Genial regalo de mi madre, que acompañé a comprar a la tienda.
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Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

La época navideña me pone de muy buen humor. Debe ser la única festividad que celebro sin reparos. Guardo buenos recuerdos de estas épocas, y no pocos tienen relación con los videojuegos, como no podía ser de otro modo.

Aprovechando que la Navidad está cerca, les comparto tres pequeñas historias personales. Ya hace unos años les conté cuando me compraron mi Super Nintendo (prometo buscar ese post, que se perdió con el rediseño del blog), pero estas historias son distintas y también significativas.

“Mamá, quiero U.N. Squadron

Esto me pasó a fines de 1993 o 1994. Mi mamá quería comprarme un buen regalo para premiar mis buenas notas en el colegio (era ‘chancón’, lo admito) y un día me consultó sobre mis preferencias. “Mamá, quiero U.N. Squadron”, le dije. El videojuego de Capcom era uno de mis favoritos de Super Nintendo, y lo quería en mi colección. Mi madre, no muy curtida en la movida gamer, me miró con recelo y, luego, dijo: “Ok, veremos”. Esa frase no me dio mucha confianza.

Así pasaron varios días, hasta que una tarde mi mamá me abordó. “Fer, vamos a la tienda y escoges el juego ese”, me dijo. Sonreí. Mi sabia madre prefirió ir a lo seguro y comprar lo que en verdad quería. Lo curioso fue que ella me dijo que el regalo me lo daría recién en Navidad y hasta me pidió fingir sorpresa.

Le hice caso. Y la noche de Navidad la pasé jugando U.N. Squadron.

Mi primer PlayStation

Fines de 1997. La PlayStation ya había destronado a la Super Nintendo en mis preferencias, pero aún no la tenía. Estaba muy cara, y mis propinas no llegaban a cubrir ni la mitad del precio. Mi papá me recomendó vender la Super Nintendo “que ni la prendes”. Y lo hice.

Lo que me dieron por la vieja consola sumado a mis propinas aún estaba lejos de lo necesario para comprar la ansiada PlayStation. Pero ahí entró a tallar mi papá, quien me dijo que por Navidad me iba a dar la diferencia. Y así pasó. Días antes de Navidad fuimos a comprar la consola, y pasé mis vacaciones jugando.

Fue un gran detalle de mi padre, ya que eran épocas de vacas flacas en casa y el dinero no sobraba.

El intercambio de regalos

No soy muy afecto a participar de los intercambios de regalos, porque no siempre recibes lo que quieres. Pero un año, hace muchos, fui casi obligado a participar por parte de mis amigos del ICPNA, que querían cerrar el 2002 haciendo una actividad para fomentar la confraternidad entre todos.

No pedí un videojuego, ya que era muy caro (el monto máximo era de 50 soles). Recuerdo haber pedido un libro de Mario Vargas Llosa o una camiseta alusiva a mi banda favorita, Iron Maiden. Sin embargo, el día del intercambio recibí un videojuego original de PlayStation 2. Y no cualquier videojuego: ¡Era Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty!

La autora de tamaño regalo fue mi profesora, quien participó en el intercambio y se tomó el trabajo de preguntar entre mis amigos por mis gustos. Fue un detallazo que no esperaba y que me encantó sobremanera.

Sé que Navidad no es sinónimo de regalos, pero si tienes la oportunidad de sorprender a alguien, hazlo. Estos detalles muchas veces traen recuerdos que nos acompañarán por años.

¡Feliz Navidad, gamers!