La vida en la Tierra es posible a 10 kilómetros bajo el nivel del mar

Según un estudio, estos pueden ser los más profundos rastros de vida en la Tierra.

Los rastros de vida en la profundidad del mar | Fuente: Oliver Plümper/Utrecht University

(Agencia N+1 / Hans Huerto) Aunque el hombre está en carrera hace más de 50 años por conocer el espacio exterior y eventualmente hallar ahí formas de vida desconocidas hasta ahora, la propia Tierra, el planeta que habita, encierra aún formas misteriosas de vida en sus diferentes latitudes.

Una de ellas es la de sus profundidades. Muestras de barro volcánico contienen rastros biológicos que sugieren que los microbios vivían en el material cuando estaba varios kilómetros bajo el fondo del océano.

El estudio. "Podríamos tener una biosfera muy grande debajo de nuestros pies que es muy difícil de conseguir", dice Oliver Plümper de la Universidad de Utrecht en los Países Bajos, autor de una investigación titulada “Serpentinita de zona de subducción como incubadoras de vida microbiana profunda”. El documento aparece en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America.

El equipo de Plümper estudió 46 muestras perforadas del volcán de lodo del sur Chamorro, cerca de la parte más profunda del océano, la Fosa Mariana. Aquí, una placa tectónica se desliza debajo de otra. El calor y rozamiento de la placa subductante hace que el material se convierta en un mineral flotante llamado serpentinita que se eleva y sale de los volcanes de barro.

Los antecedentes. Ha habido varios informes recientes de la vida en grandes profundidades, con los gusanos del nematodo encontrados que viven 3 kilómetros abajo en una mina de oro, por ejemplo. Pero si Plümper tiene razón, la vida puede sobrevivir aún más.

Las reacciones minerales a estas profundidades proporcionarán las necesidades de vida de carbono, nitrógeno y energía, pero los productos químicos hallados en la investigación podrían haber sido producidos por procesos que no implican la vida.

Los rastros de vida en la profundidad del mar | Fuente: Oliver Plümper/Utrecht University
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