Crítica | It (Eso): dicen que soy un payaso

Más cerca del cine fantástico que del terror, esta nueva adaptación de la novela de Stephen King trata de exponer el miedo que está en el núcleo de la sociedad
Título original: It | Director: Andy Muschietti | Año: 2017 | Duración: 135 minutos. | Fuente: Warner Bros. Pictures

It (Eso) es una película sobre el miedo, pero que no da miedo. Excepto por la brutal secuencia inicial y quizá por la escena de las diapositivas, el resto de momentos en los que el payaso Pennywise persigue y ataca a los chicos carece de sorpresas y le sobran efectos, y están resueltos de una forma más cercana al género fantástico que al terror.  La manera en la que está filmada It está en la misma sintonía con películas como Super 8 y una serie como Stranger Things en las que también un grupo de amigos en la pubertad decide enfrentar a una criatura de otro mundo. Aunque en todas puede haber emoción, el miedo y el horror quedan anulados.

Lo que vemos es el fin de la infancia de un grupo de chicos que son víctimas de bulling y que son marginados. Ellos mismos se llaman Los perdedores, y  cargan con los males de los adultos, quienes ven en ellos a pequeñas representaciones de sus propios miedos, complejos y odios. It es una película sobre el miedo heredado, ancestral, que se encuentra en el núcleo mismo de la sociedad, y que hace girar la rueda de la historia.

La película cuenta cómo la desaparición del pequeño George hará que su hermano mayor Bill y sus amigos del colegio decidan buscarlo hasta en las alcantarillas,  pero es allí donde habita el payaso Pennywise, una criatura que luego averiguarán reaparece cada 27 años para matar y alimentarse del miedo que existe en el pueblo. Aunque filmada de manera convencional esta trama se sigue con relativo interés.

Pero en el fondo este es un estudio del origen del miedo, que nace en la niñez pero que al crecer uno se olvida de dónde vino. Los adultos tratan de que esos miedos no se vean y ponen sobre ellos una casa, un auto, un trabajo,  una vida cómoda y anodina. Es un tema muy complejo, pero en la película solo trasciende lo que aporta al espectáculo: sangre, acción, algo de humor. Queda en lo superficial. Por eso lo que a uno le provoca al final de la función es ir a buscar  la novela original de Stephen King en la que está basada la película. Uno siente que en lo mucho que no se cuenta al pasar del papel a la película hay algo muy importante que se perdió.

Lo mejor de It es cómo el director argentino Andy Muschietti acierta en las escenas en las que se refuerza la amistad, aparece el despertar sexual o una complicidad más madura en el grupo. Otro punto a favor es cómo los jóvenes actores encajan muy bien en sus personajes: el chico tartamudo que aprende a ser valiente, el que cree tener todas las enfermedades, el gordito del salón que también puede pelear.  Pero en especial destaca Sophia Lillis como Beverly Marsh, la única chica del grupo, una víctima de los abusos de su padre y de los rumores de la gente, la chica que teme convertirse en el tipo de mujer que todos creen que es.  

En la novela esta historia transcurre en los años cincuentas, pero en la película estamos en los ochentas, época ideal para una ambientación que además sirva de homenaje a estilos, bandas de rock y en especial a películas. Por eso tenemos a un grupo de adolescentes viviendo su propia Pesadilla en Elm Street. Aunque Freddy Krueger sí daba miedo. En cambio el terror que It debería tener, porque su propia historia lo pide, cede a una versión más apta para todos.

La película ha logrado gran taquilla en sus primeros días de estreno. Se espera que la segunda parte llegue en el 2019. | Fuente: Warnes Bros. Pictures
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