El inodoro se hizo popular a inicios del siglo XX. | Fuente: Ali's Hardware Limited

La invención del inodoro marcó un antes y un después en la historia humana. En un artículo escrito por Mario Vargas Llosa en 2006, y publicado en El País de España, el Nobel peruano dijo lo siguiente: "El objeto emblemático de la civilización y el progreso no son el libro, el teléfono, el Internet ni la bomba atómica, sino el excusado. Dónde vacían su vejiga y sus intestinos los seres humanos es el factor determinante para saber si están todavía en la barbarie del subdesarrollo o han comenzado a progresar".

Según un estudio de las Naciones Unidas titulado "Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua", publicado hace una década, al menos la tercera parte de la población mundial (dos mil quinientos millones de personas) no conoce el inodoro, la letrina o los pozos sépticos. Las personas que tienen tan desdichada suerte hacen sus necesidades bajo un árbol, en ríos o en bolsas que terminan en la calle. Peor aún: casi mil millones de personas usan para cocinar, lavar la ropa, beber y para su higiene agua contaminada con heces humanas.

Se hablan de inodoros creados hace 2500 antes antes de Cristo, similares a los actuales. | Fuente: Stoke.

¿Quién salvó a esas dos terceras partes de la humanidad de la poco higiénica convivencia con el excremento humano? Pese a que diversos expertos hablan de sofisticados retretes creados por culturas griegas e indias en el 2500 AC, la Europa de la Edad Media seguía viviendo en la era de las cavernas en cuanto a higiene. La calle era el depósito final de todo aquello que mujeres y hombres  expulsaban de sus cuerpos. Las necesidades se hacían en la vía pública o en medio de la naturaleza. En el mejor de los casos, las bacinicas eran vaciadas en la calle al caer la noche.

Pero el mundo encontraría alivio en 1775, cuando Alexander Cummings registró la primera patente de un inodoro. Durante el siglo XIX, los inodoros eran de porcelana y se consideraban un objeto de lujo. Eso cambió durante el siglo XX cuando se convirtió en una pieza básica en muchos hogares del mundo.

“Qué infinitamente distinta a la nuestra es la experiencia de esos miles de millones de seres humanos que nacen, viven y mueren literalmente asfixiados por su propia inmundicia, a la que no consiguen arrancar de sus vidas”, escribió Vargas Llosa. “Visible o invisible, la mugre fecal que expulsan regresa a ellos como una maldición divina, en la comida que comen, el agua en que se lavan y hasta en el aire que respiran, enfermándolos y manteniéndolos en la mera subsistencia, sin posibilidades de salir del confinamiento en que malviven”.

Si cuentas con un inodoro en tu casa, puedes considerarte un hombre afortunado.

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