Dragon Quest XI salió al mercado el año pasado en Japón, pero recién este 2018 se estrenó a nivel internacional. | Fuente: Square Enix

Mi camarada Alberto Pinto Zegarra comparte sus impresiones de Dragon Quest XI: Echoes of an Elusive Age, que llegó al mercado internacional el mes pasado (en Japón, se estrenó el año pasado). Basado en sus palabras, podemos asegurar que estamos ante un indispensable para los amantes de los JRPG. Sin más, los dejo con su análisis:

Si algo tienen en común los juegos del género RPG, es que todos cuentan una historia, algunos con mayor destreza que otros como sucede en las películas o los libros. Poder embarcarte en una aventura épica con personajes entrañables e inolvidables es uno de los mayores atractivos de este tipo de juegos. Pero no todo es historia, la jugabilidad es otro aspecto muy importante.

Cuando me enteré de que Dragon Quest XI sería lanzado en el mercado occidental, me generó mucha expectativa, dado que esta franquicia es considerada el padre del género JRPG, y aunque por esto lares no es tan conocido como Final Fantasy, en Japón es uno de los juegos más esperados cada vez que sale una nueva entrega.

A la fecha llevo unas 52 horas de juego y al paso que voy podría decir que llegaré a las 70 antes de terminarlo. Así que, considerando la magnitud de lo visto, estas son mis impresiones respecto a este juego.

Para empezar, el juego cumple con la premisa de todos los Dragon Quest pasados: la existencia de un héroe escogido cuyo destino es salvar el mundo y en su camino adquiere poder y aliados que lo acompañarán durante buen tramo de la historia.

En este apartado, si bien la historia comienza algo lenta, luego recupera el ritmo y te anima a seguir jugando para conocer más del protagonista y sus amigos. Los giros argumentales son inesperados y de calidad, pero evito entrar en detalles para no ‘spoilear’ la historia. También es importante notar que el juego te da cierta libertad de tomar tus propias decisiones, que luego afectan ligeramente el desarrollo de los eventos.

El juego destaca en su diseño de personajes. El trabajo de Akira Toriyama es excepcional. Se nota a simple vista que el mangaka ha participado en el diseño de cada uno de los personajes, tanto jugables como no jugables. Los protagonistas tienen su propio estilo y personalidad, pero he de ser franco: todo te recuerda un poco a Dragon Ball.

El renderizado de los personajes es también un punto fuerte del juego: los programadores han sabido adaptar el diseño estilo anime de los personajes al motor gráfico, pero a costo de exigirle bastante al procesador, pues al jugarlo en PlayStation 4 la consola activaba el sistema de ventilación con cierta regularidad.

La jugabilidad es el punto en el cual podrían surgir diversidad de opiniones. En mi caso, he jugado algunos RPG en Super Nintendo, por lo cual no encontré incómodo el combate por turnos. Otro detalle que mantiene el aspecto clásico es que, si bien tu personaje puede moverse por el escenario de batalla, el posicionamiento no influye en el alcance de los hechizos grupales: puede un personaje estar muy lejos del otro, pero aun así ambos reciben el daño.

Una evolución respecto a la fórmula básica es que los encuentros con enemigos son evitables, ya que estos están visibles en el escenario y, si no te acercas a ellos, no tendrás que enfrentarlos. Sin embargo, esto no es tan recomendable pues luego te puedes encontrar con un jefe de zona que será muy difícil de derrotar.

Cada personaje tiene su propio árbol de habilidades que permite una personalización estratégica del mismo: desarrollar las habilidades correctas te puede facilitar enormemente una batalla difícil.

Para finalizar, me planteo la pregunta: ¿Dragon Quest XI es una joya del género? En definitiva, lo es, tanto para los fans de la saga como para aquellos que se animen a darle una oportunidad a este juego.

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