La dura vida de las comunidades machiguengas en el Manu

El Manu, una de las joyas de la Amazonía, es el hogar milenario de comunidades machiguengas que luchan por una vida mejor, algo que explora este impresionante ensayo fotográfico
Elías Machipango nunca ha salido del Manu. Es uno de los líderes de Cacaotal y todas las personas lo visitan para conversar, pedir consejo o tan solo tomarse un masato. Así como todos aquí, tiene gran puntería: mató un mono de un flechazo en el corazón. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Thomas J. Müller.

(Mongabay Latam / Fotos: Thomas J. Müller; texto: Jack Lo Lau). Cuando escuchamos hablar del Parque Nacional del Manu, nos imaginamos el mundo ideal. Árboles inmensos con cientos de años, ríos sin contaminación y animales libres, como monos brincando sobre los árboles o decenas de caimanes descansando a un lado de los ríos. Una fantasía que en la vida real se cumple a medias en esta área natural protegida creada en 1973 y administrada por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas del Perú (Sernanp), debido a la situación de las comunidades indígenas machiguengas que viven en esta joya de la Amazonía.

“En el Manu no tenemos mucha intervención. Pero somos conscientes de que podríamos apoyar un poco más, junto con Sernanp que es el que administra el parque, para la atención de esta población. No podemos separar a la gente de la conservación, ya que esta debe ser de provecho para ellos”, dijo Lorena Prieto, Directora de la Dirección de los Pueblos en Situación de Aislamiento y Contacto Inicial del Ministerio de Cultura.

En el interior del Manu viven dos comunidades machiguengas: Tayakome y Yomibato, llamadas en contacto inicial o aislamiento por el Ministerio de Cultura del Perú. “El drama es que esta área natural protegida se creó sin consulta alguna a los pueblos machiguengas que viven allí desde hace miles de años, y hasta ahora no existe ningún plan para buscarles una mejor calidad de vida siempre respetando su cultura y costumbres”, contó para Mongabay Latam, Julio Cusurichi, Premio Goldman 2007 y Presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), ente encargado de velar por los pueblos nativos en Madre de Dios.

Tania Chimpiriri no sabe su edad. Llegó muy chica de las cabeceras para ser la segunda mujer de Julián. No tiene celos y cada una tiene su propia cocina. Todo el día tienen la leña prendida y preparada para cuando tenga que cocinar. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Thomas J. Müller

“Necesitamos ayuda, somos peruanos también. No podemos hacer mucho. Solo cazar y pescar. Cada vez hay menos comida, porque cada vez hay más gente y los animales se van. ¿Cómo podemos ganar dinero? No tenemos alternativas para tener plata”, dijo Martín Mambiro, Presidente de Cacaotal, anexo de Yomibato.

Si llegar es complicado, la vida lo es aún más en uno de los rincones más biodiversos del planeta. Los machiguengas del Manu no tienen mayores ingresos económicos. No pueden cazar para vender o trabajar la madera que está tirada a los lados de los ríos. No tienen la posibilidad de acceder a una educación de calidad. Como comprenderán, son pocos los profesores que se quieren quedar desconectados en un lugar donde solo llega el teléfono satelital. En temas de salud, el 70 % de los niños menores de 5 años tienen desnutrición. Y tres de cada diez personas, tienen anemia. 

Ingresar al Parque Nacional del Manu es un privilegio. Un honor conocer la milenaria y rica cultura machiguenga, y estar en contacto con una naturaleza tan prístina. Un lugar biodiverso que se contrapone con una difícil realidad donde los resfriados y la deshidratación a causa de las diarreas pueden ser mortales.

 Una versión ampliada de este ensayo fotográfico fue publicado en Mongabay Latam. Puedes leerlo aquí.

Elías Machipango se dio cuenta que los animales ya no venían a Yomibato y decidió moverse con toda su familia. Se fueron unos kilómetros más abajo y fundaron Cacaotal. Este mono choro lo cazó a un par de horas de su casa. Después de eso, lo despellejó y lo puso al fuego. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Thomas J. Müller.
Su población. La cifra oficial que maneja el Ministerio de Salud, Cultura y Ambiente, es de 190 habitantes. Cuando preguntas en Yomibato, te dicen que solo en el colegio hay 150, y en toda la comunidad por lo menos 400. ¿Cómo nos ponemos de acuerdo? | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Thomas J. Müller
Ella es Gloria. No sabe su edad ni su fecha de nacimiento, así como todas las personas que viven en las cabeceras. Tampoco tiene apellido. Cuando la conocimos tenía un poco menos de dos meses viviendo ahí. Llegó junto a su pareja Lucio y la otra esposa Charo. Gloria tiene un hijo. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Thomas J. Müller
Todas las familias tienen sus cultivos de yuca. La base de su alimentación. La sancochan y la combinan con pescado o mono, cuando encuentran. En tan solo la primera mitad de 2017, hubo dos epidemias de gripe, que invadió a estas comunidades. Según la Dirección de Salud de Madre de Dios, han fallecido dos niños. Según los profesores del colegio, son cinco. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Thomas J. Müller
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