"Luis Hernández se sentía especial, como un adolescente que se cree inmortal"

La editorial Pesopluma lanzó recientemente 'El estanque moteado', un facsímil de los cuadernos del poeta. RPP conversó con los responsables de esta edición.

Luis Guillermo Hernández Camarero. También Lucho o Luchito. (Lima, 18 de diciembre de 1941 - Buenos Aires, 3 de octubre de 1977). Este año es el 40 aniversario de su partida. | Fuente: Pesopluma

La poesía de Luis Hernández Camarero (1941-1977) parece haber superado la prueba del tiempo. Sus lectores no dejan de multiplicarse y es cita frecuente en redes sociales, como poeta incorporado a los tiempos modernos. Teo Pinzás, Carlos Vela y Paloma Reaño son los editores de Pesopluma, el sello que hoy hace el mayor trabajo editorial de difusión y recuperación de su obra. Este año lanzaron El estanque moteado en un formato facsímil, como espejo de los cuadernos espiralados de Lucho. RPP conversó con Pinzás y Vela sobre la obra del poeta y su creciente influencia entre el público joven, como lo es el propio Lucho: un poeta eternamente joven.

¿Por qué a Luis Hernández lo siguen leyendo? De alguna manera es el poeta de los jóvenes, el que se cita con frecuencia en redes sociales, el que las nuevas generaciones parecen leer más.

Teo Pinzás: Luis Hernández es un poeta muy lúdico. Yo separaría sus primeros libros de los que vienen después. Los tres primeros no son tan lúdicos, pertenecen a una tradición poética más clásica, castiza, en la línea de Juan Ramón Jiménez. Tú puedes sentir la prosodia, cómo va versificando. Pero en los cuadernos encuentra este lenguaje maravilloso, horizontal. No se coloca sobre ti, no hay tanta distancia con el lector, el mensaje está menos mediado por la alta cultura, por eso se le lee tanto ahora. Pero su impacto se entiende también por lo singular de su vida y su muerte. Lucho es la imagen del eternamente joven, del mar, el trago.

Es la vida de un hombre que pudo ser y no fue, que se quedó a medio camino.

Teo: Claro, él tiene ese “pude haber sido más grande, pero me enamoré, me tomé una chela y no llegué”. Lo dice en su poesía. Eso es algo que todos nosotros hemos pensado, es justamente lo que engancha con la gente, aquello que lo hace cercano. No es el elegido de las musas. Luis Hernández se consideraba especial, pero especial como se siente un adolescente, que se piensa único e inmortal.

Carlos Vela: Hay un fetiche además por el objeto material, porque sus cuadernos son ejemplares únicos. Eso lo hace totalmente especial.

Él también tiene un cuaderno como lo tenemos todos, pero hace el cuaderno que uno hubiera querido hacer, con versos, dibujos, colores, belleza.

Teo: Acaso sin proponérselo, Luis Hernández ha creado una escuela que está teniendo mucho impacto, mayor de la que tuvieron otros poetas de su generación, que lo veían como el peligro mismo. En las conversaciones que tuve con algunos poetas contemporáneos de Lucho, noté que había un poco de mala leche contra él. En su época, muchos pensaban de él más o menos lo siguiente: sé que eres genial, pero me llega que seas tan genial y te cueste tan poco. José Watanabe decía que Hernández era un flojo, que le faltaba rigor. Claro, Watanabe era completamente lo opuesto. Muchos sintieron lo mismo y reaccionaron de manera hostil contra él, porque toda su actividad era subversiva, subterránea: no quiero editorial, no quiero publicar, no quiero canon, me cago en todo. Lucho hacía sus cuadernos y los regalaba, porque la literatura, como todo en esta vida, la entendía como algo vano y pasajero.

La juventud es un tema grande en la poesía peruana. César Vallejo añoraba su juventud, pero desde su posición de hombre maduro, más preocupado por la condición humana. Javier Heraud fue un chico que quiso crecer rápido y murió rápido. Adán sí tenía esa chispa juvenil en sus versos. ¿De qué tradición bebió Luis Hernández?

Teo: Le gustaba mucho Vallejo. Decía que era el único poeta a quien le permitía hacerlo llorar, cuando leía un poema que se llamaba Di mamá, que yo nunca he encontrado. En uno de sus tantos juegos. Le cambió el nombre al poema y lanzó un anzuelo hacia una dirección en la que no encuentras nada. Su gran influencia fue la poesía anglosajona. También le gustaba Jorge Eduardo Eielson y Martín Adán. La vida de este último, como la de Lucho, para nociones normales terminó arruinada, pero a la vez consumida por el arte.

Adán fue consumido por su propia figura. Luis Hernández también fue un personaje, aunque no necesitó de un alter ego.

Teo: Si establecemos paralelos, Lucho y Martín Adán son cercanos en su poesía por el tono y la irreverencia. Hay otros poetas más dulces como Juan Gonzalo Rose, a quien le encuentras una similitud con ese tono casi cursi. Pero Lucho nunca dijo que leía a Rose. Eso es algo que un lector va saboreando y descubriendo en algunos de sus versos.

Su muerte es un misterio y eso ha sido tierra fértil para muchas teorías. Una muy común es que lo mató alguien de la dictadura militar de Argentina.

Teo: Lucho era poeta, de izquierda; dicen que consumía drogas y que era gay. De estas últimas dos cosas no hay certeza. Pero una persona que vivió en esa época me dijo que esas cuatro eran consideradas las peores desviaciones para la dictadura. Hubo gente que fue a investigar la verdad y parece que la historia no quiere que se llene los vacíos, por eso nacen mitos y leyendas. Yo creo que su muerte fue un accidente. A él lo encontraron sin vida junto a las vías de un tren en Buenos Aires. Si lo hubieran tirado a los rieles, no hubiera quedado nada. En este caso hubo un cuerpo que fue encontrado con un traumatismo encéfalo craneano.

Carlos: Puede que alguien lo empujó y rebotó. O que tropezó cuando andaba por ahí. Nosotros tenemos un poema inédito de Lucho en el cual habla directamente del suicidio. Y dice que es algo en lo que pensó, pero que no terminó de decidirse.

'El estanque moteado' de Lucho Hernández. Versión facsímil. (Pesopluma, 2017). El libro cuesta 80 soles y se puede encontrar en Communitas (San Isidro), Sur (San Isidro), Escena Libre del Centro Cultural de la PUCP (San Isidro), Puna (Barranco), Librería Inestable (Miraflores), Fondo de Cultura Económica (Miraflores), El Virrey (Miraflores, Centro de Lima), Pontificia Universidad Católica del Perú (San Miguel), Íbero (Larco, Patio Panorama), Book & Co (Surco) y SBS (San Miguel, Larco). | Fuente: Pesopluma

¿Hay obra de Lucho incompleta? ¿Novelas a medio camino, un poemario de su primera época que dejó inacabado?

Carlos: Sería mezquino entender los cuadernos como solo libros de poesía. Son una obra de arte en sí. Incluyen traducciones, collages, pedazos de novelitas, dibujos. Hay poesía, pero no se puede reducir a eso.

Teo: En el pasado publicamos los primeros tres poemarios de Luis Hernández bajo el título Las islas aladas (Pesopluma, 2015). Y este año hemos publicado El estanque moteado, que es un cuaderno tal cual, espiralado, con las marcas originales, con los trazos de plumón. Y con los errores, porque es parte de la obra original. Nadie ve un cuadro de Jackson Pollock y dice “acá se le cayó la pintura”. Nosotros queríamos hacer una antología, pero era difícil sacar cosas de una página y otra. El editor español Gonzalo Volpe nos recomendó no meter mano de más, porque el autor tiene la autoridad sobre su obra. Y si el autor está muerto, nadie tiene la autoridad sobre su obra.

¿Cuál es el siguiente paso para cuidar y difundir su obra?

Teo: Nuestra intención es hacer una fundación que ayude a la conservación de todo el material de la familia y así las personas tengan acceso a la obra, pero que también puedas encontrar tesis, artículos, ensayos, una especie de sustrato crítico que puedas usar como estudioso. Tendrías la obra escrita y la obra crítica. Y también lo ideal sería tener la obra física.

Carlos: Aterrizar este cuaderno nos ha tomado tiempo, porque nadie lo ha hecho antes. De hecho el nombre de nuestra editorial se debe a él. En unos de sus poemas dice "Soy Luchito Hernández / Ex Campeón de peso welter". Nosotros no somos peso welter, somos Pesopluma.

César Vallejo es el poeta peruano universal, pero Luis Hernández podría ser una nueva figura internacional. No importa donde estés, suena cotidiano en todos lados.

Teo: Habla de cosas muy humanas, sin adornarlas tanto, sin metaforizarlas tanto. No hay que rascar demasiado. La carne está ahí. En 2016 se tradujo al inglés la obra de Lucho y el libro se llamó The School of Solitude, que en castellano es La Escuela de la Soledad. Nace de un verso que dice: “Cuando los cowboys salen de la escuela de la Soledad, donde aprenden la melancolía”. Es loco porque todos los libros sobre Luis Hernández siempre llevan como título un verso suyo.

El Perú nunca fue un país de grandes lectores, pero sí de grandes poetas. En ningún rubro, ni en la cultura, la ciencia o la gastronomía, se ha producido tanto y tan bueno como en la poesía.

Carlos: Hay iniciativas para hacer llegar la poesía de otra manera. BBVA ha sacado Encuentratupoema.pe, en la cual hay poesía peruana declamada por algunas figuras. Patricia del Río por ejemplo lee un poema de Luis Hernández. Hay intenciones válidas para difundir poesía para un público cada vez más transmedia, a quienes los mensajes les llegan de maneras más visuales o auditivas.

Teo: Justamente por eso Lucho pega, porque es visual. Tú me hablabas de la juventud, una juventud que se manda pantallazos, que decodifica mejor lo visual que mensajes cifrados a nivel escrito. Creo que esta generación engancha muy bien con él, porque él ya sentía de esa manera, porque escribía con dibujos y colores.

Carlos: Cuando les muestro los cuadernos a algunas personas poco cercanas a la poesía, quedan encantados. Es un acercamiento que uno quiere tener con este tipo de material. Es una puerta de entrada.

Es usual que los adultos vean con desdén a los más jóvenes. Pero los jóvenes reaccionan como lo hicieron los mayores a su edad. Se siguen enamorando, siguen siendo cursis y tienen los mismos problemas. Lucho Hernández entendió bien eso. Difundir su obra es una forma de abrir nuevos caminos para que la gente regrese a la poesía.

Teo: Lucho en ese sentido es un poeta tutelar, un poeta de entrada, que te lanza referentes por todos lados: nombres de poetas, músicos, películas. Los cuadernos están llenos de referencias cultas, sin ser arrogante. Encuentras a Nietzsche en plumón rosado. Es como un juego, como una galería, como recopilando cosas para usarlas luego. Es un poeta que debería enseñarse en los colegios, porque además tiene una obra positiva. Su posición en sus poemas era de amor a la vida, de disfrutar el viaje.

Carlos: Es el poeta de los diseñadores gráficos, porque diseñó sus poemarios, dibujó las portadas, pegó las fotos, tenía varias letras distintas. Eso es diseño puro. Hasta usaba letras diferentes.

Teo: En la obra de Lucho hay una carga emocional muy fuerte. Cuando leí por primera vez uno de sus cuadernos me di cuenta que había amor. Eso es algo que no sé cómo funciona y que de una manera muy misteriosa, se traslada. El estanque moteado va por este lado. Si lo que escribió te ha tocado, entonces léelo como siempre debiste leerlo.

¿Qué pasó con los cuadernos?, ¿cómo terminaron en tantas manos?, ¿los regalaba?, ¿los dejaba en la calle?

Carlos: Lo que yo escuché es que el mecánico le arreglaba el carro y él le daba un libro, y así varias situaciones. Les regaló cuadernos a muchos amigos. Algunos tenían hasta 25. Muy en su línea, Lucho caminaba por la calle con un cuaderno aún incompleto en la mano, se cruzaba con el panadero, le compraba algo y le daba lo que tenía escrito. Entraba en contacto con gente que la industria cultural ignoraba por completo. Muchos de esos cuadernos han desaparecido, otros fueron reciclados. Hemos encontrado que a la vuelta de algunas páginas escritas por Lucho hay apuntes universitarios, listas de mercado de gente que tuvo estos cuadernos y los reutilizó. Es increíble la facilidad con la que se desprendía de estas cosas.

Teo: Luis La Hoz cuenta que Lucho tenía la idea de una obra abierta, con poemas sin inicio ni final, que todo era un continuum, que todo conversaba con todo. Él tomaba versos de otros poetas, les daba una vuelta y los repetía en distintos poemas. Lo que dice La Hoz es que esta idea de la poesía abierta estaba muy adelantada a su época y que aún hoy no la entendemos del todo, pero algún día será reconocida por los lectores y la crítica.

Basta un vistazo a su vida para descubrir que era un tipo excéntrico, pero entrañable.

Teo: Me han dicho que él se iba al muelle de pescadores al lado del Club Regatas y tomaba una chalana de noche para ver Lima al revés. El tipo ahí dibujaba y luego le dejaba su cartulina al pescador. Pero así lo querían y lo quieren hasta ahora. Cada vez que hacemos un evento, encuentras a unas 30 personas que van religiosamente a todos los conversarios sobre él. Luis La Hoz tiene esta anécdota que pinta esa personalidad excéntrica y entrañable. Un día Lucho lo llamó y le dijo "ven urgente a mi casa". Cuando La Hoz llegó, Lucho empezó a hablarle en alemán. Nunca dejó de hacerlo hasta que el otro se fue refunfuñando porque no entendía nada, jajaja.

Carlos: También está la que cuenta Enrique Wangeman. Un día ambos estaban cruzando una avenida y vieron que un carro se acercaba a cierta velocidad. Wangeman apuró el paso, pero vio que Lucho se iba quedando atrás, hasta que se detuvo en medio de la pista, extendió el brazo hacia adelante y gritó “alto en nombre de la cultura”.

De lo que se habla poco es de su faceta de médico.

Teo: Él tenía un consultorio en Breña, pero era básicamente un doctor de barrio. La gente iba cuando tenía algún problema, él los revisaba y les recetaba algo. Incluso le llegaron a pagar con una gallina, y en su pared tenía un clavito en el que colocaba su estetoscopio. Si yo lo hubiera conocido en esa época le hubiera dado mi sueldo, lo hubiera mantenido para que Lucho se dedicara completamente a hacer esas cosas maravillosas que solo él hacía.

Verso de Luchito en uno de los famosos cuadernos. | Fuente: Pesopluma
Teo Pinzás, Paloma Reaño y Carlos Velas, los socios detrás de Pesopluma, la editorial que más está haciendo por difundir la obra de Lucho Hernández. | Fuente: Pesopluma
'Las islas aladas', recopilación de los tres primeros poemarios de Luis Hernández. | Fuente: Pesopluma
Luis Hernández carga a su sobrina 'Techita' (Esther), hija de su hermano Carlos Hernández. Atrás, el clásico Volvo Amazon blanco de Lucho en la calle 6 de agosto. | Fuente: Pesopluma
0 Comentarios
Valora la nota:"Luis Hernández se sentía especial, como un adolescente que se cree inmortal"
¡Excelente!
Valoración Total
5/5
¿Qué opinas?