Murciélagos y virus: una lucha contra la mala reputación

A los murciélagos se les ha echado la culpa de muchas desgracias y en los tiempos modernos son señalados como portadores de virus como el Ébola. Pero hay científicos que aseguran que no es verdad.
El ecólogo Merlin Tuttle afirma que se está centrando demasiada atención mediática en los murciélagos basándose en los tenues enlaces con virus causantes de enfermedades mortales como el ébola., Aquí, un murciélago de charretera pequeño (Epomophorous labiatus minor) de Kenia. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Merlin Tuttle

(Mongabay Latam). Un tocón quemado es todo lo que quedaba cuando un equipo de virólogos llegó a Méliandou en 2014. Habían estado buscando el origen del brote mortal de la enfermedad causada por el virus del Ébola que había empezado a finales del año anterior. Un mosaico de pistas llevó a los investigadores a los restos calcinados del árbol en este pequeño pueblo guineano de no más de unas decenas de familias.

El árbol había sido el hogar de murciélagos que los lugareños capturaban en ocasiones para comer. También es el punto donde podría haber estado Emile Ouamouno antes de enfermar. Se cree que Emile, un bebé de Méliandou fue la primera persona en contraer la enfermedad en este brote. Con pocos más datos para avanzar, los científicos sugirieron que el origen del virus que infectó a Emile podría ser el árbol y sus murciélagos.

Los virólogos dijeron a un reportero de Science que no podían confirmar si la gente de Méliandou había quemado el árbol para deshacerse de los murciélagos, que temían que podían ser portadores del virus del Ébola. Sin embargo, el ecólogo Merlin Tuttle tiene pocas dudas de que así fue. Para él, este tipo de persecución es parte del patrón que se inicia cuando hay rumores de que los murciélagos podrían tener algo que ver con el brote de una enfermedad.

Murciélago de charretera de Wahlberg (Epomophorus wahlbergi) a punto de polinizar un baobab en Kenia. Incontables miles de murciélagos de charretera viven en pueblos africanos sin que se conozca daño a los humanos. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Merlin Tuttle

“Personalmente, he documentado casos en los que cientos de miles, a veces millones, de murciélagos se enterraban vivos en sus cuevas —añadió— solo porque a alguien se le ocurría una idea descabellada antes de que se demostrara y se descubriera que no era verdad”.

Hace poco, en 2012, Tuttle y varios colegas viajaron a una cueva en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Cuba, donde esperaban ver una colonia de murciélagos. Sin embargo, los lugareños, temerosos de los microbios que causan enfermedades, que daban por hecho que llevaban los murciélagos, habían cerrado la entrada para cuando ellos llegaron, dijo. Para él, las acusaciones que retratan a los murciélagos como fuentes de peligrosos virus y enfermedades como el ébola suelen ser prematuras y muy exageradas. Dice que la especulación prematura puede encender el tipo de reacción que presenció en Cuba y que sospecha que ocurrió en Guinea.

El brote de ébola en África occidental fue, en efecto, aterrador. Mató a más de 11 000 personas en 10 países antes de disiparse en 2016. Una vez los murciélagos se vinculan con un acontecimiento así, “¿Qué persona en su sano juicio toleraría que hubiera murciélagos bajo esas circunstancias?”, dijo Tuttle.

Un problema de imagen

Hasta hace unos 20 años, los murciélagos eran conocidos principalmente por ser portadores del virus de la rabia —aunque entonces, como ahora, las posibilidades de contraer rabia de un murciélago eran astronómicamente pequeñas, con una media de menos de tres casos al año en EE. UU.

Desde finales de los noventa, sin embargo, empezó a fondo la investigación científica para analizar el papel de los murciélagos en la transmisión de otras enfermedades. Después de eso, “los murciélagos se pusieron de moda”, dijo Jens Kuhn.

El virus de Nipah, que podría causar una encefalitis mortal, golpeó Malasia en 1998. Hizo que enfermaran los cerdos y mató a más de la mitad de sus víctimas, que eran sobre todo granjeros. En 2003, los investigadores aislaron el virus de Nipah vivo de la orina y la saliva de murciélagos que parecían sanos, y ahora los estudios se refieren al género Pteropus de los murciélagos de la fruta como el “reservorio silvestre” de la enfermedad.

Colonia de murciélagos insectívoros en una cueva de piedra caliza. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Rhett A. Butler

El síndrome respiratorio agudo grave (SARS) apareció en 2003, enfermando a 8100 personas. Los científicos determinaron que los humanos probablemente lo había contraído de civetas a la venta en mercados locales, y los investigadores nunca han extraído el virus vivo de un murciélago. Sin embargo, en 2005, un estudio titulado “Los murciélagos son reservorios naturales de coronavirus como el SARS” apareció en la destacada revista Science.

Una vez la comunidad científica estableció la conexión, por tenue que fuera, entre el SARS y los murciélagos, ese dato fue el que recordó la gente, dice Tuttle, no el de que no habían encontrado el virus vivo. “Nunca ha habido pruebas de que el SARS viniera de los murciélagos”, añadió. En efecto, muchos de los científicos que publican esas investigaciones matizan sus conclusiones y explican que hace falta más trabajo. Aun así, ese matiz se suele perder en los medios.

En un informe de 2014 sobre el inicio del ébola en Guinea publicado en el New England Journal of Medicine, por ejemplo, los autores se refieren a los murciélagos de la fruta como “un reservorio posible” del virus del ébola. No obstante, alentada por lo que Tuttle ve como un énfasis excesivo en los murciélagos en el reino de la investigación virológica, una noticia sobre ese artículo decía claramente que los murciélagos de la fruta “son reservorios del virus”.

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Las investigaciones que exploran la relación entre murciélagos y virus llevaron a nuevas hipótesis sobre el papel de estos animales en la propagación de enfermedades y revelaron nuevas teorías sobre cómo su sistema inmunológico las controla. Los periodistas y la sociedad se aferraron a aspectos de la biológica única de los murciélagos como el principio y el final de la historia de cómo los virus llegan de los animales a las personas.

Kuhn investiga muchas de las familias de virus que se asocian con los murciélagos y dijo que los eslabones “débiles” que han encontrado los científicos, como con el ébola, son fáciles de exagerar. Por ejemplo, algunos medios populares utilizan el hecho de que los murciélagos vuelan para explicar cómo los virus van de un sitio a otro. Eso es una “simplificación peligrosa”, dice Kuhn, que se ha “sobreexagerado por completo en los medios”. También se ignora a otros animales voladores, según Tuttle.

“De acuerdo, pueden viajar largas distancias, pero también las aves y los insectos”, dijo. “No son los únicos que pueden viajar largas distancias”.

Murciélagos de la fruta Rodrigues (Pteropus rodricensis) en el Zoo del Bronx. | Fuente: WCS | Fotógrafo: Julie Larsen Maher

Un reportaje con el titular “Por qué los virus letales están aumentado” llamó a los murciélagos “posiblemente uno de los animales más peligrosos del mundo”. Parte del artículo se había realizado desde la cueva Gomantong en el Borneo malasio, hogar de los vencejos que giran los nidos que se utilizan para hacer sopa de nido, uno de los platos más populares en algunas partes de Asia. Los trabajadores escalan a la parte más alta de la cueva dos veces al año para recoger la rentable cosecha después de que los pájaros se vayan. El paseo en bucle al interior de corte cavernoso de 90 metros en el bosque también es popular entre los turistas, y no es raro que se lleven algún tipo de, ehm, recuerdo que les ha caído desde la parte alta de la cueva de los millones de murciélagos y aves que viven allí. El artículo alertaba: “podría haber ébola en las heces que caen en los hombros”.

"No solo no se ha encontrado nunca ébola en Malasia, sino que tampoco se han encontrado otros miembros de su familia, los filovirus. Es incorrecto implicar un riesgo de ébola para los visitantes de la cueva, además la insinuación más amplia y atrevida de la frase es que los murciélagos están constantemente saltando entre virus mortales. Si ese fuera el caso", dijo Tuttle, ¿Por qué ninguno de los colectores de nidos ni los visitantes han enfermado o provocado un brote tras dejar la cueva? Especialmente si se tiene en cuenta que los humanos llevan haciendo prácticamente lo mismo desde hace cientos de años.

“No hay pruebas de que ningún humano en la historia del mundo haya contraído una enfermedad por las cacas que caen en su hombro de un murciélago”, dijo Tuttle, quien utiliza su página web para fustigar esos reportajes, que afirma ponen a los murciélagos en riesgo de represalias, entre ellos se incluye un artículo de Mongabay de abril de 2016 que ya ha sido corregido.

Una versión ampliada de este reportaje fue publicado en Mongabay Latam. Puedes leerlo aquí.

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