El juego más representativo de Visceral Games es Dead Space, uno de los mejores survival horror de la década pasada. | Fuente: EA

Los videojuegos son un negocio. Si no vendes, no sirves. Todo está en base a los números que genere tu producto. Por ello, así duela, no debería sorprendernos el cierre de Visceral Games.

Le guardo cierto cariño a este estudio: fue quien trajo de regreso mi fe en los survival horror, con Dead Space, y quien me hizo releer La Divina comedia tras jugar su incomprendido Dante's Inferno. Pero su contribución a la industria puede ser contada con los dedos.

Siendo fríos, Visceral Games ya no era lo que fue. La llama de Dead Space se había apagado hace mucho, y su más reciente proyecto fue el peor Battlefield de la historia. Para colmo, según EA, el nuevo videojuego de la saga Star Wars -a cargo de los californianos- no colmó las expectativas y el proyecto se tuvo que replantear.

Tal vez la decisión de EA fue radical, ya que Visceral Games se había ganado cierto nombre en la industria. Yo hubiera reestructurado el estudio pero no lo hubiera desaparecido (si ingresan a la web de la desarrolladora ahora te lleva a la página de EA). Pero sus motivos tendrá, y todos son económicos.

Me incomoda sí ver las redes sociales plagadas de mensajes de rechazo a EA por ser “los malos”, cuando no entienden que todo es un tema comercial. ¿Cuántos de los que se quejan del cierre de Visceral Games compraron un juego original de este estudio como para levantar los tridentes y prender antorchas?

Los videojuegos son un negocio cada vez menos rentable, un negocio que cada vez más apuesta a lo seguro. Un negocio golpeado por youtubers que critican sin haber jugado, por indignados que tienen su PC llena de juegos piratas, por fanáticos que esperan que el juego llegue a los anaqueles de ‘segunda mano’.

Que el cierre de Visceral Games sirva para que reflexionemos nuestro rol de usuario final.

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