Super Mario 64 llegó al mercado en 23 junio de 1996. Fue uno de los títulos de lanzamiento de la Nintendo 64. | Fuente: Nintendo
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Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

En 1996, la PlayStation había desbancado a la Super Nintendo en las preferencias de la mayoría. En los ‘vicios’ de Lima, las consolas de Sony monopolizaban los televisores. Yo -nintendero de corazón- resistí por meses, no quería cambiar de equipo; pero finalmente sucumbí a la realidad: los mejores videojuegos de la época estaban en la ‘pley’.

Por ello, el arribo de la Nintendo 64 no me impactó sobremanera. Ya era fanático de la competencia. Amigos me hablaron del gran Super Mario 64, el primer juego de Mario en 3D. Pero eso ya no me sorprendía, ya que en los últimos meses había probado decenas de títulos en ese formato, ‘gracias’ -hay que admitirlo- a la piratería.

Sirva esta introducción para que entiendan por qué nunca antes jugué Super Mario 64. Los años pasaron, me convertí en periodista y analista de videojuegos, pero seguía con esta deuda pendiente, una de las tantas que tengo con este maravilloso hobby. Hasta este 2020.

Felizmente, este año Nintendo decidió reeditar el clásico Super Mario 64 como parte de la colección Super Mario 3D All-Stars, lanzada el mes pasado para celebrar el 35 aniversario de la franquicia. Así que esta fue la oportunidad que estaba esperando para saldar mi deuda, veinticuatro años después.

Y acá les cuentos mis impresiones.

Me sorprendieron los apartados gráfico y artístico que, pese a las limitaciones de la época, sobresalían nítidamente, ofreciéndonos mundos variados, coloridos, con una personalidad distintiva. Y la música, magistral; acaso uno de los pilares sobre los que descansa el legado de este videojuego.

Si bien la trama aborda el sempiterno ciclo de rescatar a la Princesa Peach de las garras de Bowser; me gustó que la historia se desarrolle ahora dentro de un solo castillo, al que podemos recorrer con libertad a fin de acceder a los distintos mundos del videojuego. De igual modo, me pareció bastante interesante el cambio de enfoque jugable (respecto a los Super Mario de Super Nintendo), con mundos abiertos que podemos recorrer con libertad recolectando estrellas.

Lamentablemente, Super Mario 64 ha envejecido mal en dos aspectos que considero fundamentales en un videojuego 3D: el control de personaje y la cámara. Este tándem es esencial para poder disfrutar un título de estas características, y yo particularmente terminé frustrado en estos apartados.

Controlar a Mario es intuitivo y hasta satisfactorio cuando la cámara está detrás de él. Los problemas comienzan cuando debemos enfrentar las plataformas con la cámara ubicada en otra posición, ya que las direccionales del personaje no están bien perfiladas, provocando que nuestros saltos no sean precisos. Así, podemos terminar cayendo al vacío con facilidad.

Lo mismo ocurre con las fases acuáticas, en las que virar adecuadamente para coger algún ítem es casi una moneda al aire. Esas mismas sensaciones me transmitieron las fases en las que podía usar la gorra alada: tener precisión en el aire es, tal como en el agua, un acto de fe.

Hay otros casos más frustrantes, como tener que saltar entre tubos, ya que el control no es intuitivo, obligándonos a tener el personaje perfilado hacia la dirección que queremos saltar, porque, de lo contrario, haremos un salto a cualquier parte.

Pese a todas estas dificultades, conseguí las 70 estrellas necesarias para desbloquear la batalla final contra Bowser, que, para más inri, viene a ser el mismo enfrentamiento que ya repetimos dos veces durante la campaña, pero con unas ligeras variaciones. Me quedó pendiente completar las 120 estrellas, pero francamente no sé si lo consiga ya que el reto es mayúsculo; no por el nivel de dificultad del juego, sino por el desafío que significa controlar a Mario y a la cámara.

No quiero que se malinterprete. No quiero quitarle un ápice al legado de Super Mario 64 en la historia de Nintendo y de la propia industria de los videojuegos. Este título ha servido de inspiración a toda una generación de desarrolladores y es piedra angular de la franquicia en adelante. Sin este videojuego, no existirían genialidades como Super Mario Galaxy o Super Mario Odyssey, por poner un par de ejemplos.

Sin embargo, sí creo que los 24 años de antigüedad se sienten en demasía, especialmente porque el desarrollo de videojuegos ha avanzado muchísimo para pulir los apartados antes mencionados. Podríamos decir que Super Mario 64 marcó la ruta, y los demás videojuegos la recorrieron.

Terminar el juego me dejó dos sensaciones muy marcadas. Por un lado, la tranquilidad de haber saldado esta cuenta pendiente. Pero, por otro, lamento que Nintendo no haya apostado por hacer un remake hecho y derecho de Super Mario 64. De pensar en lo genial que hubiera sido revisitar el castillo de Peach con una cámara y un control adecuados; y con unos gráficos de actual generación...