El lento paso de las tortugas gigantes de Galápagos hacia la recuperación

En noviembre pasado se censó por primera vez en toda su área de distribución a los ejemplares que habitan en la isla San Cristóbal.
A 400 de las tortugas gigantes de la isla San Cristóbal que fueron censadas en noviembre del año pasado se les tomaron muestras de sangre. Mediante análisis de laboratorio se espera determinar si desde la perspectiva genética la población se encuentra saludable. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Parque Nacional Galápagos.

(Mongabay Latam / Daniela Mejía). No son solo leyendas isleñas. Durante el siglo XVIII, piratas europeos soltaron sus anclas en las Galápagos tras obtener sus ansiados botines atracando las costas que integraban sus rutas de navegación.  Huían, no querían ser encontrados, entonces allí se refugiaban. En ese archipiélago despoblado, aún escondido. Y allí, anclados a la orilla, incidieron en la futura extinción de la más emblemática e icónica de las especies de estas islas.

No son solo leyendas isleñas porque documentación e investigaciones dan cuenta de que aquellos personajes existieron y se dice —aunque esto sí sea más leyenda— que hasta podrían haber dejado sus propios tesoros soterrados en el que es uno de los tesoros de Ecuador: su región insular, Patrimonio Natural de la Humanidad desde 1978 y Reserva de Biosfera desde 1985. El libro “Piratas en Galápagos (1680-1720)”, del ecuatoriano Sebastián Donoso lo postula. En su obra, Donoso relata cómo ante las dificultades para conseguir comida, las tortugas terrestres y las marinas, así como las iguanas y lobos marinos, se convirtieron en las presas del hambre de los piratas.

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Y lo que ellos podían considerar un acto anodino propulsado por su instinto de supervivencia, dejó su huella en la historia de la disminución de la población de las tortugas gigantes de Galápagos. Se trata  de los herbívoros principales y dominantes de la cadena trófica de sus ecosistemas y que a nivel morfológico se pueden distinguir así: las tortugas tipo montura, cuyo caparazón se asemeja a una silla de montar;  y las tipo cúpula, que son más grandes que las tipo montura,  más redondas y más exitosas en su anidación poniendo en promedio entre 14 y 16 huevos por nidada a diferencia de las tortugas tipo montura, cuyas nidadas son de entre cinco y seis.

Estas características las describió Washington Tapia,  el director de la Iniciativa para la Restauración de las Tortugas Gigantes (Giant Tortoise Restoration Initiative – GTRI) que empezó en 2014 y ejecutan la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) y la ONG estadounidense Galapagos Conservancy.  Esta iniciativa vio su génesis en un taller que organizaron ambas instituciones en 2012 para juntar a los investigadores que trabajaban con tortugas con el objetivo de elaborar una estrategia que incluyera las necesarias acciones de manejo y de  investigación de las poblaciones de tortugas gigantes para los próximos 15 años.

Los tres centros de crianza de Galápagos tienen condiciones muy similares a las que las tortugas encuentran en estado natural para facilitar su adaptación. Allí se las alimenta varias veces al día y se las mantiene en corrales. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Parque Nacional Galápagos.

De acuerdo con Tapia, en el pasado el archipiélago albergó entre  200,000 y  300.000 tortugas. “Una gran cantidad de estas fueron sacadas por piratas, balleneros, como fuente de carne fresca en aquella época y justamente las especies tipo montura [las cuatro ya extintas son de esta variedad morfológica] fueron las más afectadas porque viven en áreas cercanas a la orilla. Dado su tamaño más pequeño que las cúpulas, seguramente eran más fáciles de transportar, entonces eso redujo muchísimo la población”, indicó a Mongabay Latam.

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Por su parte, Danny Rueda, Director de Ecosistemas del Parque Nacional Galápagos (PNG),  comentó que los bucaneros y piratas se llevaban a las tortugas en sus viajes como carne fresca. “La tortuga podía ir en el barco cinco meses, seis meses, sin agua, sin comida y ellos obviamente la utilizaban como alimento, lo que no podían hacer con ganado u otro tipo de animal porque debes  suministrarle agua y comida”.

Para dimensionar y graficar el problema que causaron estas acciones del hombre, Washington Tapia recordó que en el caso de territorios como el de Española –donde habita la especie Chelonoidis hoodensis– hay registros que evidencian que “por lo menos 5000 tortugas fueron sacadas, al punto de que cuando empezaron los trabajos de conservación, a inicios de los 60, quedaban solamente 14 individuos en toda la isla. Algo parecido pasó en Pinta. Algo parecido pasó en Pinzón y en Santa Fe”.

Ante esas críticas circunstancias, no todas esas poblaciones pudieron restablecerse. La depredación humana terminó por extinguir a cuatro de las especies de tortugas gigantes que habitaron en Galápagos: la de Floreana (Chelonoidis elephantopus),  la de Fernandina (Chelonoidis phantastica), la de Santa Fe (Chelonoidis sp) y la de Pinta (Chelonoidis abingdoni).

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Por este motivo actualmente quedan 11 de las primigenias 15 especies que habitaron distribuidas en el archipiélago. Previo a la implementación de la GTRI se pensaba que existieron solo 14, por eso Tapia resalta la descripción de una nueva tortuga gigante como uno de los resultados e hitos de la iniciativa.

“La especie que se describió a finales del 2015 fue la Chelonoidis donfaustoi, la tortuga del Este de Santa Cruz. Hasta antes de este trabajo solo se pensaba que había una especie en Santa Cruz, la Chelonoidis porteri. A partir del 2015, con la descripción de la Chelonoidis donfaustoi tenemos que hablar de las tortugas del este de Santa Cruz, que es la nueva especie; y las tortugas del oeste de Santa Cruz que es la especie que conocíamos en el pasado”, aclaró Tapia.

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La población de tortugas de la isla San Cristóbal fue censada por primera vez en toda su área de vida a fines del año pasado. El grupo de 70 participantes de la actividad se dividió en bloques o cuadrillas de 14 personas para rastrear y registrar a los ejemplares. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Parque Nacional Galápagos.
Durante la expedición en San Cristóbal, procedimientos como el pesaje de los ejemplares permitieron concluir que la de esa isla es una población de tortugas gigantes creciente y en buen estado. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Parque Nacional Galápagos.
De los casi 7000 ejemplares contabilizados, un alto porcentaje fue de juveniles y hembras, lo que indica que es un población que está en franco crecimiento. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Parque Nacional Galápagos.
Plantas introducidas como otoy y porotillo son la alimentación de las tortugas en los tres centros de crianza en cautiverio que operan en Galápagos. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Parque Nacional Galápagos.
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