Crítica | Django, sangre de mi sangre: Para mí todo es tinieblas

El personaje de Giovanni Ciccia vuelve para recuperar lo perdido, pero se encontrará con un mundo peligroso. Una película peruana con estilo y calle.
Título original: Django, sangre de mi sangre | Director: Aldo Salvini | Año: 2018 | Duración: 110 minutos | Fuente: La Soga Producciones/ BF Distribution

Django, la otra cara, estrenada en el 2002, no era una buena película. Era una historia convencional de policias y ladrones, contada con planos elementales y que tropezaba con sus limitaciones. Basada en las desventuras de Oswaldo Gonzáles, alias Django, un ranqueado asaltante de bancos de los años setentas, la película caló sin embargo en la memoria del espectador peruano. Sobrevivió a las malas críticas y fue quizá por su carga erótica (la famosa escena con Melania Urbina en la azotea) o por algunos de sus diálogos, o porque la han pasado tantas veces por TV, que la película se mantuvo hasta hoy como un placer culposo. Django tenía que volver.

Quince años después, Django, sangre de mi sangre cuenta cómo el protagonista (Giovanni Ciccia) sale de la carcel para volver a comenzar, amparado en la fe, en la Biblia que carga donde va. Pero mientras trata de acercarse a la familia que perdió, un capo del sicariato y el secuestro, Don Freddy (interpretado por Aldo Miyashiro), se empecinará con que el Django más feroz vuelva a los viejos trabajos, a la oscuridad.

Django, sangre de mi sangre es una reconfortante sorpresa. Es el tipo de película que necesita el cine comercial peruano. No es complaciente y se nota la intención de marcar una diferencia. Si esta secuela funciona bien es porque cumple con tres puntos básicos que la mayoría de películas peruanas comerciales ha olvidado.

1. Tiene a un director con oficio, un director con un mundo propio y un estilo que es el ideal para lo que Django quiere contar. En el cine de Aldo Salvini prima la senda del mal, lo sórdido, antihéroes buscando redención, el barrio y lo lumpen. Con Django, Salvini ha hecho una cinta de género, un policial, pero que está dentro de sus intereses estéticos y temáticos. Tiene una narración de buen ritmo que remarca los primeros planos de los personajes, las expresiones que anteceden a una revelación, a un grito, a una bala.

2. Tiene un buen guion (escrito por Salvini y Yashim Bahamonde), un guion que aprovecha los estereotipos del género policial para crear personajes con los que uno conecta de inmediato. Hay malos y muy malos, pocos buenos. Casi todos están justificados desde el texto. Por ejemplo, el sicario tartamudo que hace Óscar López Arias, es un personaje secundario pero que se roba las escenas en las que aparece. Es un guión de diálogos y momentos afilados, que no temen incomodar. Tiene calle y es sucio, como el mundo que retrata, aunque el de Django es un achoramiento un tanto fabricado, colorido más que gris. Quedarán igual que la primera película algunas frases para "la antología de frases del cine peruano".

Django, sangre de mi sangre es muy cercana al espíritu de Alias La Gringa, esa cinta de comienzos de los noventas que relataba la vida en la cárcel y la fuga de un hábil delicuente. Ambos protagonistas siguen la ruta para tener una nueva vida, pero deben volver al infierno. Aunque parezca predecible en general, la secuela de Django tiene varias sorpresas y picos de emoción puestos en el momento preciso.

3. Tiene actuaciones sólidas. Comenzando con el Django de Giovanni Ciccia, un actor de variados registros, que impone furia y gracia en la pantalla. También está muy bien Stephanie Orúe -como Magda, la chica  sexy y de armas tomar- y en especial Emanuel Soriano -como Montana, el hijo criminal de Django- quien ratifica con esta película lo que ya sabíamos quienes lo vemos regularmente en el teatro: hoy es uno de los mejores actores peruanos. Entre algunas referencias cinéfilas que tiene la película, Montana toma nombre y caracterización (aunque juvenil) del personaje de Al Pacino en Scarface.

El villano Don Freddy no le queda mal a Miyashiro, ya que parece hecho como un traje a su medida. En el tramo final, la película da varias vueltas y son menos creíbles las decisiones y estrategias de Django: parece que tomara el camino más dificil antes que uno simple. También la historia se atasca un poco para que Melania Urbina (La Chica Dinamita) y Tatiana Astengo (Tania, la esposa de Django) ganen más minutos en la pantalla.

Django es un buen personaje para hacer una saga de acción en el cine peruano. Nuevos problemas, otros crímenes, nuevos villanos. La historia tiene con qué continuar. 

Valoración: 4/5

¿Qué esperar?:  Una película de acción que pone la valla alta en el cine comercial peruano. Una película que conoce a su público y no lo subestima.

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