Esta es la fauna que habita en lo más profundo de la Amazonía colombiana

En lo más profundo del bosque de Amazonas, 60 cámaras trampa captaron la rica fauna del Parque Río Puré: tigrillos, tapires, osos hormigueros y más.

Es la primera vez que la impresionante fauna del Parque Nacional Natural (PNN) Río Puré es registrada e inventariada. | Fuente: Parques Nacionales Naturales de Colombia | Fotógrafo: Conservación Internacional y Amazon Conservation Team

(Mongabay Latam / Antonio José Paz Cardona). Cada día la Amazonía colombiana se enfrenta a más amenazas que la ponen en riesgo: los monocultivos, la ganadería, los cultivos ilícitos, la minería, el acaparamiento de tierras, entre otros. Aun así, los ecosistemas de este pulmón del mundo resisten. En el departamento del Amazonas, el Parque Nacional Natural (PNN) Río Puré alberga un impresionante ecosistema que por primera vez puede ser contemplado y que, hasta hoy, nunca había sido inventariado.

Sesenta cámaras trampa estuvieron instaladas entre marzo y junio del año pasado en el sector de Puerto Franco, en el oriente de la planicie amazónica colombiana, en frontera con Brasil. Las cámaras registraron al menos unas 30 especies de fauna, como el tigrillo (Leopardus tigrinus), el tapir o danta (Tapirus terrestres), el oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla), el venado (Mazama americana), el zorro (Atelocynus microtis), el paujil (Mitu tuberosum), el tatabro (Tayassu pecari), el saíno (Pecari tajacu), el mono cariblanco (Cebus albifrons), el aguilucho negro (Buteo albonotatus), el tayra (Eira barbara), el armadillo (Priodontes maximus), el tintín (Myoprocta pratti) y la guagua (Cuniculus paca).

La Amazonía por descubrir y resguardar

Los primeros resultados de este estudio, realizado por Parques Nacionales, Amazon Conservation Team (ACT) y Conservación Internacional, se conocieron hace poco, después de que los investigadores se tomaron varios meses para revisar 4000 registros fotográficos y de video. Germán Mejía, biólogo de ACT, le cuenta a Mongabay Latam que el propósito inicial es tener un inventario de la fauna que habita en esta zona. Por ahora, gracias a estas cámaras trampa que son la fase inicial del proyecto, se conoce apenas el 0,6 % del total del PNN Río Puré, un área protegida de casi un millón de hectáreas ubicada en lo más profundo de la Amazonía colombiana.

El experto destaca como uno de los logros más importantes haber detectado cuatro especies de paujil, un ave muy apetecida –según él– por los indígenas. “Que tengamos por ahora cuatro tipos de paujiles significa que el bosque está proporcionando mucho alimento. Uno de los que hallamos es el nocturno (Nothocrax urumutum), que tiene un canto específico que solo se escucha en la noche”, dice Mejía.

Resalta, además, que identificaron tres especies de ave panguana (Crypturellus undulatus). “Como esta ave suele poner los huevos en el piso, los perros o las vacas se los comen, como ocurre usualmente en las zonas con intervención humana. Con los registros de las cámaras trampa quedó comprobado que allí, en esa parte de la Amazonía, eso no ocurre porque hay mucha conservación”, agrega.

Por su parte, Alexander Alfonso Segura, jefe del Parque Río Puré desde hace más de ocho años, subraya que, aunque antes se habían realizado trabajos con fauna, en esta investigación se usaron herramientas de última tecnología que comprobaron que en la planicie amazónica hay procesos biológicos y ecológicos importantes. Su satisfacción no es para menos. A los investigadores les preocupaba el estado de los animales que habitan en esta parte primitiva del territorio, que ha estado asediada desde hace años, entre otros, por la minería ilegal y la extracción de madera principalmente de Brasil. Solamente el año pasado, según Germán Mejía, un estudio de Amazon Conservation Team en compañía de otras organizaciones, comprobó los altos niveles de contaminación por mercurio. Mientras la concentración normal es de una parte por millón (1ppm), los peces de los ríos Caquetá y Puré pueden superar las 15 ppm.

Y es que las dragas y balsas brasileñas, en estos dos ríos, intentan constantemente ingresar al área protegida colombiana para extraer oro y otros minerales. Los únicos que hacen frente a este problema diariamente son tres funcionarios de Parques Nacionales que vigilan desde el puesto de control de Puerto Franco ─tal vez el más alejado de todo el país y que fue creado hace tres años por la entidad─. Son ellos los que, sin armas, han logrado ejercer autoridad en este territorio. A Alexander Alfonso le reconforta saber que el trabajo ha valido la pena y que los bosques siguen guardando su esencia, pese a que la minería ilegal intenta acabarlos.

“La planicie amazónica baja está en un buen estado de conservación. Aquí no hablamos de tala, ni de monocultivos, ni de ganadería, como ocurre en el departamento del Guaviare. Debajo de este tapete verde pasan cosas, pero no es tan grave como en el piedemonte. Sin embargo, necesitamos un referente de lo que tenemos y ser conscientes de lo que hay para cuidarlo”, dice.

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Un estudio complicado

Instalar las cámaras trampa en esta zona de la Amazonía por primera vez fue un desafío. Los investigadores debieron salir de Bogotá hacia Leticia, la capital de Amazonas, para luego volar hasta el corregimiento de Pedrera y, de allí, aventurarse a salir en una lancha que los llevó hasta Puerto Franco, una zona a la que solo se puede llegar después de pasar cuatro días de viaje continuo por los ríos, de gastar unos 700 galones de gasolina y de hacer casi el 90 % del recorrido por territorio brasileño.

“Esto implicó varios esfuerzos de los investigadores, quienes requerían de un buen estado físico para poder ingresar a la selva, ubicar los sitios seleccionados e instalar cada cámara teniendo en cuenta que debían estar a 1,4 kilómetros de distancia entre ellas. Primero se colocaron 30 y luego de un mes, se retiraron y se instalaron las otras 30 en puntos distintos”, cuenta Germán Mejía.

El experto deja claro que los aparatos no se localizaron en zonas con presencia de los pueblos indígenas en aislamiento que habitan dentro del Parque, como los Yurí y los Passé. Sin embargo, esta investigación arrojó varias pistas —según él— sobre cuál es probablemente su alimentación, que estaría basada en animales como los micos, los armadillos, los saínos y las dantas.

Aunque el reciente informe del Ideam, que alerta que el 75 % de la deforestación del país se encuentra en la Amazonía, para Germán y Alexander estas imágenes de 30 especies distintas de mamíferos, reptiles y aves paseando por esta espesa vegetación les da una esperanza y una razón para seguir trabajando en pro de la conservación de los ecosistemas.

El sueño de Alexander Alfonso es que el Parque Río Puré se convierta en un referente de investigación, que los ojos del mundo se vuelquen a esta zona para protegerla y que las mafias ilegales se den cuenta de que los funcionarios que cuidan esta área protegida no están solos y que existe una comunidad científica pendiente de que estos ecosistemas se conserven. Su objetivo es que el tapete verde espeso de la Amazonía nunca mengüe su color y que continúe siendo el refugio de los pueblos en aislamiento y de cientos de especies de flora y fauna que solo allí tienen un hogar.

La versión completa de este reportaje fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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