software que permite clasificar las especies tomadas por las cámaras trampa ha sido posible gracias a Naira, ‘Ojo grande’ por su significado en quechua, un programa creado por el Instituto Humboldt y apoyado actualmente por la Universidad de Antioquia. Este programa es capaz de revisar las imágenes y analizar su contenido en poco tiempo, para luego clasificar las fotos de mamíferos y aves, y posteriormente separarlas por géneros, disminuyendo el tiempo de trabajo de los investigadores que reciben toda la información en una base de datos.

A Naira se suma la Red de Monitoreo de Cámaras Trampa, un esfuerzo que busca reunir y compartir la información que se genera con esta metodología en todo el país.Dentro de los socios de la red se destaca el trabajo de la colección de mamíferos del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia, que actualmente está trabajando en la inclusión de una colección accesoria digital que incluye registros de fototrampeo y registros biológicos.

Con estos avances, es posible monitorear las especies de uno de los países más biodiversos del mundo, conocer su historia natural y abarcar geográficamente nuevos espacios de estudio.

Una versión ampliada de este informe fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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