Atardecer con luna llena sobre la reserva de Tambopata. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

Hace unas semanas se me presentó la oportunidad de grabar el viaje de unos voluntarios estadounidenses. Nunca antes había ido a la “selva” propiamente dicha, así que era una oportunidad que no podía dejar de pasar.

Luego de largas horas en bus, empezamos el viaje a la zona de amortiguamiento de la reserva, durante el viaje en bote, pudimos observar muchas tortugas taricaya, hoy en estado de amenaza debido a la caza ilegal, y sobre todo por el uso de sus huevos entre la gente local por creencias antiguas.

Río Tambopata, por momentos llegaba al menos a 200 metros de ancho. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

El calor es intenso, y la humedad es un tema aparte, hay que ir bien preparado, mucho repelente para mosquitos y bloqueador solar son algo que no podemos olvidar de llevar, aparte de ropas ligeras y gorro o sombrero, nos adentramos por más de 2 horas río arriba para llegar a nuestro alojamiento, el centro de investigación “Sachavaca”.

Guacamayos rojos sobrevolando el río Tambopata. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Mariposas Heliconius y mariposas cola de golondrina lamiendo los minerales de las lágrimas de las tortugas taricaya. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

Esperaba ver jaguares, pero no los pude ver lamentablemente, sin embargo, el espectáculo se lo llevaron las mariposas, quienes se posaban sobre las cabezas de las tortugas taricaya a lamer y absorber los minerales que se solidifican de las lágrimas de las mismas, una cosa increíble.

También pude ver muchas otras aves en el río como garzas, cormoranes, etc.

Garcita blanca. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Garza cocoi. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Tortuga taricaya bebé. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
El roedor más grande del planeta, el capibara. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

Luego del largo trayecto en bote, llegamos al lodge, desde donde empezaríamos aventuras diarias.

La primera fue la visita a la laguna Tres Chimbadas, que es en realidad como todas estas lagunas, codos del río que se separaron del río principal y quedaron como pequeñas “cochas”, cada una con su propio ecosistema y belleza peculiares.

Paseos en catamarán para poder observar la belleza de la laguna. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
El Xhanxho, ave de la selva, su nombre se lo gana por su muy fuerte y desagradable olor. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

Otra actividad interesante es salir de noche a ver insectos y reptiles. Si la selva parece tener mucha vida de día, definitivamente de noche se duplica la actividad dentro de ella, siempre acompañados de nuestro guía local, experto en enseñarnos la megadiversidad que tenemos y de manera segura.

A pesar de ser noche de luna llena y estar la mayoría ocultos por la luz de luna, pudimos atrapar, y luego soltar un lindo y amenazante caimán juvenil. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Mariposa nocturna. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Variedad de hongos en la humedad de la selva. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
La luna llena nos acompañó dando un toque más de magia a nuestra aventura. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

Otra de las cosas increíbles de la selva de Tambopata, es la cantidad de mariposas que vemos, de todos los tamaños, colores y formas, es un espectáculo aparte verlas juntarse en lugares donde hay minerales, llenando de colores el lugar menos esperado.

Arañas, saltamontes, escarabajos, grillos, todos en armonía con la naturaleza, aún viva y bulliciosa por estos lares.

Una bella mariposa. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Insecto mimetizado. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Araña con un saltamomentes que posiblemente no se mimetizó bien. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Escarabajos y la magia de la vida. | Fotógrafo: Diego Nishiyama
Hormigas corta hojas. | Fotógrafo: Diego Nishiyama

Realmente quedé maravillado con las autopistas que construyen las hormigas corta hojas, si encuentran el árbol con las hojas que les gusta, pueden recorrer cientos de metros por la selva en busca de ella, dejando un camino limpio, ordenado y muy recorrido de miles de hormigas transportando sus preciadas hojas, las cuales almacenan en sus hormigueros, donde se pudren y les crecen hongos, hongos de los cuales las hormigas se alimentan, increíble.

Definitivamente debo de volver a la selva y dedicarme a hacer solamente fotos me faltó mucho por registrar y que seguro en un futuro y si la Pachamamita quiere, podré regresar a retratar en mayor profundidad. La selva tiene mucho que ofrecer.

Cuidemos la selva, la minería ilegal le está quitando vida y envenenando todo a su paso. Mano dura, consciencia, amor por lo nuestro.

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Por: Diego Nishiyama

Crecí entre cámaras, rollos, químicos y cuartos oscuros. Tomé fotos desde pequeño, caminante y fotógrafo incansable. Me gusta la naturaleza y me preocupa el mundo que le estamos dejando a las próximas generaciones.