A la caza de un asesino de salamandras silencioso para evitar “extinción catastrófica”

En algún momento alrededor de 2008, un misterioso hongo empezó a matar la salamandra común de Holanda. Tres años después, el 96 % de ellas estaban muertas. Ahora, se teme su llegada a Estados Unidos.

Una salamandra común (Salamandra salamandra). | Fuente: Wikimedia Commons | Fotógrafo: Christian Jansky

(Mongabay Latam / Benji Jones). Es como buscar una aguja en un pajar —excepto que la aguja es invisible y el pajar se extiende por miles de millas—. Oh, y puede que en realidad no haya ninguna aguja.

Esa es la caza del hongo que mata salamandras, Batrachochytrium salamandrivorans, en los Estados Unidos. Sus esporas esféricas, las cuales se alimentan de la piel de las salamandras, son demasiado pequeñas para ser vistas sin un microscopio. Y podrían estar en cualquier esquina del país; mientras que los brotes conocidos del agente patógeno permanecen aislados en Europa, la investigación indica que el llamado Bsal se está propagando a través del comercio internacional de mascotas.

La mayoría de los investigadores del Bsal creen que es solo cuestión de tiempo hasta que el agente patógeno emergente invada América del Norte. Y dicen que, cuando llegue, minimizar el impacto en las salamandras de los EE.UU. dependerá de la detección temprana. Cuanto más perdure el agente patógeno, más se propagará y más especies serán infectadas y, como resultado, en última instancia, morirán.

Y así los científicos han salido a buscar en masa. Cientos de regiones han sido examinadas. Miles de salamandras han sido analizadas en busca de la infección. Ahora incluso la sociedad está involucrada. Pero, ¿son suficientes estos esfuerzos para encontrar el agente patógeno antes de que se ponga en marcha una extinción catastrófica?

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Un hongo familiar

La amenaza del Bsal es un doloroso déjà vu para los biólogos de anfibios, que durante décadas han estado luchando contra su pariente más cercano, el Bd (también conocido como hongo quítrido), el cual está implicado en el declive o extinción de unas 200 especies de ranas.

El Bd prefiere las ranas, mientras que el Bsal prefiere las salamandras, pero ambos hongos producen la misma enfermedad brutal llamada quitridiomicosis. Cuando las esporas de ambas especies se adhieren a un anfibio susceptible, los cuales se cuentan en cientos, cosechan sus células cutáneas para producir una llamada célula madre que genera incluso más esporas.

Esto es una pesadilla para estos animales, los cuales, como es bien sabido, usan su piel para absorber agua y, en algunos casos, respirar.

Esta rana muerta encontrada en Panamá tiene lesiones características provocadas por el Bd en su parte inferior. | Fuente: Wikimedia Commons | Fotógrafo: Brian Gratwicke

“Burdamente, verás cómo estas úlceras se creen en la piel”, dice Matt Gray, ecologista de la Universidad de Tennessee, que ha estado estudiando el género Batrachochytrium durante años. “Parece que alguien haya cogido la colilla de un cigarro y quemado el animal. En última instancia, provoca la enfermedad y la muerte”.

Cuando el Bd fue descubierto en 1998, ya se estaba convirtiendo en una pandemia que infectaba a arroyos y estanques desde América del Sur hasta Australia y, por supuesto, a los animales que vivían en ellos. Ahora los científicos temen que el Bsal esté siguiendo el mismo camino —esta vez a costa de lo que podrían ser cientos de especies de salamandras.

Los científicos creen que el Bsal es originario de Asia, donde viven en una armonía relativa con los anfibios locales que probablemente han evolucionado conjuntamente con el agente patógeno durante el milenio. Pero en algún momento a principios de este siglo, el Bsal según parece viajó a los Holanda a través del comercio de mascotas. Allí, escapó al entorno silvestre, donde prosperó. En cuestión de años, el Bsal ha arrasado con casi el 96 % de la población nativa del país de la salamandra común.

Una salamandra común (Salamandra salamandra) cubierta de pequeñas ulceraciones mortales del Bsal. Los científicos creen que el agente patógeno casi ha arrasado con la salamandra común en los Holanda. | Fotógrafo: F. Pasmans

Los científicos dicen que es solo cuestión de tiempo antes de que el hongo realice el mismo recorrido a los EE.UU., hogar del mayor número de especies de salamandras del mundo, más de la mitad de las cuales podrían ser susceptibles a la infección del Bsal, según el estudio sin publicar de Gray. Dicen que, ni siguiera una restricción impuesta recientemente en el comercio de mascotas — una prohibición en la importación de 201 especies que los científicos creen que son susceptibles — lo puede parar.

“Realmente parece ser una cuestión de tiempo”, dice Priya Nanjappa, la excoordinadora nacional de la organización sin ánimo de lucroa Socios en la Conservación de Anfibios y Reptiles (PARC, por sus siglas en inglés), uno de los dos grupos sin ánimo de lucro que abordan la amenaza del Bsal en los EE.UU.

Como otros expertos en anfibios, Nanjappa está preocupada. Pero señala una un importante lado positivo; los científicos, probablemente por primera vez, conocen con antelación la incipiente amenaza. Saben que el Bsal viene de camino, saben qué buscar y, gracias a décadas de investigación en el Bd, tienen una buena idea de cómo se propagará. Así que, en vez de esperar a que el brote les coja por sorpresa, pueden buscar el hongo y atacar cuando lo encuentren.

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La trayectoria de un agente patógeno

No importa cuánto tiempo tengas, encontrar el Bsal no es fácil. Las salamandras pueden ser difíciles de ver en una excursión, pero están increíblemente extendidas, escondidas bajo troncos, en el barro y el agua en Nueva York, California y todos los estados en medio. Luego está el agente patógeno. Hay docenas de puertos a lo largo de la costa a los cuales llegan anfibios importados y miles de tiendas de mascotas. ¿Por dónde empezar?

Por todo lo que no sabemos, hay mucho que sí sabemos: la distribución de las especies de salamandra, la ubicación de las tiendas de mascotas, la cantidad de anfibios vivos importados en los diferentes puertos. Sabemos incluso las temperaturas a las que el Bsal puede prosperar (entre 15 y 20 grados centígrados, o entre 59 y 68 grados Fahrenheit). Con datos, puedes construir modelos, puedes adivinar dónde es más probable que el Bsal sea introducido. 

Un tritón del este (Notophthalmus viridescens) contempla un hisopo durante su revisión del Bsal. | Fuente: Comisión de Recursos de la Fauna Silvestre de Carolina del Norte

En el 2016, los investigadores del Servicio Geológico de los EE.UU. (USGS, por sus siglas en inglés) hicieron exactamente eso. Utilizaron la información geográfica sobre el comercio de mascotas, las salamandras y el agente para construir una serie de mapas de calor que muestran dónde es más probable que el Bsal entre en los EE.UU. y dónde es más probable que las salamandras sufran los declives más dramáticos.

Los píxeles de rojo oscuro estaban concentrados en Florida, el Sur de California y Nueva York, los epicentros del comercio de mascotas. Sus mapas también muestran tonos oscuros en las montañas Apalaches y el Noroeste del Pacífico, donde la diversidad de especies es mayor.

Consideraron que cuando llegue el Bsal, ahí es donde es más probable que aparezca. Ahora solo tienen que salir a buscarlo.

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Una perspectiva incierta

Muchos científicos se preguntan si la actual labor de búsqueda es adecuada. El alcance de la zona en la cual el Bsal podría emerger es sencillamente demasiado extenso, dicen, y simplemente, no hay suficientes ojos sobre el terreno, u ojos sobre el terreno que sean plenamente perceptivos a los efectos del Bsal.

“A diferencia de lo que sucede en la salud humana, donde tenemos todos estos hospitales que prestan atención a cualquier cosa nueva, la posibilidad de coger el primer brote del Bsal es casi nula”, dice Katie Richgels, bióloga del USGS y autora principal del estudio del mapa de calor.

Gray está de acuerdo: “La probabilidad de que alguien lo vea, de cuenta de ello y confirme que es el Bsal […] es una inmensa secuencia de acontecimientos, así que la posibilidad de que sea introducido [y sea] detectado es baja. Para cuando nos demos cuenta de que está aquí, es probable que ya lleve un rato en el sistema”.

Se toma una muestra de una salamandra verde en busca del Bsal. El proceso es poco invasivo y los sujetos, generalmente, son puestos en libertad sin ningún daño. | Fuente: Comisión de Recursos de la Fauna Silvestre de Carolina del Norte

Incluso si, por azar, encontramos el agente patógeno cuando llegue, dice Richgels, aun así es poco probable que seamos capaces de parar un brote. Como ella y otros científicos señalan, no hay una cura ni tratamiento para una población afectada. “En mi honesta opinión, si llega aquí, se propagará y veremos pérdidas catastróficas de, al menos, un par de especies”, dice Richgels.

Esto plantea una importante pregunta: ¿Merece la pena una vigilancia con muchos recursos si los científicos no pueden parar la propagación del Bsal cuando llegue?

Sin duda, dice Grear. Mientras que la propagación del Bsal no puede ser frustrada en su totalidad, sí que puede ser ralentizada, dice Grear, a través del vertido de antifúngicos en un estanque o poner en cuarentena los hábitats infectados. Estos métodos dan más tiempo a los científicos: tiempo para aprender más sobre la enfermedad; tiempo, quizás, para desarrollar una cura. Pero solo son efectivos si sabes dónde usarlos.

Un investigador toma una muestra de un tritón del este joven (Notophthalmus viridescens), el cual está en su etapa de desarrollo terrestre y de color rojo brillante. | Fuente: Comisión de Recursos de la Vida Silvestre de Carolina del Norte

Identificar al agente patógeno también da a los científicos una mejor oportunidad para salvar las especies en mayor peligro, dice Grear. Por ejemplo, con los mapas de calor del USGS los científicos pueden predecir la ruta más probable para el Bsal cuando aterrice en tierra estadounidense. Si especies de salamandra en peligro de extinción se encuentran en su camino, los investigadores pueden ponerlas en cautividad antes de que llegue el agente patógeno.

Esta maniobra sería extrema, dice Grear, pero resalta lo que hace la amenaza del Bsal tan única entre las enfermedades de la fauna silvestre: días, meses e incluso años antes de que llegue el agente patógeno, los científicos están calculando diferentes estrategias de respuesta que están fundamentadas en estudios en profundidad.

“Con el Bd, la comunidad científica estaba midiendo el impacto a toro pasado, evaluaba cuánto daño estaba provocando mientras se propagaba”, dice Grear. “Aquí estamos obteniendo datos de referencia para que los grupos multiinstitucionales estén mejor preparados para tomar medidas. Eso es único y positivo en el mundo de las enfermedades de la fauna silvestre”.

Es precisamente esta preparación lo que da a muchos científicos la esperanza de que las salamandras no se enfrenten a la misma suerte que las ranas y los murciélagos (los cuales se están enfrentando a su propia plaga fungosa).

“Estamos más alerta de lo que nunca hemos estado para cualquier otro problema anterior de la fauna silvestre”, dice Olson. “Tengo esperanza”.

Una versión ampliada de este reportaje fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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