¿Quién salvará el lugar más hermoso de la Tierra de la destrucción?

El cercenamiento de aletas de tiburón, la sobrepesca y la indiferencia de las autoridades han puesto en peligro uno de los grandes arrecifes del mundo.
El Gran Agujero Azul, patrimonio de la Humanidad. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Cortesía de USGS

(Mongabay Latam / Justin Catanoso).-Les Kaufman me dejo claro la paradoja que es el Atolón del Arrecife Lighthouse, una agrupación de cinco islas a unas 50 millas de la costa de Belice en las aguas azul esmeralda del Caribe.

“El Arrecife Lighthouse es la mayor oportunidad pérdida en el Atlántico tropical para una conservación significativa de un paraje marino”, me dijo Kaufman. El biólogo marino de la Universidad de Boston ha estado estudiando el remoto arrecife de coral beliceño desde 1996. “Es un lugar de narcotraficantes, pescadores desesperados y pescadores furtivos de aletas de tiburón. Ahí afuera es como el Lejano Oeste”. 

También es una maravilla.

Por segundo año consecutivo, estuve pasando un tiempo en el atolón, buceando con tubo tanto en aguas profundas como poco profundas. Sus islas —parte del sistema de arrecife Mesoamericano, el segundo más grande del mundo— abarcan 26 millas de norte a sur. Y en el corazón del atolón está el Agujero Azul, una espectacular caverna de un azul oscuro, envuelta en coral y un tanque de tiburones que hizo famoso el oceanógrafo francés Jacques Cousteau.

“El Arrecife Lighthouse es un activo global para entender la interacción entre la acción climática y los impactos de la población humana del lugar”, explicó Kaufman. “Es una especie de observatorio climático regional. Estás lo bastante alejado de la costa donde los impactos humanos están suficientemente reducidos y tienes una buena oportunidad para recuperar la comunidad de coral [de periódicos episodios de blanqueamiento provocados por el cambio climático] y volverse bastante exuberante”.

Miles Silman examina una porción estresada del Arrecife Lighthouse. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Justin Catanoso

Cada vez que buceaba con tubo obtenía un entendimiento más profundo de las percepciones de Kaufman y vi con mis propios ojos que este arrecife, vitalmente importante, está en peligro.

Algunos impactos pueden ser controlados más fácilmente que otros, como la sobrepesca, el cercenamiento de aletas de tiburón y el daño creado por una reglamentación y ejecución de pesca insuficiente y la indiferencia gubernamental. Algunos no se pueden, como el intenso proceso de blanqueamiento que estaba teniendo lugar cuando estuve allí —el resultado de El Niño más fuerte registrado y del calentamiento global— el tercer mayor proceso de blanqueamiento global desde 1998. El blanqueamiento está matando inexorablemente los arrecifes del mundo y se teme que muchos no sobrevivan el siglo o incluso la marca del medio siglo.

La magia del arrecife

Los arrecifes de coral a menudo se les denomina las selvas tropicales del mar. Proporcionan refugio, alimento y protección a un 25 por ciento de toda la vida acuática. Proporcionan un hábitat más tranquilo que el mar abierto y así sirven como unas zonas de criaderos vitales. Además son una fuente de alimento para una amplia gama de especies marinas.

Aun así el daño acumulado deja a mucha de la vida submarina en una lucha por sobrevivir. El efecto domino en la cadena alimenticia desde el alimento del pescado hasta el pescado que alimenta al mundo va hacia el desastre.

El Gran Agujero Azul, Patrimonio de la Humanidad, se ha abierto recientemente a la pesca ilimitada de tiburones con licencia por parte del gobierno beliceño. Pesca de tiburones. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Marine Photobank / Jennifer Sharp

“Aquí la presión pesquera es intensa”, me dijo Ann Marie McNeil. Una expatriada jamaiquina que ha sido la profesora de submarinismo Arrecife Lighthouse durante la última década. “Las zonas de agregación de desove han sido destruidas”.

Mis fuentes me dicen que la explicación es simple: la sobrepesca más cerca de tierra firme envía a los pescadores cada vez más mar adentro, próximos al Arrecife Lighthouse. Sin nadie que vigile, cogen primero los peces más comerciales, incluso si son demasiado pequeños. McNeill se estremece cuando me cuenta que los pescadores están empezando a coger peces loro –comedores de algas que son cruciales para la salud de los arrecifes de coral–. Dice que, al haber cada vez menos de los peces comestibles comunes como el mero y el pargo, otros peces de tamaño mediano se convierten en objetivo.

Aun así, a pesar del daño y la pérdida, en algunos de los buceos con tubo que he realizado me he encontrado con una belleza incomparable.

Coral cerebro de un brillante color dorado, cada uno del tamaño de un sofá. Esponjas blandas con multitudes de ramificaciones que ondulan de manera surrealista en la corriente marina como candelabros líquidos. Calamares que cambiaban fantásticamente de color mientras nadaba detrás de ellos. Y una variedad de peces pequeños multicolor arremolinándose —lábridos de cabeza azul, roncos condenados, peces mariposa de cuatro ojos— que se mantienen cerca del arrecife por protección y alimento.

Coral hoja de lechuga. Su rápido crecimiento desde de episodios de blanqueamiento ha hecho al arrecife más resistente al daño. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Justin Catanoso

Mira, pensé mientras me deslizaba bajo el agua, hay un tímido pez ardilla que nada velozmente, anaranjado y quizás mirándome con sus ojos sobredimensionados. Esa reina pez ballesta con sus ribetes verdes y azules ¡debería ser llamada una pez drag queen! Bancos de peces cirujanos azules que se mueven apretándose unos contra otros mientras nadan, como su propia mini corriente de chorro. Y si escuchas con atención, puedes oír a los peces loro, con sus lunares blancos y su vientre negro y rojizo, que mastican en el arrecife mientras comen.

“Los arrecifes de coral son, probablemente, los mayores concursos de belleza de la vida animal en el mundo”, me dijo Carl Safina, el legendario conservacionista marino y autor. “No hay ningún otro sitio donde puedas ver animales que a esa densidad de tan descontrolada diversidad que se fundan completamente en una escena de diseño divertido y llena de color”.

Colorear fuera de las líneas

Sin embargo, este marzo, estuve más afectado por lo que no vi en el Arrecife Lighthouse.

Por ejemplo, tiburones.

Vi muchos hace un año en marzo 2015, que planeaban por debajo de mí, delineados contra el cobalto profundo del Agujero Azul, y también en otros arrecifes.

¿Este año? Encontré un tiburón nodriza o dos. Vi dos tiburones de arrecife a una distancia considerable. Pero ninguno durante la hora que pasé en el Agujero Azul. Ninguno en las aguas frente a Cayo Largo en el sur del atolón. Ninguno alrededor de Cayo Norte. Más tarde, me enteré que unos 500 tiburones habían sido capturados por pescadores extranjeros con licencia y les habían cortado las aletas hacia solo unas semanas.

Arrecifes Lighthouse. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Jennifer Sharp/Marine Photobank

El coral también estaba en peligro. El floreciente coral cuero de ciervo y el coral cuerno de alce, las majestuosas especies ramificadas de corales que son cruciales para unos sistemas de arrecife saludables han desaparecido en un solo año. Vi muchas ramas muertas esparcidas por la arena. Vi montañas de coral de mar pudriéndose. Y vi un trozo fantasmal de coral blanqueado en las aguas occidentales poco profundas del Cayo Half Moon, un Área Marina Protegida. Muchos corales estaban tan cubiertos con algas carnosas y con tan pocos peces que mi corazón se hundió.

Hemos llegado a esperar este tipo de degradación en inmensas franjas de la Gran Barrera de Coral en Australia y por todo el Pacífico, donde el calentamiento del océano, El Niño y el blanqueamiento están resultando ser una combinación mortal. Pero no en estas aguas beliceñas más frías en el hemisferio occidental. Al menos de momento. Pero parece que el 2016 va a cambiar la situación.

Al final de cada día, mientras los submarinistas y los practicantes de buceo con tubo se relajaban en el albergue ecológico en Cayo Largo, compartía un ron con coca cola con mi colega de la Universidad Wake Forest, Miles Silman, un ecologista tropical que ha llevado a sus estudiantes de biología al Atolón de Arrecife Lighthouse durante los últimos seis años como parte de una clase de conservación del coral.

“Está claro que las cosas se están moviendo en la dirección equivocada”, me dijo Silman. “Creía que este era un lugar que se mantendría al menos estable. Está tan alejado [de la costa]. Solo hay 70 familias que pescan de manera regular en esta zona. Hay una gran Zona Marina Protegida [El Cayo Half Moon]".

“Pero ahora te encuentras con que las familias están transgrediendo las líneas. De hecho, los guatemaltecos vienen con licencias gubernamentales. No se llevan unos pocos peces. Se llevan cientos de tiburones con redes de enmalle ilegales y palangres. Se llevan cualquier cosa que puedan vender. Y nadie está mirando”.

Es probable que las aletas de los tiburones capturados acaben en Asia, y especialmente en China, donde un plato de sopa de aleta de tiburón puede costar, fácilmente, 100 dólares —un plato que las clases altas, las familias ricas sirven en las bodas y otras celebraciones—".

Cuando Silman empezó a bucear en el Arrecife Lighthouse en 2011, la hierba marina estaba repleta de caracolas vivas. Cientos de caracolas cada pocos pies, me dijo. Solo cinco años después, tenemos suerte si vemos una o dos caracolas vivas. Han sido pescadas hasta su extinción para ser usadas en la preparación del cebiche, las caracolas fritas y otros aperitivos deliciosos. Básicamente, los meros han desparecido, sus zonas de desove están completamente agotadas por la sobrepesca. Parece que la humanidad está comiendo rápidamente la biodiversidad de Belice.

A medida que se ponía el sol, Silman se volvía más melancólico: “Este es un arrecife verdaderamente importante que está colgando de un hilo y estamos haciendo todo lo que podemos para acabar con él. Las redes de enmalle que cogen tiburones. Más beliceños que pescan más peces”.

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Una sección aún sana del arrecife en el Agujero Azul. | Fuente: Mongabay | Fotógrafo: Justin Catanoso
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