Cerca de 16 000 toneladas de tiburones son desembarcadas al año en Perú

El Perú es un gran consumidor de carne de tiburón y aunque el aprovechamiento integral del recurso es considerado positivo, este podría estar poniendo en riesgo a las poblaciones.

Perú podría estar exportando aletas de especies amenazadas sin cumplir con los permisos debido a las deficiencias en los registros de desembarque. | Fuente: Oceana

(Mongabay Latam / Michelle Carrere). Perú es uno de los principales países pesqueros de tiburones en el mundo, sin embargo, poco se sabe de las dimensiones comerciales reales de esta pesquería: cuánta gente participa, cuánto dinero genera y qué volúmenes se comercializan. Son números poco claros.

En tiempos en que se investiga una red de tráfico de aletas de tiburón provenientes del Ecuador para ser exportadas a través de Perú al mercado asiático, la organización para la Conservación Marina Oceana y la Asociación para la Sostenibilidad Pesquera Redes realizaron la primera investigación sobre la cadena de valor de la pesquería de tiburones en el Perú. El objetivo es tener un panorama real de los alcances de esta actividad económica “para ver cómo enfrentamos el tráfico de aletas de tiburón”, explicó a Mongabay Latam Alicia Kuroiwa, bióloga de Oceana.

Un pescador mide un tiburón martillo. Esta especie es una de las más vulnerables. | Fotógrafo: Joanna Alfaro

Después de recoger, entre enero y abril de 2018, los testimonios de 117 informantes claves y cruzarlos con datos de fuentes secundarias, los resultados de la investigación arrojaron las principales cifras: 940 embarcaciones pertenecientes a 17 flotas pesqueras capturan tiburón de manera directa o incidental en toda la costa peruana; 16 007 toneladas de tiburones son desembarcadas al año por 5404 pescadores que trabajan en esta pesquería que genera, en toda su cadena de valor, ingresos totales por 449 millones de soles ($US 135 957 201)  y utilidades por 150,6 millones de soles ($US 45 420 000). De todas estas cifras hay una que destaca: al año, aproximadamente 2000 toneladas de tiburón estarían siendo desembarcadas en las costas del Perú sin ser registradas por las autoridades.

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Números que no cuadran

Mientras el desembarque de tiburones estimado en el estudio fue de 16 007 toneladas anuales, las cifras oficiales hablan de que, por ejemplo, en 2016 se desembarcaron poco más de 14 000 toneladas, es decir, unas 2000 toneladas menos. “Si bien se estimó el desembarque utilizando datos de la pesquería en condiciones óptimas y, en la práctica, no todos los años son óptimos, estos fueron por lejos superiores al promedio registrado por PRODUCE (Ministerio de la Producción)”, dice el informe. Lo anterior queda en evidencia en los mercados mayoristas donde la oferta de tiburón es mayor a la que, según las cifras, debería estar disponible. “Hay un hueco entre lo que se comercializa y las estadísticas de captura”, asegura Kuroiwa y “no sabes si no cuadran porque está entrando mucha pesca ilegal del Ecuador o porque simplemente no tenemos un buen sistema para contar lo que pasa dentro de Perú”, dice Renato Gozzer, ingeniero pesquero de la Asociación para la Sostenibilidad Pesquera Redes, coautor de la investigación.

Tiburón azul (Prionace glauca). | Fuente: Oceana

“Los inspectores realizan el control del recurso tiburón en los 42 puntos de desembarque autorizados a nivel nacional; así como también en el transporte y comercialización que incluye la importación y exportación”, asegura el PRODUCE.

Sin embargo, la diferencia en las cifras estaría dada por los desembarques que se realizan en sitios no autorizados y por aquellos que no alcanzan a ser registrados. “Los inspectores no están puestos las 24 horas del día en los puertos y las embarcaciones llegan a cualquier hora”, explica Kuroiwa.

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Todo es tiburón

Del total del peso desembarcado entre los años 2006 y 2017, según los registros de PRODUCE, solo el 18,9 % fue clasificado a nivel de especie “mientras que el 81,1 % restante ha sido registrado a nivel genérico bajo la denominación ‘tiburón’ o ‘tollo’”, dice el informe. El mayor problema de esto, explica Alicia Kuroiwa, se presenta para las especies CITES, es decir, para aquellas cuyas importaciones y exportaciones están reguladas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), por ser especies en peligro de extinción.

Y es que Perú, al no clasificar correctamente los tiburones durante el desembarco, podría estar exportando aletas de especies CITES, bajo la denominación de otras especies, y sin los permisos que la convención exige.

Kuroiwa explica que los certificados de desembarque son completados de forma manual por el inspector del PRODUCE cuando la pesca es descargada en el muelle, sin embargo, dicho formulario “no tiene todas las especies, sino como 10 o 12 que no son las principales que se pescan en el Perú y tienes una casilla de ‘otros’ donde entra todo lo demás”.

Secadero de aletas de tiburón en el Callao, Perú. Abril 2007. | Fuente: Difusión

“Hay un sistema de recopilación de la información pesquera en desembarques que es deficiente y a la hora de querer normar la trazabilidad para cumplir los compromisos con CITES se generan estos certificados que en la práctica se terminan volviendo meros trámites que no proveen información de confianza”, dice Gozzer. “No se trata solo de cumplir con nuestros compromisos internacionales sino de cómo cumplimos y qué estructura tenemos montada”, agrega.

Kuroiwa aclara que “no podemos suponer que todo fue a propósito”, por lo que “una de las cosas que pensamos que se debe de mejorar es las capacidades del personal de control para que puedan hacer bien los registros”. Sin embargo, “las personas encargadas de apuntar, aun reconociendo la identificación biológica, clasifica a los tiburones por su nombre comercial que es tollo”, asegura el ingeniero pesquero, Jorge Grillo, coautor del estudio.

Consultado el PRODUCE acerca de los resultados del estudio, el Ministerio asegura que desde el 2017 viene desarrollando, junto a el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) y el Ministerio del Ambiente, capacitaciones a los inspectores en la identificación de especies de tiburón tanto de sus aletas como de los troncos. “A la fecha se han realizado cuatro capacitaciones, teniéndose previsto que hasta octubre del presente año se capaciten más de 200 fiscalizadores, donde además se está considerando la participación de fiscalizadores de los Gobiernos Regionales”.

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Carne en lugar de aletas

Perú exporta unas 400 toneladas de aletas de tiburón al año, incluyendo aquellas que provienen del Ecuador. Sin embargo, el estudio le permitió a los investigadores descubrir que las pesquerías de tiburones en el país no están enfocadas en el aprovechamiento de las aletas sino en el de la carne. De hecho, según el documento, el 43 % de las utilidades en la pesca de tiburón proviene de la venta de la carne y solo el 18 % de las aletas. “Lo que hemos identificado es que la carne es muy importante porque hay una cultura gastronómica basada en ella que es relevante”, dice Gozzer.

Lo positivo de esta comprobación es que los tiburones, una vez capturados, son aprovechados íntegramente por lo que su captura podría considerarse justificada, al contrario de los casos en que únicamente son sacrificados para el aprovechamiento de sus aletas.

Sin embargo, el investigador advierte que “también pescar para comer la carne y hacer un aprovechamiento integral del animal puede estar asociado a una sobrepesca. Eso no es tan sonado como las aletas, pero existe y es importante para nuestra realidad”.

Perú tiene 66 especies de tiburones, 32 son las más pescadas y dentro de estas destacan seis: el tiburón azul (Prionace glauca), el tiburón diamante (Isurus oxyrinchus), una de las especies de tiburón martillo (Sphyrna zygaena), otra especie de tiburón zorro (Alopia vulpinus), el angelote (Squatina squatina) y el tollo común (Mustelus whitneyi). Sin embargo, “existe poca información científica sobre su estado de conservación”, asegura Kuroiwa.

Aunque en el 2014 se aprobó un plan de acción nacional para la conservación de tiburones, no existe aún un marco normativo que proteja a todas las especies comerciales de la sobrepesca. Así, por ejemplo, el tiburón azul, el diamante y el tollo cuentan con una restricción en la talla mínima de captura, pero no cuentan con regulaciones sobre las artes de pesca ni de las temporadas de veda. Esto último solo se aplica al Sphyrna zygaena y aun así, “los reportes de su captura indican bastantes juveniles”, asegura Gozzer. “No es que estén mal estas medidas, pero valdría la pena revisar la eficacia que están teniendo y en concreto saber cuál es el estado de conservación de estos recursos y si es que está habiendo una sobreexplotación”, agrega el ingeniero.

El artículo original fue publicado en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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