Crítica | Logan: adiós, vaquero

Esta es la mejor de las películas de Wolverine, pero su oscuridad y su violencia no le alcanza para estar por encima de otras cintas de superhéroes.
Título original: Logan | Director: James Mangold | Año: 2017 | Duración: 135 minutos. | Fuente: 20th Century Fox

Luego de 17 años interpretando a Wolverine, el superhéroe de garras afiladas y miembro de los X-Men, el actor Hugh Jackman deja el personaje. Tiene por eso sentido que Logan esté planteada como una despedida y como un homenaje. Todo en esta película se siente como un punto final. Por eso hay diversas referencias a las aventuras de Wolverine en otras películas e incluso en los comics, pero desde el punto de vista de alguien que ya no puede volver a ser el mismo, que ya no cura sus heridas como antes, aunque sí  tenga fuerzas para una última pelea. Logan es la versión más salvaje y sangrienta del personaje, muy cercana a los comics y que el cine hasta ahora no había mostrado.

Logan se cuenta como un western: un viejo justiciero, alcohólico y retirado, decide asumir una última misión: salvar a Laura, una niña perseguida por unos peligrosos villanos. Pero Laura (llamada también X-23) no es una niña cualquiera, sino que es un ser diseñado en  un laboratorio, con las mismas garras y el poder de curación que Logan, para que sirva como un arma de guerra. Como western, Logan tiene una referencia directa. Esta es la película Shane, el desconocido (clásico de 1953), que se presenta como un anticipo de lo que veremos en esta historia: el héroe solitario dispuesto a sacrificarse.

Lo que mejor funciona en la película dirigida por James Mangold es la relación entre Charles Xavier, Logan y Laura, como una familia en un viaje de carretera. En especial Xavier y Logan, además de comportarse como padre e hijo, o maestro y alumno, son dos viejos cómplices atormentados por el paso del tiempo y por la culpa. El personaje de Xavier (interpretado de gran forma por Patrick Stewart) es aquí el más desconcertante. 

El escenario es apocalíptico para Logan y Charles Xavier, porque los mutantes ya casi no existen. El mundo que conocieron ya no es el mismo: son unos sobrevivientes y lo que prevalece en cambio son mutantes fabricados por una corporación. Es decir, lo auténtico se ha perdido. Y también se ha perdido la fe en las ficciones, en las historias de una familia de mutantes que en sus buenos tiempos podían salvar el planeta.

Lo que falla en Logan es que su sentido del western -o el de ser una historia distinta- se va perdiendo mientras avanza la película. Todo lo que se había planteado al inicio ya no está en el último tercio y más bien se parece a muchos momentos ya vistos en otras películas de los X-Men, momentos que se resuelven a los golpes (solo que esta vez con mucha sangre) y con música que suena superheróica.

No nos acercamos a un desenlace crepuscular sino a un conjunto de golpes de efecto violentos como sentimentales. Siento que para cerrar, Logan merecía otro tratamiento tanto en sus diálogos -por ejemplo, el acercamiento de Logan y Laura se resuelve en dos líneas- como en su puesta en escena. El director James Mangold prefiere la fórmula de las películas de acción antes que seguir acercándose al lado oscuro del viejo vaquero.

El personaje de Wolverine le dio fama mundial al australiano Hugh Jackman. Lo interpretó en tres películas en solitario, en cinco de los X-Men y y tuvo una breve aparición en X-Men: Primera Generación. | Fuente: 20th Century Fox
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