Willem Dafoe fue premiado como el Mejor Actor en el último Festival de Venecia y ahora va por el Oscar. Antes fue nominado tres veces como mejor actor de reparto. Nunca ganó. | Fuente: Diamond Films

El director Julian Schnabel, quien también es pintor, retrata a Vincent Van Gogh como un artista que no encajaba en el mundo. Como un hombre solitario y obsesionado con sus pinturas, pero  que no tenía un público que las comprara. Su arte no era valorado. La gente despreciaba su trabajo, pero eso era lo único que él sabía hacer. En esta película Van Gogh es un personaje en permanente aspiración de ser aceptado, de tener amigos, admiradores, respeto. La película muestra ese tránsito que a la vez podría ser el mismo camino de un artista talentoso de la actualidad. Poco parece haber cambiado para el artista que intenta ir por una corriente distinta de la dominante en su época.

Esa vida, casi en la miseria, por no tener un público que respalde su talento, hizo que Van Gogh entre en desesperación. El gran actor Willem Dafoe encarna a ese hombre quebrado y perdido, tratando de entender si acaso nació en la época equivocada.  Por su papel de Van Gogh, Dafoe ha sido nominado merecidamente para el Oscar a Mejor Actor.

El tratamiento visual de la película es en muchos pasajes como si estuviéramos en un cuadro de Vincent Van Gogh, con los colores azul y amarillo al extremo.  Hay dos miradas del director Julian Schnabel. Una es más analítica sobre el obra de Van Gogh, los pintores que admiraba, su técnica de sobrepintar para que el cuadro adquiera otra dimensión, su obsesión por captar la luz del sol.  La otra mirada tiene que ver con el perfil psicológico del artista.

El director quiere que miremos como Van Gogh veía, que comprendamos su frustración, que entendamos si en verdad estaba al borde de la locura. La cámara asume su punto de vista, desenfocado, invadido por una luz amarilla. Pero también el personaje habla de sí mismo y cuenta cómo se siente a su hermano Teo, a un médico y finalmente a un sacerdote (el actor danés Mads Mikkelsen). Esta conversación contiene todo el sentido de la película al exponer a Van Gogh como un hombre de fe, y mostrar lo que tienen en común para él la religión y la vocación artística: el sacrificio.

Aunque la amistad de Van Gogh con el pintor Paul Gauguin no esté tan bien resuelta o en algunos  momentos la historia se  vuelva muy didáctica, pues se quiere explicar sobre manera lo que las imágenes ya muestran por si solas, el director Julian Schnabel tiene grandes aciertos creativos y muy sutiles, por ejemplo para graficar cuando Van Gogh se corta la oreja, uno de los episodios más duros de la vida del artista.

Valoración: 3.5/5

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