Kirby and the Forgotten Land se estrenó el pasado 25 de marzo en exclusiva para Nintendo Switch. | Fuente: Nintendo
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Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

Pese a ser uno de los personajes más icónicos de Nintendo, yo prácticamente no he jugado ninguno de los títulos protagonizados por Kirby (y eso que superan la treintena). Mi única referencia es Kirby Fighters 2, un videojuego de peleas con un tufillo a Super Smash Bros. que analicé en el blog allá por el 2020 (pueden leer el review por aquí).

Pero -como siempre digo- nunca es tarde para unirse a la fiesta, así que aquí estamos: analizando Kirby and the Forgotten Land, la primera incursión de esta simpática bola rosada en el género de plataformas 3D. ¿Será un debut satisfactorio?, ¿estamos ante un imprescindible para los usuarios de Nintendo Switch? Sin más preámbulo, los invito a leer mi review.

Lo bueno

La gente de HAL Laboratory ha implementado un apartado jugable simple, pero sumamente satisfactorio. Kirby tiene movimientos ágiles y la habilidad de absorber todo tipo de objetos y lanzarlos hacia sus enemigos.

Pero no solo eso: también puede adoptar los poderes de ciertos enemigos, lo que cambia completamente el esquema jugable de Kirby and the Forgotten Land. Así, podemos ser un espadachín o un mosquetero; o también convertirnos en un erizo o en un taladro. Hay hasta doce tipos de poderes, que incluso podemos mejorar (si es que encontramos los planos necesarios y se los llevamos a un armero).

Estas habilidades especiales nos sirven tanto para eliminar a nuestros enemigos como para la resolución de puzles. Y hay muchos secretos que solo podremos descubrir si utilizamos una habilidad específica.

Por si no fuera suficiente, tenemos la habilidad de ‘transmorfosis’, que le permite a Kirby adoptar la forma de objetos más grandes, como un coche, un cono y hasta una máquina expendedora de gaseosas. Esto le otorga otra capa de profundidad a la jugabilidad, ya que las secciones en las que adoptamos estas formas cambian radicalmente. Por ejemplo, con el coche, podemos disputar competencias contrarreloj, mientras que el cono nos permite romper el suelo y acceder a zonas secretas.

La duración de Kirby and the Forgotten Land es más que aceptable: a mí particularmente me tomó unas 15 horas llegar a los créditos finales. El juego está dividido en seis zonas claramente diferenciadas; cada una, a su vez, tiene un puñado de misiones principales y su respectivo jefe de sección. Pero a la par se van desbloqueando misiones secundarias que nos plantean curiosos retos en la forma de minijuegos. Son desafíos opcionales, pero necesarios, para poder potenciar nuestras habilidades.

Estas misiones secundarias son extremadamente sencillas de completar, pero hay un reto mayúsculo detrás: conseguir el tiempo récord impuesto por los desarrolladores. Les soy sincero: pasé todas estas misiones, pero solo conseguí un tiempo récord, lo cual habla a las claras de lo complicado que es alcanzar la marca.

Sin destriparles nada, puedo contarles que, tras los créditos finales, podemos acceder a un mundo extra; mientras que siempre está reto de rejugar las misiones de campaña para completar todos los secretos y coleccionables; lo cual multiplica la duración de total de Kirby and the Forgotten Land.

Además, tenemos una suerte de campamento que va agrandándose a medida que avanzamos en la campaña y rescatamos a nuevos amigos Waddle Dees. Esto, además, permite desbloquear otros minijuegos y hasta una arena de lucha, en la que podemos volver a enfrentar a los bosses ya vencidos.

El apartado audiovisual es magnífico. El diseño de personajes, desde Kirby hasta los carismáticos Waddle Dees, es notable; mientras que los mundos tienen una estética preciosista y cargada de detalles. En la misma tónica, los efectos de sonido y la música transmiten mucho, completando un tándem sólido.

Finalmente, debo mencionar que tienes la posibilidad de jugar en cooperativo (solo de forma local, lamentablemente). Lo malo es que el segundo jugador no tiene todo el abanico de habilidades de Kirby, por lo que solo es una mera comparsa. Tal vez debí poner este párrafo en la siguiente sección del análisis, ¿no?

Lo malo

La historia de Kirby and the Forgotten Land es poco más que anecdótica: un día cualquiera aparece un vórtice en el mundo de Kirby, y todas las criaturas son absorbidas (irónico, ¿no?) a un mundo extraño. En este lugar, nuestro protagonista conoce a un extraño ser llamado Elfilin, y juntos deberán hacer frente a una amenaza desconocida.

No hay giros argumentales ni picos emocionales. Es solo una historia que sirve de pretexto para llevarnos a este mundo extraño y hacer frente a nuevos enemigos. Si nos ponemos exigentes, podríamos estar ante una oportunidad desperdiciada para profundizar más en la historia de este personaje, uno de los más populares de la gran N.

Me decepcionó un poco descubrir que Kirby and the Forgotten Land no un videojuego de mundo abierto. Todo lo contrario, tiene un formato bastante lineal, en el que los niveles se desbloquean a medida que los vamos completando: esto también se manifiesta dentro de los niveles, en los que debemos llegar de un punto A hasta un punto B por un camino definido (hay pequeñas bifurcaciones en el camino, pero son solo para acceder a los secretos y coleccionables).

Las peleas contra los bosses, salvo un par, me parecieron sumamente sencillas, y esto debido a que los jefes tienen sets de ataques repetitivos y poco innovadores. Una tarea pendiente para una eventual secuela o si Nintendo se anima a lanzar algún DLC.

En cada misión de campaña, hay cierta cantidad de Waddle Dees que debemos rescatar. Algunos están escondidos en secciones secretas y otros los obtenemos por pasar el nivel. Sin embargo, hay varios que solo se obtienen cumpliendo algunos parámetros secretos; como consumir cierto tipo de alimento, acceder a una zona específica del nivel o derribar alguna estructura puntual. Son desafíos simples, lo sé; la única manera de descubrir cuáles son es pasando la misión. Esto, particularmente, me pareció una forma artificial de incentivar la rejugabilidad.

Durante mis horas de juego, prácticamente no he sufrido glitches ni bugs. Sin embargo, sí he notado una falla técnica recurrente: los objetos que están en el fondo de la pantalla se mueven casi en cámara lenta, con un framerate bajísimo; como si la Nintendo Switch ya no pudiera mover todos los elementos en pantalla con soltura. Ojalá solo sea un tema de optimización que se solucione con un futuro parche.

Lo feo

La curva de dificultad de Kirby and the Forgotten Land es demasiado baja, casi inexistente. Todas las misiones, de campaña y secundarias, así como los enfrentamientos contra los bosses, no significan un reto mayúsculo, ni siquiera en el nivel de dificultad 'Salvaje', pomposo nombre que no refleja para nada el pobre reto que se nos plantea.

Sé que este nivel de dificultad permite hacer más accesible el producto, a fin de que pueda ser abordado por jugadores poco experimentados (como niños, tal vez). Sin embargo, creo que se pudo implementar un nivel adicional, que sea realmente desafiante.

Conclusión:

Disfruté muchísimo jugar Kirby and the Forgotten Land. Las misiones de campaña, pese a no ser desafiantes, son muy entretenidas, ingeniosas y variadas. Además, todo el juego destila calidad en su apartado audiovisual, con escenarios preciosistas y una música y efectos memorables. Además, la personalidad desbordante de Kirby es un plus a tener en cuenta en la ecuación. Sin duda, Kirby and the Forgotten Land es una alternativa a tener en cuenta para los poseedores de una Nintendo Switch.