Crítica | 'Av. Larco, la película': ¿dónde está la armonía, dónde quedó la bulla?

La última película de Tondero reúne varias canciones clásicas del rock peruano pero en una historia con muchas falencias.
Título original: Av.Larco, La película | Director: Jorge Carmona | Año: 2017 | Duración: 110 minutos. | Fuente: Tondero

Av. Larco acumula una serie de malas decisiones que anulan las buenas intenciones que pudo tener la película. No son solo detalles en la pésima ambientación de los años ochentas o en las coreografías que no encajan para nada en las canciones interpretadas, sino que esas malas decisiones están en el centro de lo que se quiere contar. Es esta una película sobre una banda de rock, de chicos de clase alta, que quieren hacer música  a toda costa o quizá sobre cómo fue ser joven en una época de terror o  sobre la discriminación de clase social o condición sexual tan propia del país, o quizá solamente es una comedia musical ligera que por momentos se pone seria. En realidad es todo y nada a la vez, y esa intención abarcadora  le juega en contra a la película.  

En Av. Larco hay conflictos y relaciones que se resuelven en una escena, sin mayor desarrollo. Los personajes masculinos son planos, estereotipos que se describen en unas palabras -el líder, el chistoso, el celoso, el gay conflictuado-, mientras que las mujeres solo acompañan y no tienen ningún momento de protagonismo. A ellos se les une Pedro -un rockero de El Agustino interpretado por André Silva- que les muestra una Lima distinta, que los acerca a una realidad que no conocen o no quieren ver, y que es el único personaje que se mueve mientras avanza la historia.

Esta producción es una celebración del rock peruano pero mirando un arcoiris. Aquí el ritmo de la narración lo imponen las canciones -un repertorio que va de los años ochentas a fines de los noventas- y no la historia misma, cuando debería ser al revés. Entonces la película se siente como un largo videoclip -de versiones más edulcoradas, un sonido pop y con menos intensidad- al que le han insertado algunas secuencias de díalogo.  Es un guión mal organizado que pudo ser más sencillo y con eso ser más efectivo, pero la película tiene la intención de alzar la voz y tomar posición sobre algunos males de la sociedad peruana. Sin embargo lo hace desde la altura de quien cree saberlo todo por haber revisado Wikipedia.

 La película trata de corregir  un punto importante de la obra teatral que se estrenó en el 2015 con mucho éxito: es la presencia del terrorismo en la trama. El primer acto de la obra se centraba solo en el grupo de amigos, sus enamoramientos y sus ganas de sacar adelante la banda de rock. Y recién en el segundo acto aparecían los terroristas, los policias, y se hablabla más de los peligros de aquella época mientras los asuntos de la banda de rock perdían fuerza. Parecían dos obras distintas. Recuerdo que ese primer acto tenía una energía especial pero luego la inclusión del 'tema importante' se sentía forzada y le bajaba puntos a la obra. En la película este tema sí está planteado desde el arranque (con apagones y con el símbolo de la hoz y el martillo sobre un cerro). Pero como las canciones dominan la historia, la presencia del conflicto armado nunca llega a ser un sólido marco para la película, sino solo un tema más entre los otros.

Todo musical necesita que el público esté conectado con la idea de que las cosas importantes aquí se dicen cantando y bailando, pero ese mundo ideal tiene que también ser creíble y consecuente.  Y eso no sucede en varias de las escenas musicales de Av.Larco.  Sino miren el inicio de la película, cuando el elenco canta con Daniel F Al colegio no voy más. Mientras suena este himno del punk peruano uno esperaría que se resuelva, por ejemplo, con un gran pogo entre los alumnos del salón y  destrozando cuadernos y carpetas, pero lo que vemos es una coreografía de saltos y piruetas, o con pasos de hip hop, como si estuviéramos en El Gran Show. Y el mismo tipo de coreografía  se repite cuando suenan Av. Larco, La Universidad, entre otras canciones. La sensación que te deja ese comienzo es que toda la película será igual. Es decir, una serie de moldes, repetidos y que no rescatan el tono distinto de cada canción. Excepto por dos temas: Nostalgia Provinciana, de Los Mojarras, y Más Poder, de La Sarita.

La productora Tondero deja aquí otra vez su sello: películas con un buen acabado técnico pero todavía con falencias al contar la historia. El final es un golpe sentimental, que quiere conmover a la platea, pero resume de forma ejemplar como una serie de torpezas narrativas terminan banalizando la dura y compleja época de la guerra interna.  Es lo que pasaría si en una reunión de homenaje una persona con dos pies izquierdos ingresara a la pista de baile a hacer piruetas: se caería frente a todos y haría el ridículo. Eso sí, como pasa con Av. Larco, muchos se reirían.

En su primera semana en cartelera la película tuvo casi 280 mil espectadores. | Fuente: Tondero
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