Sekiro: Shadows Die Twice salió el pasado 22 de marzo para PlayStation 4, Xbox One y PC. | Fuente: Activision

El estreno de Sekiro: Shadows Die Twice puso nuevamente sobre el tapete la sempiterna polémica sobre la dificultad de los videojuegos, atizada esta semana por el columnista Dave Thier, de Forbes, quien no tuvo reparos en pedir un ‘Easy Mode’ para el juego de Hidetaka Miyazaki.

“La ausencia de una selección de dificultad significa que solo algunos jugadores con tiempo, velocidad de reacción y falta de problemas físicos podrán ver al jefe final en algún lugar que no sea Twitch. Esto es un problema”, escribió en su controversial artículo.

Las palabras de Thier desataron la controversia en las redes sociales y en los foros de internet. No faltaron las ofensas y el columnista fue tildado de “manco”. De hecho, otro redactor de Forbes, Erik Kain, se dio el trabajo de redactar un artículo dedicado a su colega titulado No, Sekiro: Shadows Die Twice Absolutely Does Not Need An Easy Mode (No, Sekiro Die Twice no necesita un modo fácil).

“La ironía es que el juego está configurado por defecto en el modo fácil. Tú puedes activar el modo difícil de forma parcial durante el juego. Para los realmente masoquistas. Es una opción, es su elección”, le respondió a Thier, alimentando la hoguera encendida por su colega.

Eso sí, estoy más que seguro que muchos se solidarizan con Thier (ya deben haber vendido su copia de Sekiro aduciendo que “no es mi tipo de juego”), pero evitan dar su opinión en público por temor a ser fustigados y tildados de “mancos”. Están ahí, lo sé.

Sin embargo, un ‘Easy Mode’ para Sekiro: Shadows Die Twice es -en mi opinión- un reclamo sin asidero, no porque considere que el juego no es difícil sino porque este fue diseñado así por su director, quien -pese a ser parte del circuito comercial- plasma su inconfundible sello de autor en todas sus obras.

Sekiro es difícil, y quien diga lo contrario, está mintiendo o, peor aún, ni lo ha probado y habla desde la ignorancia. Sin embargo, la dificultad de este juego, así como la de los anteriores títulos de Miyazaki, está medida y cada reto se presenta como un obstáculo harto complicado, pero superable.

Sí, morirás cien veces. Pero a la ciento uno superarás el reto, y sentirás que todo ha valido la pena.

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