Descubren crustáceos carroñeros y peces gelatinosos a 8 kilómetros bajo el mar en Perú y Chile

El aspecto gelatinoso de los peces encontrados en la Fosa de Atacama, entre Perú y Chile, se debe probablemente a la necesidad de tener cuerpos más flexibles, capaces de soportar la presión.

Uno de los peces hallados en la Fosa de Atacama. Una de las estrategias de vida de la fauna que habita las fosas es alimentarse de lo que cae muerto al fondo del mar. | Fuente: Instituto Milenio de Oceanografía (IMO)

(Mongabay Latam / Michelle Carrere). Peces gelatinosos, crustáceos carroñeros, pulpos y gusanos extraños fueron avistados por primera vez, a 8 kilómetros de profundidad, en la fosa marina más extensa del mundo, en el Océano Pacífico frente a las costas de Perú y Chile.

8081 metros de profundidad y 6000 kilómetros de largo mide esta fosa que se asemeja a “un gran cañón, como si fuera el Cañón del Colorado, pero en el fondo del mar” explica el biólogo marino Osvaldo Ulloa, director del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO). La fosa Chileno Peruana, también conocida como Atacama, puesto que su punto de máxima profundidad está frente al desierto que lleva ese nombre, comienza aproximadamente frente a Ecuador y termina en la Isla de Chiloé, al sur de Chile.

La fosa de Atacama, es producto del proceso geológico de subducción en el que la placa de Nazca, al ser más densa, se desplaza bajo la placa Sudamericana causando que el suelo marino se curve y forme una pendiente en forma de V. Esta subducción es a su vez, la responsable de la intensa actividad sísmica y volcánica presente en Sudamérica. De hecho “si no existiera fosa de Atacama tampoco existiría la Cordillera de los Andes” señala Ulloa.

 

“El hombre ha mandado naves al universo, hemos ido a la luna, a Marte… y no sabemos lo que hay a 8000 metros de profundidad aquí en la tierra”, dice Marcelo Oliva. Especie encontradas en la Fosa de Atacama. | Fuente: IMO

Este año por primera vez, una expedición, realizada por el IMO y liderada por Osvaldo Ulloa, logró llegar hasta el fondo de la fosa enviando un robot para sacar muestras de este abismo desconocido. Con una presión que supera 1000 veces la de la superficie, una temperatura ligeramente sobre el punto de congelamiento y una completa oscuridad, las fosas marinas durante años fueron consideradas hoyos muertos sin vida. Sin embargo, las investigaciones de aguas profundas que en los últimos años se han venido realizando, han demostrado lo contrario. “Los sistemas —en las fosas marinas— son mucho más dinámicos de lo que nos imaginábamos”, señala Ulloa.

Marcelo Oliva, investigador del IMO asegura que “encontramos una diversidad de fauna que no esperábamos”. Poliquetos: especies de gusanos nadando en el fondo del mar, peces gelatinosos con grandes dientes, medusas, pulpos y unas especies de crustáceos carroñeros, más correctamente llamados anfípodos, de entre 10 y 15 centímetros. Según Ulloa, al estar la fosa en contacto con el ecosistema marino de Humboldt, el más productivo del mundo, “es probable que esta fosa sea también la más productiva de todas”.

El científico señala que las especies están siendo actualmente analizadas pero que lo más probable es que se trate de especies nuevas. Ello puesto que si bien existen 30 fosas marinas en el planeta “entre ellas están lo suficientemente aisladas como para que haya especiación”.

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Los que se espera entender

El análisis de estas especies busca arrojar respuestas respecto de cómo logran sobrevivir y alimentarse en un lugar donde no es posible la fotosíntesis.

Ulloa contó a Mongabay Latam que enviaron trampas al fondo de la fosa con un pescado en su interior a modo de carnada. “Al poco rato los anfípodos se agruparon y en tres horas se devoraron el pescado”. El científico explica que, en efecto, una de las estrategias de vida de la fauna que habita las fosas es alimentarse de lo que cae muerto al fondo del mar.

Rubén Escribano, director alterno de IMO, señala que otra de las hipótesis que se manejan es que estas especies se alimenten gracias a una escalera trófica. Es decir, que “una especie de la superficie es comida por otra especie que baja hasta una cierta profundidad. Ahí esa segunda especie es devorada por otra, que luego baja a mayor profundidad aún y así sucesivamente hasta llegar al fondo”.

Especie encontradas en la Fosa de Atacama. | Fuente: IMO
Especies encontradas en la Fosa de Atacama. | Fuente: IMO

Otro de los principales objetivos es “entender las adaptaciones —de las especies— para soportar la presión. Estamos hablando de 880 atmósferas de presión” dice Marcelo Oliva. Para graficar esto último, el científico contó a Mongabay Latam que, a modo de experimento, enviaron un vaso de plumavit —o poliestireno— para ver los efectos de la presión en él. “De vuelta nos llegó un vaso del porte de un dedal” asegura. Al respecto, Escribano explica que probablemente el aspecto gelatinoso de los peces encontrados se deba a la necesidad de tener cuerpos más flexibles, capaces de soportar la presión.

“El hombre ha mandado naves al universo, hemos ido a la luna, a Marte, se está preparando una nave que va a ir al sol y no sabemos lo que hay a 8000 metros de profundidad aquí en la tierra. Conocemos mucho más del espacio que del fondo del mar” dice Oliva. Según el científico, una de las razones por las que el ser humano ha ido al espacio y no al fondo del mar es debido a las dificultades que representa para una expedición el exceso de presión. “En términos exploratorios es más fácil, entre comillas, contrarrestar la falta de presión que el exceso de ella.”

Finalmente los análisis permitirán conocer en mayor detalle las características físicas y químicas de las masas de agua profundas lo que, entre otras cosas, permitirá evaluar los posibles cambios que estén ocurriendo en nuestro océano bajo el escenario del cambio climático.

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Para qué estudiar las fosas marinas

“Los océanos nos son una masa de agua uniforme. Sino que están compuestos por una gran cantidad de sistemas de corrientes dinámicas” puntualiza Oliva. Las aguas profundas pueden ser analizadas en su composición, para saber de dónde vienen y qué edad tienen. Es así cómo “tenemos información de masas de aguas que tienen miles de años de edad. En consecuencia podemos ver cómo las masas de agua han ido cambiando” explica el científico.

Robot enviado a la Fosa de Atacama. | Fuente: IMO

Desconocidos son los beneficios que en un largo plazo, pueden desprenderse de los conocimientos que la ciencia está adquiriendo sobre las aguas profundas y sobre la Fosa de Atacama en particular. Oliva señala que, a modo de ejemplo, “todo lo que se sabe hoy sobre el ADN y lo que somos capaces de hacer, como la modificación genética y todas esas cosas, no sería posible si es que en el año 1953, el señor Watson y el señor Crick, no hubiesen investigado acerca de la estructura del ADN”.

Grandes descubrimientos, que impliquen avances significativos en el desarrollo de la especie humana, pueden estar aguardando en los más profundo del mar.

Una versión ampliada de este reportaje fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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